En esta entrevista realizada en 1990, Cuevas habla de sí mismo como artista plástico y como escritor; también, de las revelaciones de su futuro que le hizo una cartomanciana en Culiacán...

 

 

 

Ciudad de México.- Una cartomanciana reveló en Culiacán a José Luis Cuevas:

 

“Veo en ti una espléndida salud futura, y también veo algo que me sorprende: una capacidad sexual inagotable. Vivirás mucho, pero vas a conservar intacta tu potencia sexual…”.

 

Es el propio Cuevas, recién llegado de una gira por el norte, quien narra la anécdota.

 

“Eso me ha llenado de optimismo”, dice, aunque advierte que “nunca he creído en esas cosas. Consulté a la lectora de cartas porque mi hija Ximena, que me acompañó en el viaje, quería filmar una sesión de este tipo”.

 

Añade, no obstante, que “si la adivinadora tiene razón, podré seguir escribiendo por siempre mis memorias sobre temas eróticos”. 

 

***

 

El primer tomo de las memorias de José Luis Cuevas es presentado por Editorial Bruguera. "Cuevas antes de Cuevas" es el título y comprende la vida del pintor desde la infancia hasta la adolescencia. Explica:

 

“Semanalmente publico una columna autobiográfica en el suplemento El Búho de Excélsior que se llama ‘Cuevario’. Esta columna tiene mucho éxito, un porcentaje muy elevado de lectores; alrededor del 90 por ciento de los lectores de Excélsior la sigue. Ya llevo yo unas 2 mil cuartillas publicadas ahí, porque la inicié hace seis años y he sido sumamente cumplido. 

 

Las columnas no han salido en orden cronológico, pero cuando la editorial se interesó por publicarlas en dos tomos yo las seleccioné y, al dar un orden a los hechos, el resultado fue una especie de novela”.

 

Ya la editorial Era le publicó un libro autobiográfico, "Cuevas por Cuevas"; Grijalbo editó "Cuevario" con textos suyos sobre artes plásticas y en Francia apareció hace tiempo su libro "Les obssesions noires de Cuevas" con el sello Galilea.

 

“No soy nuevo en esto de la literatura. Me sorprendió ver que en una enciclopedia de escritores mexicanos que editó la UNAM me dedican seis hojas, más espacio que a muchos escritores. 

 

Mi afición por hacer literatura nace al mismo tiempo que mi vocación de pintor. Ahora bien, este libro tiene la particularidad de que, a pesar de que se inicia prácticamente con mi nacimiento, desde el primer capítulo ya hay alusiones a temas eróticos. Yo diría que las siguientes partes de mi autobiografía pueden considerarse libros eróticos. El erotismo es constante en mi escritura, en mi pintura y en mis actos”.

 

-¿Usted se considera escritor?

 

-Me siento escritor desde el momento que escribo y lo hago bien. Entonces, podría decir que soy buen escritor. A veces no me satisface la idea de que se me esté conociendo más como escritor que como pintor; a donde voy, la gente me comenta lo que escribo, porque como quiera que sea la presencia en un periódico es más accesible a un gran público.

Yo quiero que se me conozca más que nada como pintor, y creo que mi auténtica expresión está en mi labor de grabador, dibujante y pintor. No soy un escritor profesional, soy un escritor de domingos, porque solo los domingos escribo. Además, no tengo imaginación literaria. Soy incapaz de inventar situaciones. Me tengo que apoyar en cosas de mi vida, en lo real, en lo que he pasado.

 

-¿Así se explica esta obsesión consigo mismo al escribir?

 

-Yo soy un cronista de mí mismo. Pero al ser cronista de mí mismo también vengo a ser cronista de una época y de una ciudad, puesto que yo me desenvuelvo dentro de un grupo de intelectuales que forman parte de mi biografía y aparecen constantemente en mis textos.

La obsesión por lo autobiográfico sí la tengo, definitivamente, tengo este espíritu de notario de ir llevando anotaciones de lo que a diario sucede; a veces es el suceso inmediato y a veces es el recuerdo. Tengo una memoria, eso sí, verdaderamente excepcional; no necesito recurrir a expedientes antiguos, a cargas o a recortes de prensa de otras épocas para poder elaborar mis memorias. Esto viene a ser un poco el equivalente al retrato dibujado; es también conocido el hecho de que yo me autorretrato diario, las actividades del día las inicio subiendo a mi estudio y dibujándome frente a un espejo. La autobiografía viene a ser lo mismo; no es más que un hablado. La obsesión del que yo se expresa también a través de otro hecho muy conocido mío: desde hace 35 años todos los días me tomo una foto para llevar un registro del paso del tiempo.

 

-¿No llega al hartazgo de sí?

 

-No puede haber hartazgo cuando no hay repetición en tu vida. Hay hartazgo si tú hablas siempre de lo mismo, pero si todos los días te pasa algo distinto no te puedes hartar de la vida. Los que se hartan son aquellos que viven días iguales.

