Los veterinarios advierten del riesgo de transmisión de enfermedades mortales, como la rabia

 

Del mismo modo que hay familias que deciden no vacunar a sus hijos, por la creencia de que pueden tener efectos secundarios perjudiciales, la comunidad veterinaria internacional ha detectado que la tendencia a no inmunizar está llegando a las mascotas. Estados Unidos y Australia han sido dos de los primeros países en encender las alarmas de las organizaciones sanitarias mundiales al comprobar que hay propietarios de perros y gatos que, a sabiendas, no administran a sus mascotas vacunas fundamentales para prevenir infecciones de enfermedades mortales ya erradicadas en los países desarrollados, como es el caso de la rabia.

 

“Es un tema muy preocupante, más de lo que la gente se imagina”, destaca Maria Teresa Martín, decana de la Facultad de Veterinaria de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). “Es una gran amenaza, si dejamos de vacunar enfermedades que están más o menos controladas, como la rabia, se acaba la inmunidad colectiva. Para la salud humana la más grave es la rabia”, enfatiza Maria Pifarré, veterinaria.

 

La humanización de las mascotas está detrás de la tendencia antivacunas. “Es una simple extrapolación de lo que está pasando en medicina humana”, sostiene Anna Ortuño, profesora de Sanidad Animal en la Facultad de Veterinaria de la UAB. “Las mascotas forman parte de nuestras familias y, como tales, queremos que tengan lo mejor y que gocen del mejor estado de salud posible. Esto nos puede llevar a incoherencias al intentar que nuestros animales sean como nosotros”. Entre los argumentos que ofrece el movimiento antivacunas figura el miedo a que los animales padezcan complicaciones varias o enfermen, aunque no hay pruebas ni ninguna constatación científica. “No hay ninguna evidencia de que sea perjudicial para la salud de la mascota”, destaca Pifarré.

 

El riesgo de esta práctica es evidente para los humanos, que pueden ser infectados por el contacto con los animales o, en el caso de la rabia, en caso de ser mordidos. Pero también existe, obviamente, un gran peligro para los gatos y los perros, que no quedan inmunizados y pueden enfermar y morir al contraer enfermedades que hasta ahora se mantienen a raya gracias a las vacunas.

 

“Es una extrapolación de lo que está pasando en la medicina humana” de no vacunar a los niños ANNA ORTUÑO Veterinaria, profesora Sanidad Animal UAB.

 

Porque la rabia no es la única amenaza si no se vacuna. “Hay otras enfermedades infecto-contagiosas de pronóstico muy grave como la parvovirosis o el bromo, que pueden presentar un índice de mortalidad muy elevado en la población canina”, añade la experta en Sanidad Animal de la UAB.

 

Aunque en España todavía no hay datos acerca de la incidencia del movimiento antivacunas en las mascotas, los colegios veterinarios creen que es una tendencia incipiente. Si se observa la evolución en países de referencia como Estados Unidos, el problema se trasladará pronto a Europa. “Cada vez hay más animales que no se vacunan”, constata Pifarré.

 

La información, sostienen los veterinarios, es el mejor antídoto contra una práctica peligrosa y carente de toda lógica y sentido común. La vacuna es una preparación destinada a que el animal genere inmunidad contra una determinada enfermedad estimulando la producción de anticuerpos.

 

Si la rabia fue erradicada completamente de los países desarrollados –incluida España–, fue gracias a la vacunación obligatoria contra esta enfermedad. Pero no sucede lo mismo en todo el mundo, donde se detectan cada año alrededor de 60.000 casos de rabia, muchos protagonizados por niños o jóvenes que son mordidos por un perro.

 

“La rabia es aún la enfermedad vírica de mayor repercusión mundial”, recuerda Pifarré, miembro del Consell de Col·legis Veterinaris de Catalunya (CCVC). No solo los perros transmiten la rabia, también pueden transmitirla los gatos. El gran problema de los felinos es que existe la falsa creencia de que, al no salir de casa, no es necesario vacunar. “La rabia es una amenaza que hemos de tener en cuenta, en especial en el marco de la salud pública”, advierte Anna Ortuño (UAB).

