Hablamos con algunos exponentes nacionales de esta dinámica de exploración urbana que está cobrando auge en todo el mundo

Las exploraciones que varios usuarios de TikTok realizaron recientemente en las presuntas casas deshabitadas de Luis Miguel y Cantinflas se volvieron virales y pusieron en boca de todos el urbex, actividad que consiste en aventurarse en sitios abandonados o alejados de los asentamientos urbanos.

Está dinámica, que implica varios riesgos, tiene miles de adeptos a nivel mundial que comparten sus descubrimientos a través de redes sociales. Y ante este auge, MILENIO decidió hablar con algunas personas que realizan urbex en México.

Explorar el abandono

Hace 15 años, cuando la exploración urbana todavía no se volvía una tendencia, a Luis Mori le nació la curiosidad por entrar a casas abandonadas, por ejemplo, El Partenón del Negro Durazo. Esto con el fin de sentir "adrenalina, pues no sabes con qué te vas a encontrar: desde un tesoro, un indigente, un maleante, un evento paranormal o brujería"

Tras varios años entrando y saliendo de sitios como una secundaria abandonada en Tecámac y la Posada del sol ubicada en la colonia Doctores, en 2017 el explorador de 45 años decidió formalizar su labor creando contenido inspirado en los youtubers europeos BlueOffense y Kibara.

"La convivencia entre los exploradores es buena mientras no haya competencia por jalar más subscriptores, ya que cuando comienza la competencia se tensa la relación, pues todos quieren tener las mejores locaciones y presentarlas como exclusivas. Ahí es cuando se distancian los exploradores, pues se esconden las locaciones y se busca que los demás no sepan lo que uno hizo", señala Luis sobre la situación actual de la comunidad urbex mexicana.

Una opinión similar tiene Eliot Barrera, explorador de 30 años que comenzó a adentrarse en parajes solitarios desde el 2010. Él señala que ver esta actividad como competencia genera "toxicidad", pues "unos se creen dueños de las locaciones y muchos no saben cuidar los lugares".

 Y es que el enfoque de Barrera con el urbex es a favor de la preservación y difusión.

"Dar a conocer estos hermosos lugares de arquitectura antigua que representan una perdida para la economía. Los lugares para mí son... como la kenopsia: ese sentimiento de nostalgia a ver un lugar así (abandonado), la curiosidad de saber si ese cuarto era la cocina o la sala de alguien. Así como demostrar que existen los fenómenos paranormales", señala.

Entre lo paranormal y la policía

El urbex, señalan sus exponentes, se ha diversificado en dos ramas: el enfocado en aspectos urbanos y el que busca lo paranormal.

Con el segundo aspecto, Nibel Valdez, explorador de 31 años originario de San Luis Potosí, tiene una anécdota: "En Aguascalientes fui un cementerio a investigar con 3 amigas... El lugar que ya no existe, lo demolieron por cuestiones paranormales".

"Cuando llegamos, entré primero para hacer scouting. Entonces entró una chava de aproximadamente 25 años con un niño en brazos, iba toda vestida de negro. En cuanto me vio, se sorprendió y se retiró del lugar corriendo. Dicen que en ese lugar hacían rituales con niños y animales", cuenta.

Daniela Compeán, quien junto a su pareja, Miguel Fonseca, realiza exploraciones en la Ciudad de México bajo el nombre de Chilangos y chidos, también ha tenido experiencias extrañas relacionadas con brujería y rituales. Aunque lo que más ha padecido es a la policía.

"Cuando fuimos a La Ola (parque acuático abandonado en Chapultepec) y estábamos huyendo de los polis, nos topamos con unos chicos que nos dijeron que esos mismos polis les acababan de quitar su dinero y celulares. Desgraciadamente sí es muy frecuente ver en los grupos (de redes sociales) que los policías les piden dinero para dejarlos ir", revela.

"Piensan que vamos a robar algo o hacer un acto vandálico o delictivo. Entendemos que hacen su trabajo, pero aún así es difícil que nos tomen como lo que somos: gente que documente lugares abandonados y, en mi caso, embrujados", agrega Eliot.

Seguridad y consejos

"Utilizo guantes de seguridad, lampara o reflector, cuerdas para rapel, llevo una navaja, en algunas ocasiones coderas o rodilleras por si hay que saltar, cubrebocas y hasta un salvavidas por si hay que adentrase al agua", enumera Nibel sobre las medidas de seguridad que toma para ir a explorar.

Daniela y su pareja, más allá de pensar en las dificultades del recinto, piensan primero en la posibilidad de encontrarse con algún maleante: "Lo que nosotros hacemos es siempre llevar una navaja para defendernos en caso de que alguien nos quiera asaltar o algo así, además de que al momento de ingresar a algún lugar siempre buscamos rutas para escapar en caso de necesitarlo".

Por su parte, Luis realiza una investigación previa: "Por las plataformas de internet conseguimos datos básicos para poder acceder. Con esa información armamos una investigación complementaria, hasta de Google maps, para conocer la zona".

Y es que hacer urbex significa considerar las situaciones más desafortunadas. Por eso Eliot recomienda a los principiantes en esta actividad que "tengan en mente que no pueden arriesgarse tanto por un video; que su vida vale mas que el contenido y siempre lleven por lo menos una persona que pueda ayudarles a estar alerta".

Pero ante los riesgos, los exploradores afirman que estos 'viajes en el tiempo' provocan sensaciones adictivas: "Rodeados de vida, de voces, de sonidos urbanos, los lugares abandonados en el corazón de nuestras urbes remedan cajas de silencio y de decadente tranquilidad. Irónicamente, la paz más absoluta se ha apoderado de ellos y el apaciguamiento experimentado en sus ambienten recrea en nuestra imaginación la falsa eternidad de aquellas cosas que parecen quedar al margen del tiempo", concluye Nibel.