La culpa de que no dures ni un mes en el gimnasio no es solo tuya

 

Aunque solemos creer que lo que nos aparta del ejercicio es la falta de motivación y tiempo, tu familia también juega un rol muy importante que solemos relativizar.

 
 
Codigo Nuevo
 
 
 
Cuesta mucho ir al gimnasio, no nos vamos a engañar. Apuntarse al gym, no ir nunca y desapuntarse a las tres semanas es una experiencia tan universal como la muerte, el desamor y la insatisfacción con el final de Juego de Tronos. Los motivos son muchos (falta de motivación, de ganas, de tiempo…), pero hay uno que no se suele comentar y que es igual de decisivo: vivir en un ambiente familiar, amistoso y amoroso que resiste el ejercicio y promueve la vida sedentaria.
 
Un ambiente ‘gymfóbico’
Es una afirmación polémica. Al fin y al cabo, estás acusando a tu familia, amigos y pareja, de ser malas influencias para tu salud. Pero así lo declara Daniel Paredes, entrenador de Entrena en Regenera, “si vives en una familia que no da valor a la vida saludable o desde pequeño no se te enseñó la importancia del deporte, es más difícil que dures en un gimnasio”.
 
Es decir, es probable que pese a tu intención de ir a hacer deporte, tu familia haya creado un ambiente impermeable al ejercicio (basado en la mala alimentación, la nula preocupación por la salud y el poco interés en ejercitarse) que te está frenando. Es lo que Paredes nombra como “factor ambiental del deporte”, el cual califica de “extremadamente importante”, no porque te impida a corto plazo ir al gimnasio, sino porque es el principal factor de fracaso a la adherencia a largo plazo. Pero, sí, se le puede poner remedio.
 
 
El primer paso es analizar bien tu entorno. ¿Tienen una visión positiva o negativa del gimnasio? ¿Dan importancia a la salud o no? ¿Creen hacer el ejercicio es algo de valor? ¿Se toman en serio una dieta saludable o viven de ultraprocesados y comidas rápidas? En caso que la respuesta sea negativa, tu entorno te está haciendo de ancla insalubre.
 
Obviamente, “la respuesta no es dejar a tu pareja, familia y amigos”, advierte Paredes. Ni mucho menos. Al fin y al cabo, quedarte solo generaría ansiedad, tristeza y soledad, un cóctel emocional que te aleja todavía más de la rutina deportiva. Pero sí, intentar revertir la influencia negativa que tienen en tu vida.
 
Separar tu entorno y el deporte
“Una mujer que tenía problemas de corazón derivados de obesidad quería hacer ejercicio para perder algunos kilos”, explica Paredes. “Cuando vino a mi estudio, vimos que el principal problema eran los hábitos de alimentación y de vida de su marido y hermanos, cuya insalubridad se retroalimentaba. Así, empezó con el ejercicio y cambió su dieta. Por eso, también se propuso reducir los planes con su familia. En lugar de ir a restaurantes, comían en casa donde ella podía controlar bien qué y cómo se cocinaba. El cambio más radical fue decidir no ir con ellos en vacaciones, porque acabaría comiendo sin controlar, picoteando, bebiendo… En definitiva, echando al traste la dieta y los esfuerzos de meses”.  
 
 
Aunque esta opción es bastante radical, por supuesto. No todo el mundo quiere privarse de vacaciones ni comidas buenas. Y muchas veces, ir al gimnasio tampoco es algo urgente que hacer por salud, a veces solo es cuestión de que te quieres sentir más en forma y, aunque tu familia sea antideportista, no quieres cerrarte a hacer planes con ellos. En este sentido, Paredes propone otra solución, mucho más fácil de llevar a cabo. “Apúntate a un deporte social (como clases de pilates, de yoga, de CrossFit…) o ve al gimnasio con un amigo, que si un día te da pereza ir te motive a hacerlo, y viceversa”. Es decir, crear una burbuja deportiva dentro de tu círculo social ‘gymfóbico’ en la que apoyarte para motivarte a vivir una vida más sana y activa.
 
Vivir sin sedentarismo
Además de intentar separar los hábitos tu familia y el deporte, también puedes cambiar la forma de hacer deporte. “El gimnasio no sirve para todos”, advierte Paredes. “Muchas veces entendemos que se tiene que ir durante una hora al gimnasio y matarte a las máquinas, pero no es así”. Es igual de importante moverte un poco cada día (andar o correr 30 minutos por las mañanas) que ir dos veces a la semana y machacarte en las máquinas. La clave es no ceder espacio al sedentarismo.
 
 
Pero, precisamente, el problema de los ambientes sedentarios está, según advierte Paredes, en que cada vez están más extendidos. Es decir, no son solo tus amigos. O tu familia. O tu pareja. Es que la sociedad es, cada vez, más sedentaria. Las escuelas apuestan cada vez menos por el deporte, por ejemplo. Se está promoviendo la inactividad física, algo que conduce tanto a problemas fisiológicos (cardiopatías y obesidad) como a psicológicos (falta de motivación).
 
Eso sí, el factor del entorno es solo uno de los cinco por los que dejas el gimnasio. Según Paredes, son: personales (aquellos que tienen que ver con la actitud que vas al gimnasio), psicológicos (si te gusta el deporte o si eres una persona muy casera, por ejemplo), fisiológicos (cómo te sientes después, si te cansas mucho, si te duele todo después o si no te gusta sudar) y de programa (los ejercicios que te gustan o cuál es tu dosis correcta de ejercicio, entre otros). Con toda esta información, toca analizar qué es lo que te está impidiendo ir al gym.
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