 

No sólo los perros transmiten la rabia; también los gatos

 

La rabia se transmite a través de la saliva, ya sea por un mordisco o por penetrar en una herida abierta. Sigue siendo mortal y no tiene cura. Hace pocos años hubo un caso de infección por rabia en Toledo (2014), después de que un perro mordiese a cuatro personas, entre ellas un niño al que el can mordió en la cara. El perro había viajado a Marruecos, entró a España escondido en una caravana, y no estaba vacunado.

 

Los organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) instan a que no se deje de vacunar de la rabia, especialmente en países como España, que por su situación fronteriza actúa como barrera entre Europa y África. “En un mundo globalizado como en el que vivimos, es una gran equivocación no vacunar contra la rabia. Cada vez nos llevamos más a nuestras mascotas de vacaciones, por lo que debemos protegerlas”, argumenta Pifarré.

 

¿Cuándo y cómo vacunar?

 

Para poder tener una buena inmunización a partir de una vacuna es necesario que el animal, como sucede con las personas, se encuentre en un buen estado de salud. “Por eso, antes de cada vacuna el veterinario hace una anamnesis completa y explora el animal, para poder sacar el mejor partido a la vacunación”, detalla Pifarré.

 

La primera vacunación se debe administrar en el primer año de vida del animal y después al año siguiente. “Los cachorros tienen inmunidad materna, de forma que si lo vacunamos demasiado temprano, los anticuerpos que reaccionarán con la vacuna serán los maternos, por lo que cuando desaparezca esta inmunidad, se irá con ella la protección vacunal”, advierte Pifarré. No es recomendable vacunar al cachorro con una vacuna con muchas enfermedades, ya que “el sistema inmunitario se colapsará y quedará expuesto a las enfermedades”, añade.

 

En el caso de la vacuna de la rabia, se suele vacunar cuando el animal tiene unos cuatro meses y luego anualmente. Otras vacunas se deben repetir a los dos o tres años y perros y gatos tienen distintas vacunas en función de las enfermedades específicas que presentan, como la leucemia felina.

 

“Los cachorros tienen inmunidad materna; si vacunamos demasiado pronto, se perderá la protección” MARIA PIFARRÉ Veterinaria

 

No obstante, los veterinarios recomiendan acudir al especialista para decidir la mejor pauta de vacunación para cada mascota según su forma de vida, su estado sanitario y las necesidades que presente en cada momento. “El protocolo vacunal se debe diseñar de forma específica para cada animal. Intervienen varios factores que hay que tener muy presentes. Son factores que están relacionados con el animal, su estado sanitario, la edad, el modus vivendi, pero también con la situación epidemiológica del área donde vive el animal”, explican los veterinarios consultados.

 

No hay pues una norma universal para todos los gatos y perros. “Lo más importante es no administrar vacunas innecesarias o aplicar pautas vacunales arbitrarias. Por otro lado, la vacunación de animales geriátricos, de mucha edad, puede no ser aconsejable si el riesgo de efectos secundarios es alto”, añade Ortuño.

 

¿Las vacunas son obligatorias?

 

La normativa cambia en función de los países e incluso en las distintas comunidades autónomas. En Catalunya y el País Vasco, por ejemplo, no es obligatorio vacunar contra la rabia porque se considera que al estar erradicada la enfermedad no hay riesgo, pero en cambio en otras comunidades –entre ellas Madrid– sí es obligatorio. Es paradójico, según los expertos, porque se trata de dos regiones fronterizas (Catalunya y el País Vasco) que están más expuestas a la entrada y salida de animales. En otras comunidades, como Asturias, solo es obligatorio vacunar de la rabia a los perros de razas consideradas potencialmente peligrosas, al considerar que hay más riesgo de que el animal pueda morder.

