Un equipo internacional de científicos, liderado por la Universidad Pompeu Fabra, ha identificado la implicación de determinadas áreas cerebrales en la pérdida de control de la ingesta

Ciudad de México.- La adicción a la comida se caracteriza por una pérdida de control y por la ingesta compulsiva de alimentos. Al igual que otras adicciones, como puede ser a las drogas, el cerebro juega un papel importante y una intrincada red de neuronas subyace a este comportamiento.

Un nuevo estudio realizado con ratones se ha centrado en analizar estos circuitos neuronales. El equipo de investigadores ha identificado un nuevo mecanismo neurobiológico subyacente a la resistencia y vulnerabilidad al desarrollo de la adicción a la comida. Los resultados se publican hoy en Nature Communications y podrían suponer una mejora a nivel clínico al allanar el camino hacia nuevas intervenciones en este problema.

En la adicción a la comida, al igual que otras adicciones como pueden ser a las drogas, dos circuitos cerebrales juegan un papel muy importante. Tales sustancias (o actividades como el sexo o el juego) tienen efectos placenteros iniciales que actúan en el circuito cerebral de recompensa.

Este se dispara en su mayor parte por la liberación del neurotransmisor (sustancia que permite la comunicación entre las neuronas) dopamina desde una zona del cerebro llamada núcleo accumbens. Es decir, cuando comemos el núcleo accumbens segrega dopamina que hace funcionar el circuito de recompensa y sentimos placer. En las neuronas hay receptores para este neurotransmisor, si no la comunicación entre ellas no sería posible.

Pero hay otro circuito que se encarga de controlar al de recompensa y así evitar que nos dejemos llevar por el placer. Sería como la parte racional de la conducta que actúa inhibiendo a la parte hedonista. Por tanto, parece desempeña un papel crucial en la transición y la persistencia del comportamiento adictivo. Este ocurrirá cuando después de tomar muchas veces una sustancia o realizar una actividad se modifique el sistema de recompensa y las vías neuronales asociadas haciendo que no funcione como debería.

En el nuevo estudio se ha identificado que, además de en la red neuronal de recompensa, en el circuito de control también se encuentra un receptor concreto de dopamina, el D2, donde ejerce un papel para controlar la respuesta primaria a la recompensa. Y su función es precisamente la de desinhibir, como si hubiera un infiltrado dentro de la parte del cerebro que evita que nos dejemos llevar por el placer.

 “Hasta ahora lo ligábamos simplemente a la recompensa, porque en este circuito donde se había encontrado inicialmente libera dopamina. Ahora también va a jugar un papel inhibiendo el control en el circuito que va a controlar de manera racional la conducta”, dice Rafael Maldonado,director del Laboratorio de Neurofarmacología-Neurophar del Departamento de Ciencias Experimentales y de la Salud (DCEXS) de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), quien ha liderado el estudio junto con Elena Martín-García y Beat Lutz, también de la UPF.

Este receptor ya había sido implicado en la adicción a drogas. Ahora se ha visto por primera vez cómo la adicción a la comida en los ratones produce una sobreexpresión del gen para el receptor D2 y dicha sobreexpresión está directamente implicada en la pérdida de control de la ingesta.

Los investigadores hallaron también la vía neuronal más directamente implicada en el control por la comida, menos activa en los ratones adictos a la comida. Es la que une una región de la parte frontal del cerebro llamada prelímbica con el núcleo accumbens (aquel que segregaba dopamina al comer). Maldonado dice que es muy probable que este resultado pueda ser extrapolable a otras conductas adictivas.

Para la investigación el grupo empleó un modelo animal que imita las anormalidades de comportamiento asociadas con la adicción a la comida en humanos, como son la pérdida de control, motivación, alimentación compulsiva e impulsividad. Se consigue modificando a los ratones las zonas del cerebro implicadas en este comportamiento.

“En cuatro meses pierden totalmente del control” dice Rafael Maldonado. “Hay animales que le dan más de mil veces a una palanca para que les caiga comida”.También otros que insistían en conseguir la bolita de alimento a pesar de recibir una pequeña descarga eléctrica. Algo parecido al comportamiento humano en la adicción, cuando se sigue comiendo a pesar de que llegue un momento en el que resulte desagradable.

Para el grupo, sus resultados podrían ser interesantes a nivel clínico en cuanto a la prevención y tratamiento de personas con problemas de adicción a la comida. Al identificar perfectamente la vía que ejerce un control sobre la ingesta se podría mejorar la sintomatología de los pacientes. Para Maldonado una opción factible en la actualidad sería la estimulación transcraneal, procedimiento para aumentar la actividad de las neuronas. De esta manera el circuito volvería a ejercer sus funciones de manera adecuada.