Baby Led Weaning (BLW), las ventajas de comer con las manos

 
El BWL es el inicio de la alimentación complementaria y son ellos mismos quienes realizan la transición hacia los sólidos
 
 
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Si bien es cierto que cada vez son más los padres que deciden usar este método de alimentación con sus bebés, es decir, el BLW 'está de moda', no podemos hablar de una técnica fugaz que acabará pasando sin pena ni gloria. Pero, ¿es realmente recomendable? ¿Cuáles son sus beneficios?
 
Durante el primer año de vida la leche materna o la artificial debe ser la principal fuente de calorías y nutrientes del pequeño, según indican organismos como la OMS y la Unión Europea. Y lo natural es seguir con el ‘Baby Led Weaning’ (BWL), un método de alimentación infantil complementario y educacional que se aplica en el momento en el que el bebé comienza a ingerir alimentos sólidos (generalmente a partir de los 6 meses).
 
Lo sorprendente es que el niño autorregula o autodirige su alimentación. Es decir, nosotros ponemos a su disposición los distintos alimentos (que se ofrecen en trozos para que pueda agarrarse) y el pequeño se encarga de metérselos en la boca y comer, sin la intervención directa del cuidador.
 
De esta forma, el bebé elige qué comer y qué cantidad comer. Y puede hacerlo porque tiene un mecanismo de supervivencia que le guía para obtener todos los nutrientes para su alimentación y en la cantidad en la que los necesitan.
 
Es lo que conoce como ‘alimentación complementaria autorregulada’ o ‘destete dirigido’. ¿Las claves? Poner a su alcance trozos de alimentos enteros (no triturados ni en purés) y dejar que use sus manos para probarlos, ¡fuera cucharas!
 
¿Es seguro?
A muchos les parece un despropósito y un riesgo, ¿y si se atraganta?. “Es un riesgo lógico y con fundamento”, apunta la pediatra Lucía Galán Bertrand. De hecho, convendría que los padres que practiquen esta modalidad de alimentación (como el resto) tuvieran nociones básicas de primeros auxilios en caso de atragantamiento.
 
Desde la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPAP) afirman que “la lactancia materna representa la preparación más adecuada para iniciar el Baby Led Weaning”, y aconsejan que los pequeños prueben la comida primero con las manos ya que es una técnica que promueve la autonomía del niño así como un adecuado desarrollo neurológico, cognitivo y del sistema neuromuscular.
 
Además, los pediatras advierten que “retrasar la introducción de comida sólida puede tener consecuencias negativas para el pequeño como carencias nutricionales, aumento de riesgo de alergias o una peor aceptación de sabores y texturas”. En el caso particular de la fruta inciden en que hay que comerla en trozos y poco a poco, y no dar zumos a los menores de un año.
 
Ellos llevan la voz cantante pero...
Tenemos que ofrecerles los alimentos enteros, en lugar de triturados, pero “con el tamaño y forma adecuadas para que sea el propio bebé el que los coja con sus manos y se lo lleve a la boca en función de su apetito y preferencias”, explica Galán Bertrand, quien recuerda que “a los 6 meses, los niños aún no hacen la pinza (unión del pulgar con el índice) por lo que los objetos, en este caso los alimentos, los cogen abriendo la mano entera para posteriormente cerrarla (prensión palmar)”.
 
Cómo sé si mi bebé está preparado
Para poder seguir este método el bebé debe capaz de mantenerse sentado, de alargar el brazo para agarrar objetos y llevárselos a la boca, y tiene que haber perdido el reflejo de extrusión, que le permite tragarse alimentos sólidos. La mayoría de niños pierden ese reflejo a los cuatro o cinco meses.
 
“Este reflejo es aquel que observamos en los niños más pequeños al introducirles algo sólido sobre la lengua, ya sea un trozo de comida, un objeto o el propio chupete, estos sacan la lengua inmediatamente en un intento de expulsar todo aquello que pueda provocarles un atragantamiento. Este reflejo suele desaparecer en torno a los 6 meses”, explica Lucía.
 
