La orquesta cautivó al público con una selección de temas que son usados como encores de conciertos sinfónicos

 

Culiacán, Sin.- ¡De lujo estuvo el tradicional Concierto de Año Nuevo 2017 ofrecido por la Orquesta Sinfónica Sinaloa de las Artes en un Teatro Pablo de Villavicencio lleno de gente de todas las edades, para disfrutar del programa ¡La última será la primera!, integrado con esos temas que suelen ofrecerse en los conciertos sinfónicos como  encores, al público que pide otra y que son la cereza del pastel.

 

Con ello, el Instituto Sinaloense de Cultura abre actividades para el año 2017, y es como una probadita de lo que tiene preparado la Orquesta para este año.

 

A lo largo del concierto, los aplausos fueron constantes así como los bravos a las piezas más jubilosas y llamativas. La Danza de las Horas (de La Gioconda), de Almicare Ponchielli, fue la primera que provocó una salva de bravos y un largo aplauso; el aria La reina de la noche, de Wolfang Amadeus Mozart, cantada magistralmente por la soprano culiacanense Sherezada Cruz, fue otra.

 

Bajo la dirección del maestro Gordon Campbell, la Ossla abrió fuego con Farandole (de La Arlesianne), de Georges Bizet, en la que se siente a los Reyes Magos marchar rumbo a Belén, para seguir con la jubilosa Danza No.8 (de las Danzas Eslavas), de Anton Dvorak.

 

Luego, la susodicha Danza de las Horas, que fue de las más aplaudidas y pocas veces tocada por estos rumbos; también la Marcha Húngara (de Fausto), de Héctor Berlioz, también sin desperdicio, para luego bajar el ritmo con  la Fantasía sobre Greensleeves, de Ralph Vaughn Williams, suave y cadenciosa.

 

Después volvió el ritmo trepidante con la Danza Húngara No.5, de Johannes Brahms, y la hermosa Marcha eslava, de Piotr Illich  Tchaikovsky, con la que cerró la primera parte.

 

Tras el intermedio, escuchamos la ilustrativa Cabalgata de las Valquirias, de Richard Wagner, seguida por el aria La reina de la noche, de Wolfang Amadeus Mozart, con Sherezada Cruz en la voz, quien fue muy, muy aplaudida.

 

Y para los que pedían valses,  el de La bella durmiente, de Tchaikovsky, fue suficiente,  para volver al ritmo frenético con Danza ritual del fuego (de El amor brujo), de Manuel de Falla, y la Danza de los sables, de Aram Khachaturian, y tomar luego un respiro con el cadencioso Aire de la Suite orquestal No.3, de Johann Sebastian Bach.

 

Para cerrar, una pieza más moderna con El Animador, de Scott Joplin, y la hipnotizante y cautivadora Rapsodia Rumana No.1, de Eugene Enesco, que cosechó una larga ovación.

 

Y como para volver a la tradición vienesa de los Conciertos de Año Nuevo, el programa cerró con la celebrada Marcha Radetzky, de Johann Strauss Sr., que el público acompañó con palmas leves en una parte para subir a fuertes palmas a continuación.

 

Fue un buen concierto de principio a fin, no dejó espacio para el bostezo, ninguna pieza se quedó sin aplausos de intensa aprobación y nadie salió defraudado.

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