El catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Jaén, Guillermo Portilla Contreras, acaba de publicar el libro 'Derecho Penal franquista y represión de la homosexualidad como estado peligroso'

España.- El catolicismo extremo del franquismo salvó de la castración y la esterilización a los homosexuales, cuyo "estado peligroso", sin embargo, fue perseguido y penado con privación de libertad y destierro, de acuerdo a las Leyes de Vagos y Maleantes y Peligrosidad Social aplicadas en base a informes forenses.

Así lo ha relatado el catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Jaén, Guillermo Portilla Contreras, quien acaba de publicar el libro 'Derecho Penal franquista y represión de la homosexualidad como estado peligroso' (Ministerio de Justicia). Un trabajo de más de 500 páginas en el que Portilla explica cómo funcionaba la persecución penal de los homosexuales, estudia la labor de los jueces, el contenido de los expedientes y hasta el concepto mismo de "homosexualismo" que manejaban los tribunales.

¿Por qué ahora este libro sobre la represión de la homosexualidad en el franquismo?

Me interesa mucho el Derecho Penal de autor, el que sancionaba a las personas por lo que eran y no por lo que hicieran, como es el caso de la condición sexual. Además, trabajo en el Derecho Penal y la Memoria Histórica desde 2005 y me dio la impresión de que no se había estudiado la represión de la homosexualidad. Aparte de la parte penal, me interesaba la represión en base a medidas de seguridad.

¿Qué leyes ampararon esta represión?

Primero se utilizó la Ley de Vagos y Maleantes republicana, que en 1954 incorporó el estado peligroso de la homosexualidad. Así, el Derecho Penal actuaba de dos formas: a través del delito que hubieran cometido los homosexuales y a través de la peligrosidad social del homosexual por serlo. Los sancionaban con medidas de seguridad de 1 a 3 años de privación de libertad y cuando los habían cumplido eran desterrados de la ciudad en la que vivían. A su regreso se les aplicaba la libertad vigilada y los delegados de Gobierno, en principio encargados de conseguirles trabajo, se encargaban de comunicar a posibles empleadores que aquella gente eran pederastas, que era terminología que se utilizaba en ese momento. En 1970 esa ley es sustituida por la de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que se prolonga hasta 1995.

¿Por qué se sabe tan poco de esta represión penal?

Nuestra Ley de Patrimonio Histórico no permite sacar los documentos hasta que han transcurrido 50 años desde la firma de los mismos, por lo que hasta hace muy poco no los hemos podido sacar a la luz. Hoy en día, aun no se pueden publicar los expedientes de Peligrosidad.

En el Archivo Histórico de Aragón

¿Cuántos homosexuales sufrieron esta represión franquista?

Es imposible dar una cifra porque no hemos podido trabajar en todos los archivos. Por ejemplo, en Zaragoza, el Archivo Histórico de Aragón todavía no contiene estos expedientes y en Valencia se han destruido una gran parte de los documentos de la Guerra Civil y no se encuentran los referentes a los homosexuales.

¿Qué más problemas ha afrontado para la redacción y publicación de este libro?

El libro ha estado cinco meses en un cajón porque Protección de Datos se negaba a que se publicaran los nombres de jueces y forenses. Por mi parte, he sido muy meticuloso y he borrado los nombres de los homosexuales o los calificativos que les aplicaban policías y guardias civiles, tipo 'Luisa la guapa', para que nadie les pueda reconocer. Por eso, también he quitado las referencias a los lugares en que fueron detenidos.

¿Cuál fue el papel de los forenses?

En la represión penal se sustituyó el pecado -que perseguía la actividad sexual sin reproducción, la masturbación y el bestialismo-, por la enfermedad. La psiquiatría comenzó a perseguir a los homosexuales para curarlos. En ese momento aparecen los forenses, que emitían unos informes, casi todos morfológicos, basados en un análisis superficial del ano. En función de los pliegues definían si era pederasta activo o pasivo. Curiosamente al activo no solían condenarlo porque hacía el papel del hombre en la relación sexual, mientras que al pasivo, que cumplía el de la mujer, sí. Los forenses le ponían muy fácil la condena a los jueces, que, en la mayoría de los casos, repetían los argumentos de los primeros.

¿Qué terapias proponían para "curar" la homosexualidad?

La castración quirúrgica, la química, la lobotomía, el electroshock, o descargas eléctricas. No he podido demostrar que ninguna de esas terapias se llevaran a cabo en los campos de concentración de Miranda de Ebro (Burgos) y Nanclares de Oca (Álava), en las colonias agrícolas en las que eran recluidos (como la de Fuerteventura) o en las cárceles. Pero sí he podido confirmar que en los psiquiátricos, fundamentalmente en el Frenopático de Barcelona, sí se aplicaron. Principalmente pagadas por los padres y con el consentimiento del homosexual para acabar con esa "enfermedad".

Comenta que hay que agradecer al catolicismo extremo del franquismo el que no se aplicaran en España ni castraciones ni esterilizaciones a los homosexuales.

 Juan Antonio Vallejo Nájera, que era el psiquiatra de Franco, defendía la eugenesia, pero no la física sino la moral, para crear una súper casta española, una nueva raza de los mejores. Pero estaba en contra de la castración y de la esterilización.

Sin embargo, Antonio Sabater Tomás -juez de Vagos y Maleantes de Cataluña y posteriormente también de Peligrosidad Social en esa comunidad- sí defendía la castración química y física, pero no llegó nunca a aplicarse (salvo en las excepciones comentadas, por decisión familiar y consentimiento del afectado).

¿Quien denunciaba a los homosexuales?

El proceso se iniciaba con la denuncia de un tercero (policía o guardia civil entre otros). Durante 5 días el acusado podía proponer pruebas en su descargo y designar procurador y letrado. Posteriormente (el día siguiente por lo general), el juez emitía un auto en el que se daba por recibida la denuncia y en un máximo de tres días se decretaba la prisión preventiva. Tras los informes pertinentes, el fiscal valoraba el "estado peligroso de homosexualidad" y solicitaba las medidas de seguridad que se tenían que aplicar hasta que, finalmente, llegaba la sentencia.

¿Han sido recompensados los homosexuales por esta represión?

Es la gran deuda pendiente. Eran presos comunes y no fueron beneficiados ni por indultos ni por las leyes de amnistía, como sucedió con los políticos.

En una medida adicional a una Ley de Presupuestos se les reconoció una indemnización, que solo reclamaron 116 personas. Supongo que muchos no se enteraron o no la pidieron porque se consideraban indignos y sus familias nunca supieron que habían cumplido esas penas, por lo que habría que iniciar de nuevo una campaña para que se les reconozcan sus derechos.

Respecto al lesbianismo, solo aparece una condena. ¿Por qué?

He encontrado solo una sentencia de 1968 de una chica que detienen vestida de hombre en Barcelona. En España no se aceptaba que la mujer pudiera tener relaciones con otras porque se salía de nuestro pensamiento. Pero yo creo que no se la persiguió por el delito de homosexualidad sino que se las condenó por el estado peligroso de prostitución o por el mismo concepto de vagancia o de comisión de delitos. Como los archivos no están catalogados, es muy difícil saber que número de personas fueron condenadas por cada uno de esos delitos peligrosos.