 

Del mismo modo que hay familias que deciden no vacunar a sus hijos, por la creencia de que pueden tener efectos secundarios perjudiciales, la comunidad veterinaria internacional ha detectado que la tendencia a no inmunizar está llegando a las mascotas. Estados Unidos y Australia han sido dos de los primeros países en encender las alarmas de las organizaciones sanitarias mundiales al comprobar que hay propietarios de perros y gatos que, a sabiendas, no administran a sus mascotas vacunas fundamentales para prevenir infecciones de enfermedades mortales ya erradicadas en los países desarrollados, como es el caso de la rabia.

 

“Es un tema muy preocupante, más de lo que la gente se imagina”, destaca Maria Teresa Martín, decana de la Facultad de Veterinaria de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). “Es una gran amenaza, si dejamos de vacunar enfermedades que están más o menos controladas, como la rabia, se acaba la inmunidad colectiva. Para la salud humana la más grave es la rabia”, enfatiza Maria Pifarré, veterinaria.

 

Los veterinarios advierten de la incoherencia de intentar que los animales sean y vivan como las personas

 

La humanización de las mascotas

 

La humanización de las mascotas está detrás de la tendencia antivacunas. “Es una simple extrapolación de lo que está pasando en medicina humana”, sostiene Anna Ortuño, profesora de Sanidad Animal en la Facultad de Veterinaria de la UAB. “Las mascotas forman parte de nuestras familias y, como tales, queremos que tengan lo mejor y que gocen del mejor estado de salud posible. Esto nos puede llevar a incoherencias al intentar que nuestros animales sean como nosotros”. Entre los argumentos que ofrece el movimiento antivacunas figura el miedo a que los animales padezcan complicaciones varias o enfermen, aunque no hay pruebas ni ninguna constatación científica. “No hay ninguna evidencia de que sea perjudicial para la salud de la mascota”, destaca Pifarré.

 

El riesgo de esta práctica es evidente para los humanos, que pueden ser infectados por el contacto con los animales o, en el caso de la rabia, en caso de ser mordidos. Pero también existe, obviamente, un gran peligro para los gatos y los perros, que no quedan inmunizados y pueden enfermar y morir al contraer enfermedades que hasta ahora se mantienen a raya gracias a las vacunas.

 

“Es una extrapolación de lo que está pasando en la medicina humana” de no vacunar a los niños ANNA ORTUÑO Veterinaria, profesora Sanidad Animal UAB.

 

Porque la rabia no es la única amenaza si no se vacuna. “Hay otras enfermedades infecto-contagiosas de pronóstico muy grave como la parvovirosis o el bromo, que pueden presentar un índice de mortalidad muy elevado en la población canina”, añade la experta en Sanidad Animal de la UAB.

 

Aunque en España todavía no hay datos acerca de la incidencia del movimiento antivacunas en las mascotas, los colegios veterinarios creen que es una tendencia incipiente. Si se observa la evolución en países de referencia como Estados Unidos, el problema se trasladará pronto a Europa. “Cada vez hay más animales que no se vacunan”, constata Pifarré.

 

La información, sostienen los veterinarios, es el mejor antídoto contra una práctica peligrosa y carente de toda lógica y sentido común. La vacuna es una preparación destinada a que el animal genere inmunidad contra una determinada enfermedad estimulando la producción de anticuerpos.

 

La rabia, una amenaza para la salud pública

 

Si la rabia fue erradicada completamente de los países desarrollados –incluida España–, fue gracias a la vacunación obligatoria contra esta enfermedad. Pero no sucede lo mismo en todo el mundo, donde se detectan cada año alrededor de 60.000 casos de rabia, muchos protagonizados por niños o jóvenes que son mordidos por un perro.

 

“La rabia es aún la enfermedad vírica de mayor repercusión mundial”, recuerda Pifarré, miembro del Consell de Col·legis Veterinaris de Catalunya (CCVC). No solo los perros transmiten la rabia, también pueden transmitirla los gatos. El gran problema de los felinos es que existe la falsa creencia de que, al no salir de casa, no es necesario vacunar. “La rabia es una amenaza que hemos de tener en cuenta, en especial en el marco de la salud pública”, advierte Anna Ortuño (UAB).

