Masoquismo emocional, apegarse a relaciones que nos hacen sufrir

 
El masoquismo emocional es un patrón de comportamiento que nos lleva a establecer relaciones tóxicas. 
 
 
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Cuando nos enamoramos, todos nos comportamos de manera un poco irracional. Sentimos mariposillas revoloteando en el estómago, no podemos dejar de pensar en esa persona y solo vemos sus virtudes haciendo caso omiso de sus defectos. Es un fenómeno completamente normal.
 
De hecho, la “culpa” es de nuestro cerebro. Neurocientíficos del University College de Londres comprobaron que cuando nos enamoramos se activa el sistema de recompensa y se liberan hormonas como la oxitocina, vasopresina y dopamina, que son las responsables de que nos sintamos estupendamente al lado de la persona amada. A su vez, se desactivan las regiones cerebrales vinculadas con las emociones negativas y el juicio social, lo cual confirma que el amor es ciego, al menos en sus primeras etapas.
 
Sin embargo, ni siquiera esos cambios explican por qué elegimos parejas tóxicas o mantenemos relaciones que nos hace sufrir cuando lo más sensato sería cortar por lo sano. No explica por qué algunas personas salen de relaciones de pareja relaciones abusivas, violentas o humillantes para volver a caer en esas mismas dinámicas. En esos casos, la explicación es el masoquismo emocional.
Los signos que revelan que nos estamos haciendo daño
El masoquismo consiste en producirse dolor físico o emocional de manera voluntaria, ya sea un dolor auto provocado o causado por otras personas. En el masoquismo emocional el dolor y el sufrimiento se combinan con elementos autodestructivos y autodenigrantes.
 
Aunque puede ser difícil comprender las causas que llevan a una persona a hacerse daño, los neurocientíficos han descubierto que en realidad los circuitos del dolor y el placer comparten las mismas zonas cerebrales e incluso pueden activar la producción de los mismos neurotransmisores, como la dopamina.
 
Eso significa que, aunque sea una estrategia desadaptativa para lidiar con los problemas, en ciertas circunstancias el dolor puede actuar como una válvula de escape para liberar tensiones emocionales. De hecho, hay personas que consiguen cierta satisfacción a través del sufrimiento psicológico instaurando relaciones tóxicas de dependencia emocional que terminan convirtiéndose en el pilar que sustenta su frágil andamio psicológico.
 
Sin embargo, reconocer que nos estamos haciendo daño a través de las relaciones que mantenemos no es fácil. Los masoquistas emocionales no se proponen conscientemente buscar parejas abusivas, esa búsqueda se produce fundamentalmente a nivel inconsciente porque se trata de un perfil que, de alguna manera, les atrae.
 
Por eso es importante mantenerse atentos a una serie de señales de alarma que pueden revelar comportamientos masoquistas a nivel emocional:
 
- Priorizas constantemente las necesidades de los demás, aunque no te lo pidan, de manera que tus necesidades siempre quedan relegadas a un segundo plano.
 
- Te rodeas de personas que ignoran tus necesidades, no te valoran, te decepcionan constantemente e incluso te humillan o maltratan.
 
- Has renunciado a proyectos personales importantes por otras personas que nunca han estado dispuestas a hacer lo mismo por ti.
 
- Te sientes culpable cuando ocurre algo positivo en tu vida y dejas pasar las oportunidades de encontrar satisfacción o placer porque piensas que no te las mereces.
 
- Rechazas los intentos de los demás por ayudarte o los boicoteas para que sean ineficaces y tener una excusa para mantener tu situación actual.
 
- Generas reacciones de enojo o rechazo en los demás para luego sentirte herido o humillado.
 
El origen del masoquismo emocional
En muchos casos el origen del masoquismo emocional puede rastrearse hasta la infancia. Quizá hayas tenido unos padres ausentes emocionalmente, agresivos o extremadamente críticos, de manera que solo podrías recibir afecto y atención si aceptabas sus humillaciones y/o maltratos psicológicos.
 
Ese tipo de relaciones a una edad temprana puede haberte transmitido la idea de que no eres digno de ser amado y tratado con respeto. Como resultado, es probable que más adelante en la vida repliques con tu pareja o amigos la dinámica de esas relaciones tempranas, asumiendo el rol de la víctima ya que estás convencido de que someterte y sufrir es la única vía para recibir amor.
 
En el fondo, la persona que cae en el bucle del masoquismo emocional no se valora lo suficiente y tiene miedo a ser rechazada y abandonada, por lo que se humilla y sacrifica para satisfacer la necesidad de tener a alguien a su lado.
 
En otros casos el masoquismo emocional es el resultado de una concepción tergiversada del amor. Creencias como “quien bien te quiere te hará llorar” o “el amor es sufrimiento” hacen que la persona justifique los desplantes, humillaciones, críticas y abusos de su pareja, pensando que son “normales”. Si has establecido una conexión directa entre el amor y el sufrimiento, hasta el punto que llegas a identificarlos, es probable que no concibas que se pueda amar de otra manera.
Nadie es una isla, completo en sí mismo”, como escribiera el poeta John Donne. La felicidad y el bienestar no son estados meramente internos, también dependen de las personas que te rodean.
 
Investigadores de las universidades de Harvard y California comprobaron que quienes se relacionan con personas alegres se sienten más felices y reportan una mayor sensación de bienestar. Eso significa que cuanta más positividad busques, más positividad entrará a tu vida y más fácil te resultará asumir una actitud optimista.
 
Mantener relaciones tóxicas, al contrario, se convertirá en fuente de tristeza, frustración, ira y decepción constantes. No obstante, para cortar de raíz ese tipo de relaciones y no volver a tropezar con la misma piedra tendrás que realizar un cambio profundo en la manera en que te percibes.
 
Ante todo, necesitas aprender a mirarte con otros ojos, desarrollar una mirada más benevolente y comprensiva. Necesitas valorarte más. Quererte más. No puedes buscar fuera el amor que no eres capaz de darte a ti mismo.
 
También necesitas reconocer las creencias erróneas que te conducen a buscar y mantener relaciones dañinas para colocar en su lugar creencias más adaptativas. Puedes empezar por convencerte de que tienes derecho a pensar en ti y que no es egoísta priorizar tu felicidad. A veces, cerrar puertas o poner puntos finales es una cuestión de supervivencia psicológica.
 
Para salir de la cárcel del masoquismo emocional tendrás que complementar ese trabajo interior con un cambio en tu manera de relacionarte.
 
Necesitas reencontrar tu voz porque es probable que años de relaciones tóxicas la haya silenciado. Debes concientizar que tienes derecho a expresar lo que sientes y piensas, y comprender que tu valía como persona no depende de la aprobación de los demás. Como advirtiera Lao-Tse: “preocúpate por lo que otras personas piensen, y siempre serás su prisionero”.
 
Para encontrar la fuerza interior que genere un cambio en tu manera de abordar las relaciones quizá te convendría pasar un tiempo solo. La soledad elegida puede ser una excelente compañera de viaje, en especial para quienes han establecido relaciones de dependencia emocional y necesitan un “periodo de desintoxicación”.
 
Ese tiempo te servirá para mirar dentro de ti y aprender a solucionar por tu cuenta los problemas del día a día. Así podrás desarrollar una sensación de autoeficacia que te permitirá confiar más en tus capacidades. Podrás darte cuenta de lo que vales. Volver a sentirte bien contigo mismo. Desarrollar una autoestima a prueba de balas. Y comprender que para ser amado no necesitas sufrir.
 
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