El papa invitó a dejar atrás la tentación del triunfalismo y actuar siempre con humildad, como hizo Jesús al entrar a Jerusalén

Ciudad de El Vaticano.- Con motivo del Domingo de Ramos, el papa Francisco llamó a los cristianos a resistir la tentación del demonio “en los momentos de oscuridad”, así como a seguir el ejemplo de Jesús y actuar con humildad.

Durante la homilía de este domingo, el sumo pontífice señaló que “en los momentos de oscuridad y de gran tribulación hay que callar, tener el valor de callar, siempre que sea un callar manso y no rencoroso. La mansedumbre del silencio hará que parezcamos aún más débiles, más humillados, y entonces el demonio, animándose, saldrá a la luz. Será necesario resistirlo en silencio, manteniendo la posición, pero con la misma actitud que Jesús”.

Añadió que en la guerra entre Dios y el demonio, al que llamó “príncipe de este mundo” no se trata de tomar la espada, sino mantenerse calmados y firmes en la fe.

Asimismo, Francisco señaló que la Semana Santa se trata de acompañar el camino de Jesús y mantener siempre presente sus enseñanzas sobre como afrontar los momentos difíciles y las grandes tentaciones.

Por ejemplo, destacó que en su entrada a Jerusalén, Jesús decide dejar atrás la tentación del triunfalismo y elige la senda contraria, el camino de la humildad.

“El triunfalismo trata de llegar a la meta mediante atajos, compromisos falsos. Busca subirse al carro del ganador. El triunfalismo vive de gestos y palabras que, sin embargo, no han pasado por el crisol de la cruz; se alimenta de la comparación con los demás, juzgándolos siempre como peores”, dijo.

Añadió que en cambio “Jesús destruyó el triunfalismo con su pasión (…) humildad no significa negar la realidad, y Jesús es realmente el Mesías, el Rey”.

El papa refrendó que “él sabe que para lograr el verdadero triunfo debe dejar espacio a Dios; y para dejar espacio a Dios solo hay un modo: el despojarse, el vaciarse de sí mismo. Callar, rezar, humillarse. Con la cruz no se puede negociar, o se abraza o se rechaza. Y con su humillación, Jesús quiso abrirnos el camino de la fe y precedernos en Él”.