A pesar de su aspecto inofensivo, son capaces, en algunas personas, de provocar el consumo descontrolado e inevitable. Dejarlas provoca abstinencia y saber cómo hacerlo es fundamental

No, por una vez no nos referimos al café. La gran mayor parte de los estudios científicos llevados a cabo sobre los efectos del desayuno más típico en los últimos 10 años parecen indicar que no tiene sino beneficios. Es cierto que, en determinadas personas (como aquellas que padecen una hernia de hiato) puede empeorar los síntomas de su patología pero, en el resto de casos, es beneficiosa para luchar o prevenir multitud de enfermedades como el párkinson o el alzhéimer e, incluso, el envejecimiento. Pero no es la misma historia con las bebidas energéticas.

Puede ser que su ingrediente estrella, la cafeína, sea también el mismo del café, pero sus otros añadidos no sacados directamente de una planta, sino añadidos artificialmente han provocado dudas con respecto a su seguridad. La lista de ingredientes y sustancias populares en estas bebidas energéticas no es corta: cafeína, azúcar, vitaminas del grupo B, extractos de hierbas, derivados de aminoácidos como la L-taurina...

¿Qué es la adicción a las bebidas energéticas?

Como explican en un estudio los investigadores de la Universidad del Suroeste en la ciudad de Chingquing en China y de la Universidad de Harvard en un estudio, la adicción es deseo persistente de utilizar una sustancia (o mantener un comportamiento) a pesar de sus consecuencias negativas. Como se explica en otro estudio, aunque las consecuencias de la adicción a determinados alimentos no sean ni remotamente tan terribles como las que provocan las drogas, gran parte de los comportamientos presentados por ambos tipos de adictos son muy similares.

La razón de que las bebidas energéticas puedan ser adictivas para algunas personas es que contienen una serie de sustancias que pueden provocar hábitos de consumo, como la cafeína, el azúcar o los edulcorantes artificiales.

Los efectos de estos compuestos químicos han sido documentados ampliamente por multitud de estudios científicos. Aunque todavía no hay definida una 'línea roja' que determina qué punto hay que traspasar para ser considerado un adicto a las bebidas energéticas, consideraremos la adicción a estos productos como la ingesta excesiva de los mismos sin que el afectado pueda controlar su ingesta.

Señales de adicción

Existen una serie de síntomas comunes en todas las adicciones. Los más comunes en los casos de las bebidas energéticas son:

Deseo desmesurado.

Tener una imagen mental de uno mismo ingiriendo bebidas energéticas.

La incapacidad de controlar o regular su uso.

Pero existe otra señal de que hemos caído en la adicción a este tipo de productos: el síndrome de abstinencia. Si los dejamos de golpe y sufrimos dolores de cabeza, irritabilidad, fatiga o depresión, es muy probable que seamos adictos a ellas.

Efectos secundarios de la adicción

Al margen de la incapacidad para controlarnos, las bebidas energéticas presentan una serie de sustancias con un gran efecto en nuestro organismo. Su consumo en grandes cantidades, por tanto, puede tener repercusiones enormes en nuestra salud. Para empezar, este tipo de bebidas son ácidas (tienen un pH menor a 7), no mucho, pero lo suficiente como para decolorar los dientes y, a largo plazo, desgastar el esmalte de los mismos, según se explica en este estudio. Del mismo modo, muchos de estos productos contienen grandes cantidades de azúcares, que, por múltiples y más que documentadas razones, supone un riesgo para nuestra salud si es consumida en abundancia.

Por último, no debemos olvidarnos de su precio. No son productos baratos, ni muchísimo menos. Son algunos de los refrescos más caros del supermercado y, por tanto, si padecemos una adicción a ellos que nos haga consumirlos sin control, es posible que acabemos gastándonos al cabo del más dinero del que nos costaría una adicción al tabaco.

Cómo dejarlo

Como en todas las adicciones, no es fácil abandonarlas y pasar página. De todos modos, existen diferentes vías que han probado ser efectivas:

De una sola vez. Esto implica dejar de consumirlas de golpe, pero puede provocar los síntomas de la abstinencia. A pesar de esto, es la fórmula más rápida de llevar este arduo objetivo a cabo.

Disminución progresiva. De forma sistemática reduciremos nuestro consumo poco a poco hasta que seamos capaces de dejarlo. A pesar de que lleve más tiempo, de esta forma se evita sufrir los síntomas de la abstinencia.

Ambos métodos tienen cosas positivas y negativas, así que lo mejor que podremos hacer es elegir aquel que mejor se adapte a nuestro estilo de vida y a nuestra personalidad.

No debemos ignorar que, a la hora de dejar las bebidas energéticas, existe un gran factor psicológico. Si nos está costando demasiado superar nuestra adicción, deberemos acudir al médico o a otro tipo de personal especializado.