Entrevisté a Xavier López “Chabelo” en 1996, una época en la que el actor y productor era objeto de numerosos homenajes, ante lo cual bromeó: “A lo mejor es que ya me voy a morir”.

 

No se comportó, sin embargo, con la simpatía que sería de esperarse, sino todo lo contrario, lo cual resultó perturbador para mí porque la cara era la misma del personaje de mis años de mi infancia, pero otra la indumentaria, otra la actitud, y sobre todo otra, muy otra, la voz con que me hablaba: Del peculiar y agudo tono aniñado, me topé con una voz profundamente grave, y, especialmente, con un señor que nada en principio parecía tener de amable.

 

Curiosamente, el tema inicial de la entrevista fue la muerte de “Chabelo”, un hecho que el propio Xavier López consideraba ya inminente pues era entonces un hombre de 60 años de edad que, comentó, no podría seguir interpretando mucho más tiempo a un niño.

 

Dieciocho años después, tal “muerte” del personaje no ha ocurrido, pero Xavier López “Chabelo” ha anunciado el fin de su programa "En Familia", con el que obtuvo dos récords Guinness: uno por tener la carrera más larga como conductor infantil, 48 años, y otro por ser el actor que por más tiempo ha interpretado un personaje, 58 años. 

 

En épocas recientes, Chabelo ha vivido en medio de comentarios del más ácido humor  en las redes sociales donde diariamente, y minuto tras minuto, lo convierten en "meme” especulando que posee el don de la inmortalidad.

 

Quién sabe si hoy, a sus 78 años de edad, “el amigo de todos los niños” siga pensando en la muerte de “Chabelo” o del propio Xavier López. Por lo pronto, la muerte de "En Familia" llega el próximo 20 de diciembre.

 

Lo cierto es que en esta entrevista, como en ninguna otra de que tengamos noticia, el personaje más longevo de la televisión mexicana reconoce con claridad (y hasta con cinismo) la vocación estrictamente mercantil y cero social de Televisa, un tema que ha cobrado especial relevancia sobre todo a raíz del reciente proceso electoral.

 

Volví a ver a Xavier López años después de la entrevista. Me lo encontré en horas de la madrugada acompañado de toda su familia en el restaurante “Noche y Día”, el único “afterhours” decente que existía por entonces en la ciudad de México. Venían de una boda, me explicó, y quisieron “seguirla”, todos vestidos de etiqueta. Con notoria amabilidad allí sí, alegre aunque no ebrio, me presentó a su esposa, hijos y nietos y tuvo elogiosos comentarios para esta entrevista que aseguró “es la mejor que me han hecho en toda mi vida”.

 

Por mi parte, la dejo a la consideración y el juicio de quienes verdaderamente importan, que son ustedes, queridos lectores.

 

LER

 

 

“Soy un negocio”, se define Chabelo: “La TV en México no es un lugar de caridad”

           

Por Luis Enrique Ramírez

 

Chabelo catafixeado por Xavier López. No es que uno esperase verlo de short y ser recibido con un “¡Hola cuate!”, pero la seriedad del hombre vestido de traje detrás de un escritorio, desconcierta. “Usted me dirá”, dice con voz grave, seco el tono, en las oficinas de su empresa PubliproduccionesXalo, con un circuito cerrado de televisión que lo resguarda.

 

Es tiempo de homenajes para Xavier López y su personaje Chabelo. El más reciente le fue rendido en La Feria de Chapultepec, donde recibió el premio Xiuhcoatl al mérito artístico. Otros han sido, en este año, los de la Cámara Nacional de la Radio y la Televisión –que le fue entregado por el presidente Ernesto Zedillo-, del Club de Leones, de los Rotarios y de la revista TV y Novelas.

 

-A lo mejor es que ya me voy a morir –comenta.

 

-¿O será que se va a morir Chabelo?

 

-De eso estoy muy consciente. Sé que tiene que llegar la muerte de Chabelo como tiene que llegar la de Xavier López. Es decir, tendrá que llegar el momento en que deje de hacer el personaje, lo cual me da mucha tristeza porque es desprenderme de lo que tantas satisfacciones me ha dado en la vida. Tener que desaparecer estando vivo. Llevo muchos años planteándomelo, y le confieso que me sigue resultando muy difícil.

 

Dependerá del público, dependerá de la naturaleza misma y hago una petición a Dios para que me dé la sensibilidad de saber en qué momento hacerlo. Tengo 41 años de hacer a Chabelo. Creo que soy el actor que durante más tiempo ha representado el mismo personaje.

 

-¿Ha sido el único que ha representado?

 

-El público ha sido tan bueno que ya dan por hecho la existencia de Chabelo, y le han permitido hacer otros personajes. Chabelo ha interpretado policías, muñecos, monaguillos. Chabelo ha sido capaz de desarrollar su propia personalidad, su propia manera de pensar, vaya, yo he notado que hasta su propia manera de moverse. Yo siempre hablo de él en tercera persona.

 

-¿No le guarda recelo?

 

-No, porque nunca he sentido que me haya restado la posibilidad de hacer otras cosas. Yo no me he pasado la vida solamente haciendo a Chabelo. Lo hago en el teatro de revista siempre, pero en el teatro de comedia he hecho otras cosas al mismo tiempo y no ha pasado nada. Sigue Chabelo. Yo, realmente, he encontrado un amigo en él.

 

-¿O un hijo?

