El error de pensar que jamás volverás a encontrar a nadie como tu ex

 
Su infelicidad no se debe únicamente a la pérdida de su pareja sino a la traición sufrida y a un yo cada vez más diluido en la necesidad de reconocimiento y cariño.
 
 
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“No puedes decir con tristeza que no vas a encontrar a nadie como él. Ese es el tema. ¡Que no encuentres a nadie como él!”, consolaba Melodie a Melyssa en una de las últimas transmisiones de “La isla de las tentaciones” intentado que esta se diera cuenta de que la vida sigue después de un descalabro amoroso, por muy duro que sea o por muy enamorada que estés.
 
La joven, sin embargo, está convencida de que jamás encontrara a nadie mejor que Tom. Y ese pensamiento la atormenta hasta el punto de hacerle perder todo vestigio de racionalidad. Sin embargo, por muy romántico que parezca en la literatura y el cine perder la cabeza por amor, en la vida real puede ser una experiencia insoportable que nos arrastra hasta un infierno desconocido, que es justo lo que está viviendo Melyssa.
 
Su infelicidad no se debe únicamente a la pérdida de su pareja sino a la traición sufrida y a un yo cada vez más diluido en la necesidad de reconocimiento y cariño. Eso la conduce a pensar que jamás volverá a encontrar a alguien mejor y que todo lo que ha vivido es lo máximo a lo que puede aspirar en una relación de pareja, una trampa en la que todos podemos caer cuando afrontamos una separación, pero aún queda amor.
 
La trampa que nos tiende la memoria tras una ruptura
Cuando todavía existe amor, no es raro que tras una ruptura idealicemos a nuestra ex pareja y el pasado compartido. Es como si padeciésemos una especie de amnesia selectiva. Solo recordamos las cosas positivas. Idealizamos los viejos tiempos. Recordamos los detalles románticos. La sensación de seguridad. La complicidad. No recordamos la soledad. La falta de conexión. Los desplantes. Los defectos. Las discusiones. Ni siquiera recordamos las razones que condujeron a la separación.
 
En realidad, nuestra memoria es muy poco fiable. Cada vez que recordamos un suceso del pasado, nuestras redes cerebrales cambian alterando el próximo recuerdo. De hecho, un recuerdo no es una imagen que reproduce fielmente el suceso original sino más bien una imagen distorsionada por todas las veces que hemos recordado ese evento.
 
Eso significa que nuestro recuerdo de la relación de pareja o de nuestro ex puede volverse menos preciso, hasta el punto de ser totalmente falso, porque con cada recuperación lo vamos reconstruyendo según nuestras emociones, ilusiones y temores, como comprobaron psicólogos de la Universidad del Noroeste​​.
 
Por tanto, con el tiempo recordamos solo una parte de lo que sucedió en realidad, precisamente la parte que nos sirve para idealizar el pasado. Si no detenemos ese mecanismo, terminaremos pensando que no hay nadie tan maravilloso en todo el mundo y que somos la persona más desafortunada y necia de la Tierra por haberle perdido irremediablemente.
 
Idealización: el mecanismo de defensa que activamos cuando no queremos aceptar la ruptura
Obsesionarnos con nuestra ex pareja es una estrategia para no tener que lidiar con las emociones difíciles y dolorosas que genera la pérdida de una relación romántica. Esa obsesión puede tomar dos caminos diferentes: difamamos a nuestro ex centrándonos solo en sus defectos y errores para dar salida a la angustia y la rabia o le idealizamos.
 
La idealización actúa como una “droga” emocional para evitar el dolor, es un mecanismo de defensa que nos permite alcanzar un estado de equilibrio relativo en medio de la tormenta, para no venirnos abajo completamente. Por eso revivimos cada interacción positiva convirtiendo la relación en algo que nunca fue: perfecta. 
 
Idealizar a un ex nos permite refugiarnos en un pasado idílico para no tener que afrontar la desesperación y el sufrimiento actual. Aferrarnos al pasado puede darnos menos miedo que mirar al futuro. Requiere menos energía quedarnos tirados en la cama llorando por un amor que no pudo ser que salir al mundo, comprometernos y exponernos a que nos vuelvan a herir. Quedarnos atrapados en ese pasado “idílico”, por tanto, se convierte en una especie de escudo para no volver a decepcionarnos.
 
La idealización también puede fungir como un mecanismo de reafirmación personal. A nadie le gusta reconocer que se ha equivocado o que ha tomado una mala decisión. Sin embargo, si solo recordamos las partes positivas de la relación o de nuestro ex, estamos validando nuestras decisiones pasadas. Es una especie de justificación por haber elegido a esa persona y haber permanecido todo ese tiempo a su lado. La idealización se convierte en una especie de autoexculpación.
 
Las 3 claves para dejar de añorar a alguien igual a nuestro ex
 
1. Activar la mente racional
Cuando nos enamoramos en nuestro cerebro se producen una serie de cambios que nos impiden pensar con claridad y objetividad. Neurocientíficos del University College de Londres comprobaron que mientras que el amor se convierte en una especie de droga que nos hace sentir estupendamente, bien pero también desactiva las zonas del cerebro vinculadas a las emociones negativas y el juicio social, lo cual explica por qué solo vemos las cualidades positivas de nuestro ex. Sin embargo, eso no significa que no podamos “hackear” nuestro cerebro. 
 
