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Según un nuevo estudio, hay tres momentos críticos en que los que el trago podría afectar la salud del cerebro y hacerlo más propenso a desarrollar demencia y otros trastornos de la memoria

Una investigación del King’s College de Londres y la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Australia, concluyó que hay tres momentos del ciclo vital en que el alcohol sería más perjudicial para el cerebro: durante la gestación, de los 15 a los 19 años y después de los 65. En esos periodos se presentan cambios dinámicos en este órgano y de ahí su particular sensibilidad a las lesiones ocasionadas por este tipo de bebidas.

Todo comienza en el vientre materno, un momento crítico del desarrollo, cuando el alto consumo de licor puede causar en el feto un menor volumen cerebral y posteriores problemas de memoria y cognición. Aun si la madre toma de manera moderada, expone al bebé a padecer los peores problemas psicológicos y de comportamiento. A muchos les puede sonar improbable que una mujer embarazada no suspenda el trago, pero, según cifras aportadas por la investigación, 10 por ciento de ellas en todo el mundo siguen bebiendo.

En cuanto a los años tardíos de la adolescencia, en los cuales la tendencia al alto consumo es cada vez más preocupante, el estudio reportó también que esas borracheras de fin de semana pueden desencadenar pérdida del volumen cerebral y pobre producción de materia blanca, la cual es vital en el funcionamiento eficiente del cerebro. No en vano, una reconocida cervecera que opera en Colombia se involucró en una campaña para prevenirlo en este grupo de población ahora que se acercan las fiestas de fin de año.

Por su parte, los mayores de 65 años seguro lo pensarán dos veces antes de empinar el codo en estas celebraciones navideñas y de Año Nuevo al saber que esa copita está asociada con todos los tipos de demencia y con un pequeño pero significativo achicamiento del cerebro en los lóbulos frontales. Tony Rao, del King’s College y uno de los autores de la investigación, explicó que esa reducción puede conducir a cambios en la personalidad, pérdida del juicio y del control sobre las habilidades indispensables en la vida cotidiana. Rao y sus colegas señalan que si bien los desórdenes por alcohol son raros en estas personas, es cierto que muchas de ellas toman poco o con mesura, lo cual, de todas maneras, se ha identificado como posible causante de tales trastornos.

En fin, los médicos llaman la atención de esta población en el sentido de que los tragos constituyen uno de los factores de riesgo de enajenación mental con mayores posibilidades de ser modificados, en tanto que otros, como el tabaquismo o la hipertensión, son más difíciles de combatir. Los estudiosos califican la situación como alarmante, si se tiene en cuenta que, por ejemplo, ahora las mujeres casi beben a la par con los hombres, por lo cual están tan expuestas como ellos a sus secuelas menos deseables.

Así mismo, la afición a las cervezas y licores está aumentando entre los mayores, lo mismo que en países de ingreso medio, como Colombia. En la próxima década, advierten también, el uso del alcohol se incrementará y aunque todavía no son claros los efectos de la pandemia de la covid-19 sobre este hábito, recuerdan que la gente se ha sentido más atraída por los efectos del aguardiente, el brandy o el whisky luego de otras grandes crisis de salud pública.