 

-Pues no, yo tengo hijos y el amor a mis hijos es de otra manera. Yo he logrado una familia, Bendito sea Dios: tengo una esposa y tres hijos varones. El mayor se dedica a los negocios, el de en medio es un gran músico y el más pequeño es actor de comedia musical, ahorita está con “el Loco” Valdés en el Teatro Hidalgo.

 

-Ya dijo la edad de Chabelo, ¿La de Xavier López no se dice?

 

-La de Chabelo no se ha dicho: 41 años es la edad de vigencia, pero yo considero que Chabelo empezó como de 8 y actualmente tiene como 13. Y yo tengo 60 años.

 

-¿Cómo inició el personaje?

 

-Mi carrera artística ha sido meramente casual. Cuando nació la televisión yo trabajaba en la empresa jabonera más importante y empiezo en el área de producción como “ejecutivo B”: Ve a traer refrescos, ve a traer cigarros. Era una industria que nadie conocía, la empezamos a hacer un poco todos, habilitándonos, improvisando.

 

Y sucede que yo paso a sustituir al actor que no llegó al ensayo de un teleteatro pero siempre, más que con la intención de ser actor, de cubrir una necesidad en ese momento. Creo que era un destino. De repente dejo la carrera de medicina en segundo año y me dedico a estudiar arte dramático, música, a prepararme.

 

Y de pronto, en un programa con el señor Ramiro Gamboa, hago un personaje que lo piden y que se repite, y comienzo a darle forma y a dedicarle más horas de tiempo. Me contrata una marca de refrescos, me tiene de exclusivo 5 años y me da a conocer en toda América. El autor de aquel libreto de chistes fue quien le puso a aquel niño “Chabelo”.

 

-¿Y hay algo de Chabelo en el Xavier López de la vida real?

 

-El hacer mi personaje me ha liberado de muchos deseos reprimidos que tuve de niño: mentarle la madre a una gente o hacer un berrinche, todas esas cosas que nos quedamos con ellas por la educación o porque el papá no nos deja…

 

-¿Qué va a hacer Xavier López cuando muera Chabelo?

 

-Mire, he creado esta empresa porque luego de pasar 40 y tantos años trabajando en la televisión comercial, lo único que realmente me creo capaz de hacer es publicidad. Ésta es una agencia de publicidad y es mi paracaídas, el lugar donde seguiré haciendo lo que sé hacer, lo que he aprendido.

 

Tengo toda la vida de producir para Chabelo. Ahora, de hecho, ya he comenzado a producir para otra gente. Apenas inicié un proyecto en Canal 5, un programa para niños con un grupo de marionetistas mexicanos que se llamará Amigooppets. Tengo también el encargo el señor Azcárraga de producir 6 horas diarias para un canal de satélite.

 

-¿Qué responde a quienes dicen que En Familia es el anuncio más largo de la televisión?

 

-Que estoy de acuerdo con ellos. Soy el inventor de esta fórmula de comerciales disfrazados de concursos. Ahora todo mundo la copia. No creo que dentro de la televisión comercial sea el ideal, como tampoco me siento agredido por quienes me llaman el vendedor número uno de chatarra de México. ¡Tienen razón!

 

Es una forma de hacer publicidad con una dosis también de entretenimiento y fundamentalmente la intención de crear una conciencia de familia. Creo que es uno de los grandes valores que debemos preservar los mexicanos y mantener a toda costa… Pero bueno, la televisión comercial en México no es propiamente un lugar de caridad. Hay que vender. Porque también le puedo decir que si tengo los años que tengo en la televisión, de ninguna manera es por mi linda cara ni porque soy muy bueno ni porque me quieren mucho. Soy un  negocio. Igual que lo es todo lo que está en pantalla.

 

La televisión requiere que seas sujeto de venta. Si no vendes, no estás. La verdad es lo único que no tengo por qué discutir y no me cuesta trabajo decirla. De nada serviría que yo me sintiera agredido porque me dicen que hago el comercial más largo de la televisión. O sea, es cierto lo que dicen.

 

-¿Y no hay de otra?

 

-Pues no sé si haya de otra, pero en nuestro país el sistema que se tiene que seguir es éste. Si yo me quisiera defender le diría: “Oiga sí, pero también las fábricas que me contratan le dan de comer a mucha gente” Esas son ¡pendejadas! Yo no tengo nada qué ver con eso. Yo estoy para el que me contrate.

 

-Sin embargo, la vigencia de Chabelo tal vez se deba a esa figura del niño bueno que da regalos…

 

-Yo no sé si sea eso. La verdad yo tendría que hablar de dos partes. Por un lado estoy en la televisión, soy una persona que produce para una empresa que vende tiempo. Cierto. Y por otro lado está la parte romántica de que realmente me gusta hacer el personaje y la gente lo quiere. A Chabelo lo he venido cambiando de acuerdo a como cambian los niños. Me he dado cuenta de que la única manera de comunicarme con ellos es siendo honesto. Yo nunca me he propuesto: “Voy a dar cosas para que la gente diga ¡Ay qué bueno es! No, yo no doy nada. Yo saludo con sombrero ajeno. A mí me dan los patrocinadores los premios y yo los entrego.

 

-Y así se habrá hecho millonario…

 

-¿Millonario en dinero? No. Vivo bien. Además, millonario como son los millonarios ahora… ¡Si me apellido López, hombre!

 

 

Publicado originalmente en La Jornada el 24 de julio de 1996.

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