Un buen punto de partida consiste en reconocer que es cierto que no volveremos a encontrar a nadie como nuestra ex pareja simplemente porque en el mundo no hay dos personas iguales y ninguna relación es idéntica a otra. Una relación es un microcosmos muy especial que crece bajo la interacción de dos personalidades completamente únicas, por lo que es imposible volver a replicarla al detalle.
 
Sin embargo, no es algo negativo, sobre todo teniendo en cuenta que intentar replicar una relación que fracasó es el camino más directo hacia un nuevo desengaño romántico. En su lugar, debemos pensar que cada relación es un nuevo comienzo y una nueva oportunidad para hacer las cosas mejor.
 
Para desarrollar una visión más objetiva, también nos ayudará reconocer los motivos de la separación. Si es necesario, podemos escribirlos. También vale la pena recordar todas esas cosas de nuestra pareja que nos molestaban o las experiencias negativas que marcaron un antes y un después en la relación. El objetivo no es convertir a nuestro ex en el malo de la película, sino dejar de idealizarlo y desarrollar una perspectiva más racional que nos permita cerrar definitivamente ese capítulo de nuestra vida.
 
Incluso podemos llevar ese ejercicio un paso más allá y utilizarlo para hacer una lista de las cosas que no estamos dispuestos a soportar en una relación. El psicólogo Dan Wile afirma que “cuando elegimos una pareja a largo plazo, inevitablemente estamos eligiendo un conjunto particular de problemas irresolubles con los que tendremos que lidiar durante los próximos diez, veinte o cincuenta años”.
 
Por eso es importante saber con qué problemas estamos dispuestos a convivir y tener claro qué problemas no estamos dispuestos a soportar. Las relaciones fallidas del pasado pueden ser de gran ayuda para identificar esos factores decisivos y no volver a cometer los mismos errores.
 
2. Comprender que nadie puede arrebatarnos el amor y la felicidad
Independientemente de lo estupenda que pueda se nuestra ex pareja como persona, lo cierto es que muchas veces nos aferramos a esa relación porque extrañamos las sensaciones y emociones positivas que experimentábamos a su lado. El amor es como una droga, por lo que no es extraño que, en medio de una separación, cuando peor estamos anímicamente, volvamos la vista atrás para reactivar esas vivencias positivas.
 
Por eso, cuando decimos que “jamás volveremos a encontrar a alguien igual” en realidad queremos decir que “jamás volveremos a sentirnos igual”. Tenemos la sensación de que nuestro ex nos ha robado el amor y la felicidad. Como si nos hubiera expulsado del paraíso.
 
Para deshacernos de esa sensación basta comprender que nadie puede arrebatarnos el amor porque es un sentimiento que podemos volver a experimentar en otro momento. Es probable que nuestro nuevo amor sea diferente, pero eso no significa que sea peor ni mejor.
 
Lo mismo vale para la felicidad. Si nuestra felicidad depende de los demás, no es nuestra. La felicidad que no nace del interior, de esa sensación de armonía y plenitud, es una felicidad extremadamente vulnerable. Por eso debemos aprender a estar solos. Completarnos, antes de lanzarnos a buscar a una media naranja que “nos complete”.
 
Volver con nuestro ex o encontrar una nueva pareja no es la solución a nuestros problemas o carencias emocionales. El desasosiego que causa el pensamiento de que no volveremos a encontrar a nadie en realidad es una señal de alarma que nos indica que no estamos prestando suficiente atención a nosotros mismos y a nuestro desarrollo personal. Por tanto, aunque los primeros tiempos tras la separación suelen ser difíciles, debemos enfocarnos en ser felices, cuidarnos y amarnos a nosotros mismos.
 
3. Dejar ir las resistencias
Cuanto antes aceptemos la ruptura, antes dejaremos de obsesionarnos con nuestra ex pareja. No podemos liberarnos por completo del dolor porque las pérdidas siempre son un golpe difícil de encajar. Sin embargo, idealizar la relación solo hará que nos quedemos atrapados en el pasado, alimentando una relación distorsionada que genera un sufrimiento inútil.
 
Como explicara Alan Watts: “a veces, cuando cesa la resistencia, el dolor se limita a desaparecer o disminuye hasta quedar reducido a una molestia tolerable. En otras ocasiones permanece, pero la ausencia de cualquier resistencia ocasiona una sensación de dolor tan desconocida que resulta difícil de escribir. El dolor ya no es problemático”.
 
Necesitamos comprender que muchas veces provoca más dolor la resistencia que la aceptación. El simple hecho de reconocer la existencia de esas resistencias ya ejerce un efecto sanador en sí mismo. Pensar que no podremos olvidar a nuestro ex y que jamás encontraremos a una persona igual es una resistencia que termina alimentando sentimientos de impotencia y frustración.
 
Aunque parezca paradójico, en esta situación lo mejor es no resistirnos al dolor, el sufrimiento o la rabia. Generalmente detrás de esa resistencia se esconden miedos e inseguridades que no desaparecerán si no los vamos soltando poco a poco. En su lugar, debemos pensar que cuando una persona nos abandona, es momento de dejar espacio a otras vivencias. Si no nos aferramos al dolor, terminará diluyéndose.
 
 
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