 

No sólo los perros transmiten la rabia; también los gatos

 

La rabia se transmite a través de la saliva, sea por un mordisco o por una herida abierta

 

La rabia se transmite a través de la saliva, ya sea por un mordisco o por penetrar en una herida abierta. Sigue siendo mortal y no tiene cura. Hace pocos años hubo un caso de infección por rabia en Toledo (2014), después de que un perro mordiese a cuatro personas, entre ellas un niño al que el can mordió en la cara. El perro había viajado a Marruecos, entró a España escondido en una caravana, y no estaba vacunado.

Los organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) instan a que no se deje de vacunar de la rabia, especialmente en países como España, que por su situación fronteriza actúa como barrera entre Europa y África. “En un mundo globalizado como en el que vivimos, es una gran equivocación no vacunar contra la rabia. Cada vez nos llevamos más a nuestras mascotas de vacaciones, por lo que debemos protegerlas”, argumenta Pifarré.

 

¿Cuándo y cómo vacunar?

 

Para poder tener una buena inmunización a partir de una vacuna es necesario que el animal, como sucede con las personas, se encuentre en un buen estado de salud. “Por eso, antes de cada vacuna el veterinario hace una anamnesis completa y explora el animal, para poder sacar el mejor partido a la vacunación”, detalla Pifarré.

 

La primera vacunación se debe administrar en el primer año de vida del animal y después al año siguiente. “Los cachorros tienen inmunidad materna, de forma que si lo vacunamos demasiado temprano, los anticuerpos que reaccionarán con la vacuna serán los maternos, por lo que cuando desaparezca esta inmunidad, se irá con ella la protección vacunal”, advierte Pifarré. No es recomendable vacunar al cachorro con una vacuna con muchas enfermedades, ya que “el sistema inmunitario se colapsará y quedará expuesto a las enfermedades”, añade.

 

En el caso de la vacuna de la rabia, se suele vacunar cuando el animal tiene unos cuatro meses y luego anualmente. Otras vacunas se deben repetir a los dos o tres años y perros y gatos tienen distintas vacunas en función de las enfermedades específicas que presentan, como la leucemia felina.

 

“Los cachorros tienen inmunidad materna; si vacunamos demasiado pronto, se perderá la protección” MARIA PIFARRÉ Veterinaria.

 

No obstante, los veterinarios recomiendan acudir al especialista para decidir la mejor pauta de vacunación para cada mascota según su forma de vida, su estado sanitario y las necesidades que presente en cada momento. “El protocolo vacunal se debe diseñar de forma específica para cada animal. Intervienen varios factores que hay que tener muy presentes. Son factores que están relacionados con el animal, su estado sanitario, la edad, el modus vivendi, pero también con la situación epidemiológica del área donde vive el animal”, explican los veterinarios consultados.

 

No hay pues una norma universal para todos los gatos y perros. “Lo más importante es no administrar vacunas innecesarias o aplicar pautas vacunales arbitrarias. Por otro lado, la vacunación de animales geriátricos, de mucha edad, puede no ser aconsejable si el riesgo de efectos secundarios es alto”, añade Ortuño.

 

¿Las vacunas son obligatorias?

 

La normativa cambia en función de los países e incluso en las distintas comunidades autónomas. En Catalunya y el País Vasco, por ejemplo, no es obligatorio vacunar contra la rabia porque se considera que al estar erradicada la enfermedad no hay riesgo, pero en cambio en otras comunidades –entre ellas Madrid– sí es obligatorio. Es paradójico, según los expertos, porque se trata de dos regiones fronterizas (Catalunya y el País Vasco) que están más expuestas a la entrada y salida de animales. En otras comunidades, como Asturias, solo es obligatorio vacunar de la rabia a los perros de razas consideradas potencialmente peligrosas, al considerar que hay más riesgo de que el animal pueda morder.

 

Por otar parte, a más animales vacunados, menor es el riesgo de infección para todas las mascotas. La vacunación actúa como un cortafuegos para la diseminación de cualquier enfermedad, ralentizando o evitando la transmisión. “Ha sucedido esto con la parvovirosis y el moquillo, que se ha vacunado masivamente ante la avalancha de animales del extranjero que se han criado en malas condiciones y que reintroducen enfermedades que estaban más o menos controladas, y ahora nos encontramos con una incidencia mucho menor que en los años 80”, ejemplifica Pifarré.

