Revelaré desde ya que ambos caminos llevan a lo mismo resultado: lo ominoso es aquella variedad de lo terrorífico que se remonta a lo consabido a lo familiar desde hace largo tiempo. ¿Cómo es posible que lo familiar devenga ominoso, terrorífico, y en qué condiciones ocurre?

(Sigmund Freud, Lo ominoso)

 

Para plantear una clínica de las adicciones hace falta nombrar algo que el sujeto lo hace tropezar en las diferentes re-peticiones que enfrenta ante el deseo del Otro de lo familiar. El sujeto de la toxicomanía hace del objeto una adicción de sus angustias. En primera parte la adicción en los sujetos empieza cuando el discurso capitalista nos ofrece objetos desechos con vigencia para su venta al público, de esta misma forma opera la droga ya sea legal o ilegal, ya que el toxicómano se encuentra atrapado en un goce autista que no hace lazo con los otros, buscando un reencuentro con lo perdido que se satisface parcialmente.

 

El problema de la droga viene cuando el sujeto rompe su relación alienante con ella, cuando empiezan los estragos de las consecuencias que le ha traído, pero mientras no exista una tensión entre el sujeto y la droga permanece en un silencio de su relación con ella, y aunque a este se le obligue o se le modifique con su “rehabilitación” hay algo del orden pulsional que hace que ese goce siniestro haga de este un placer que nunca sea igual , es por eso que cada sorbo, fumada o inhalada sea como la primera vez, porque el adicto no hace huella de experiencia sobre su consumo y lo lleva a los caminos de la pulsión de muerte que siempre se presenta como algo nuevo.

 

El problema agudo de la adicción es que se repite y aparece como un placer más grande que la familia. Otras de las características que podemos observar es que el adicto es convertido en un niño generalizado por la droga, que quiere aún más y sin cesar perdiendo su dignidad en su deseo como algo que no se alcanza pero que se motiva hacer logrado. La droga hace función de rechazo del inconsciente en toda posibilidad y hace que parezca imposible toda intervención terapéutica si el sujeto no demanda un tratamiento. La droga es una defensa ante lo siniestro del sujeto ante lo más familiar que se le presenta, mientras que el goce del objeto droga hace aislamiento el síntoma en cambio hace lazo con los otros, inclusive al analista que desde la transferencia hace hablar ese silencio que horroriza al sujeto.

 

Jacques - Alain Miller en Extimidad nos aclara que es eso que no se puede nombrar ante lo que le angustia al sujeto, y forma parte de lo más íntimo que a lo largo de su historia se vuelve exterior y se presenta como algo desconocido e inquietante y que retorna bajo en la toxicomanía como objeto droga, un Real en lo simbólico que forma parte de la repetición incesante de estar consumiendo aunque se haga “consciente” esa problemática, porque pertenece al orden del placer de eso que los sujetos no se puede curar. Pero en este caso la droga es un placer que lo lleva al dolor, a eso que en la orientación lacaniana se le llama goce que habita al sujeto sin orden. La toxicomanía cumple una función específica en los sujetos, que es el develamiento del Otro en su forma superyoica feroz donde esto forma parte de la novela familiar del sujeto que en la práctica clínica nos encontramos a diario con padres, madres, hijos, hermanos. Entonces aquí la toxicomanía es una manera de responder cuando el Otro no respondió en su momento y aunque en la neurosis nunca responde el Otro en su debido tiempo, el sujeto siempre tiene que arreglárselas con ese malentendido que lo llevar a presentar síntomas.

 

La apuesta sin garantía desde el psicoanálisis es ser estabilizado por el síntoma  porque mientras que lo droga es un goce que no hace lazo , el síntoma cumple una función de hacer existir al Otro de lo social que habita en el sujeto y más que curarlo, adaptarlo o eliminarlo hace que el sujeto lidie con lo familiar sin que lo angustie tanto para llegar a estar saturando ese goce con el  objeto droga, proponiendo un tratamiento que ponga en cuestión lo familiar y aunque la movilización por producto consumido es difícil, la palabra viene a dar forma a eso siniestro de la familia que hace presencia en cada inhalada de goce.