Los beneficios de usar este método
Se prioriza la alimentación perceptiva. El Baby Led Weaning respeta las necesidades de los niños porque permite que ellos mismo gestionen sus sensaciones; ellos saben cuánta hambre tienen y cuándo están saciado. Y las madres que siguen el BLW viven la alimentación de una forma más relajada, sin forzar a sus hijos a comer. Lo cual evita muchas situaciones de estrés para ambosñ
 
Aprenden a escuchar a su cuerpo, respetando las señales (hambre, sed y saciedad) que este le envía. Con esta técnica se anima a los niños a descubrir el mundo poco a poco y por sí mismos. A través de sus manos experimentan distintos sabores, olores y texturas. Esto resulta un estímulo muy importante para sus sentidos.
 
Se promueve la lactancia materna. Los bebés seguirán enganchándose al pecho de su madre cuándo y cuánto quieran siguiendo la filosofía de respetar esas señales de hambre. Se trata de realizar una alimentación activa y complementaria, donde es el propio bebé el que regula su apetito, y no la alimentación pasiva de las papillas, cucharas y biberones. El BLW se puede realizar en niños no amamantados de igual modo; la leche de artificial no es excluyente en ningún caso.
 
Aprenden hábitos saludables desde la infancia ya que se relacionan con la comida de una manera directa y natural. El BLW propone ofrecer a los niños frutas y verduras en su formato original, por lo que el niño es consciente de lo que está comiendo y se acostumbra a ello. Es decir, aprenden a identificar sabor, olor y textura de distintos alimentos y sobre las combinaciones de sabores. “Con los purés todos los sabores se confunden en uno solo”, afirma Tracey Murkett, una de las precursoras de este método.
 
EL BLW se ha erigido incluso como un un método terapéutico que puede ayudar a superar la aversión a la comida y otros ‘traumas’ infantiles.
 
Se estimula el desarrollo psicomotor del niño favoreciendo la prensión manual al agarrar los trozos de comida, la realización de la pinza en torno a los 9 meses. Del mismo modo mejora la coordinación oculo-manual, la masticación…
 
Descubren su cuerpo. Con el Baby Led Weaning se obliga a los niños a morder, rasgar, masticar, mover con la lengua... Todo esto hace que su musculatura facial se ejercite, lo que también beneficia, incluso, al desarrollo del lenguaje de los niños.
 
Mejora la transición a alimentación sólida puesto que desde los 6-7 meses han empezado a trabajar la masticación con alimentos de distintos sabores y texturas.
 
También destaca el hecho de que desde muy temprano el niño a aprende a comer en familia, alrededor de la misma mesa.
 
Los alimentos para comenzar
Al principio se recomienda cortar los alimentos en trozos alargados para que les sea más fácil cogerlos con sus manos y llevárselos a la boca. Lo más adecuado son las texturas blandas que el niño puede aplastar bien con sus encías. Aguacate, trozos de ciruela, plátano, brócoli, kiwi, calabaza... las hortalizas y verduras siempre bien hervidas.
 
Pero también se le pueden ofrecer macarrones, pescado, setas o carne (que primero solo chupetean). La fruta que sea muy blanda, una pera muy madura o el melón (en temporada) también muy maduro. La manzana es mal modelo porque siempre es dura. Si quieres darle a probar una galleta, también blandita porque se deshace en la boca y no se puede soltar en trozos e ir hacia la vía aérea.
 
Para hacerlo de un modo ordenado y lógico, es mejor ir introduciendo los alimentos uno por uno, uno cada tres días.
 
A descartar
Es importante evitar las cosas muy fibrosas, y no es buena idea ofrecerle salchichas, patatas de bolsa, tortas de arroz o de maíz, frutos secos o desecados (pasas, arándanos). Tampoco cerezas, uvas, cherry, maíz, guisantes... Y por supuesto, nada de caramelos y cualquier alimento duro que no sean capaces de aplastar con la lengua y el paladar.
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