 

Que no salgan a la calle no es excusa

 

Los veterinarios advierten que no puede ser ninguna justificación para no vacunar a nuestro animal de compañía el hecho de que no salga a la calle, como sucede especialmente con los gatos. Las infecciones pueden llegar igualmente en el ámbito doméstico a través de los zapatos, la ropa o las bolsas que llegan de fuera hasta el hogar. “Podemos traer agentes infecciosos que pueden atacar a nuestra mascota”, advierte Pifarré.

 

Por otro lado, existe la posibilidad de que el gato se escape o se caiga por una ventana o una terraza. “En este caso tendremos un animal sin defensas enfrentándose al entorno, junto con una ración de estrés que todavía lo hace más susceptible a infecciones”, añade.

 

Las infecciones pueden llegar a casa a través de los zapatos, la ropa, bolsas...

 

Otro de los factores que según los especialistas explican cierta relajación en la administración de las vacunas a las mascotas está la falsa creencia de que no es necesario revacunar porque las vacunas son ahora más eficientes que nunca. “Actualmente se administran vacunas muy eficientes, muy bien desarrolladas que permiten establecer las revacunaciones en períodos más largos; algunas vacunas no es necesario administrarlas anualmente, sino que se pueden administrar cada 2-3 años”, explica Ortuño. “Quizás esto ha sido mal interpretado y ha inducido a pensar que no es necesario revacunar, pero es evidente que esto no quiere decir dejar de vacunar, todo lo contrario”, añade la profesora.

 

Tipos de vacunas

 

Y es que hay diferentes tipos de vacunas. El primer gran grupo son las denominadas vivas o atenuadas, con microorganismos vivos pero debilitados, sin propiedades patógenas. Con este tipo de vacunas hay que tener cuidado con los animales inmunodeprimidos, ya que pueden desarrollar la enfermedad. Pertenecen a este grupo las más comunes: moquillo, parvovirosis, hepatitis vírica, tos de las perreras, panleucopenia felina, herpesvirus o chlamidiasis.

 

Un segundo tipo son las llamadas vacunas inactivadas en la que los patógenos están muertos pero mantienen su estructura. La inmunidad generada es de menor intensidad y suele durar menos tiempo, por lo que requiere más de una dosis (dosis de refuerzo). En este grupo está la rabia.

 

Existen también las vacunas toxoides, que llevan componentes tóxicos inactivados de microorganismos (tétanos o difteria). Y el último grupo es el de las subunidades, recombinantes, polisacáridos y combinadas. Utilizan solo partes del germen, como proteínas, polisacáridos o la cápsula. La respuesta es muy fuerte contra esas partes específicas del patógeno. Pueden utilizarse en animales con sistemas inmunitarios debilitados. Normalmente necesitan dosis de refuerzo para tener una protección continua. En este grupo está la leucemia felina.

 

Más beneficios que efectos adversos

 

Los especialistas describen los efectos adversos más comunes asociados a la administración de la vacuna. En primer lugar aparece la fiebre y el agotamiento del animal. Se pueden producir también reacciones en el punto de inoculación de la vacuna y vómitos y diarreas. También, con menor frecuencia, los edemas, el prurito generalizado o, en casos extremos, la reacción anafiláctica que puede llegar a provocar la muerte. “Los efectos de la vacunación deben superar siempre los riesgos y los individuos deben ser evaluados en función del riesgo de exposición y la respuesta esperada: probabilidad de infección si se expone y de la gravedad si se infecta”, comenta Pifarré.

 

Y para quienes dudan sobre la conveniencia de vacunar a sus mascotas, agrega que “no es tan terrible vacunar una o dos veces al año, te aseguras de que el animal está en perfecto estado de salud, alivia la salud humana y la de nuestra mascota, que tanto queremos. En ningún momento podemos olvidar que nuestra implicación con las mascotas no solo tiene que ver con lo mucho que las amamos y las respetamos, sino que también es importante para la salud de la sociedad”.