 

-¿Qué hace usted para no tener días iguales?

 

-En primer lugar, dibujar. Aunque no saliera de mi estudio todos los días serían diferentes, y yo estaría viviendo una aventura fantástica, porque, contrario a lo que pudieran decir algunos de mis detractores –cosa que me tiene sin cuidado-, en mi obra no hay la más mínima repetición. La aventura está precisamente en siempre dibujar diferente, siempre hay una invención en la anatomía de los personajes, en lo que quieren decir; sea yo mismo o sean modelos, hay un cambio constante. Por otro lado, mi vida es sumamente rica en experiencias.

 

***

 

La entrevista tiene lugar en su bella casa de San Ángel. Su esposa Bertha Riestra me recibe amable y apresurada, algo anda organizando con sus hijas, muy jóvenes entonces, que revolotean por toda la casa. Años después el destino me llevaría a una amistad entrañable con la hija mayor, Ximena, a quien acompañé  en el doloroso funeral de su madre en el Museo José Luis Cuevas en el año 2 mil, horas antes de tomar el avión que me regresaría a vivir de nuevo en mi tierra, Culiacán. Cosas del destino: mi madre padecía en ese momento la misma enfermedad en la sangre que Bertha. Gracias a Dios, mi madre sobrevivió y vive a la fecha, con el mal controlado en virtud de los avances de la ciencia médica.

 

En este momento de la charla, Cuevas ha pasado a hablar en voz baja, pausada. De la picardía inicial, transita a una seriedad absoluta.

 

-¿Dejar una constancia diaria del paso del tiempo no es angustiante?

 

-Angustiante es vivir, angustiante es existir. Y si lo que a usted le preocupa mayormente es lo efímero de las cosas, de las relaciones humanas, del arte mismo, todo se va demasiado pronto. Cuando se tiene conciencia del paso del tiempo, del envejecimiento, de la muerte y todo, hay una necesidad de atrapar todos esos instantes y, de alguna manera, fijarlos a través de la escritura o del dibujo.

 

-¿No es una forma de autocastigo?

 

-Se puede ver de dos formas diferentes: narcisismo o autoflagelación. Yo diría que ambas cosas se dan en una posición, pero al hacer una obra que gire en torno a uno mismo es una forma de ver la vida y es una forma de hacer arte. Además, por supuesto no soy el inventor de este yoísmo ni mucho menos; en Franz Kafka, que es un escritor al que yo he ilustrado, todo gira en torno a sus problemas personales, familiares, sus conflictos con su novia, con el padre.

 

-¿Le afectan las huellas del tiempo?

 

-Sí me afectan, por eso las dibujo. Yo solo dibujo y escribo lo que me afecta profundamente. Pero en este caso me afecta para bien desde el momento en que lo traduzco en arte.

 

-A los 55 años, ¿cómo se siente en términos de juventud y de vejez?

 

-No se sienten los cambios, por lo menos hasta este momento. Sin fatiga alguna continúo escalando montañas y subo corriendo tres o cuatro pisos de un edificio; en el aspecto sexual no he notado la más mínima disminución de mis capacidades y en lo que se refiere a mi capacidad de trabajo tampoco; incluso creo que soy lo que en inglés llaman workoholic, un adicto al trabajo.

 

-¿No siente diferencias, entonces, respecto a los tiempos en que tenía 20 años y era el joven iconoclasta de la pintura mexicana?

 

-No, no siento el más mínimo cambio. Más bien los cambios los siento en las otras gentes. Yo sigo siendo iconoclasta, pero los demás ya no son iconoclastas conmigo; de pronto, como que me empieza la gente a tener demasiado respeto.

 

-¿No recibe ataques como los que en su tiempo usted dirigió a los muralistas?

 

-No. Yo creo que eso se debe a una especie de pasividad que se está dando entre los jóvenes de ahora. Son demasiado silenciosos, demasiado respetuosos y hay poco espíritu de lucha en la generación actual de pintores. O sea que se debe más que nada a un problema de temperamento en ellos.

 

-¿Preferiría usted ser atacado en lugar de esa pasividad?

 

-No, no es que me gustara ser atacado ni mucho menos, pero sí me gustaría un mayor espíritu de lucha en las nuevas generaciones. Que pongan en tela de juicio algo, y que no acepten las cosas tácitamente, que es lo que está sucediendo. No se oye de ellos, no se sabe que existen, están en sus estudios, se visitan entre ellos, y está ocurriendo algo extraño… Como que las aguas del arte nacional se han estancado desde hace algunos años. Me da la impresión de que los jóvenes están anestesiados. Hay más pintores que nunca, por todos lados hay jóvenes que surgen, y tienen galerías que solo representan a jóvenes, pero extrañamente se está dando una generación de artistas pasivos.

 

-¿Será precisamente el apoyo en cuanto a galerías, becas, premios, la causa de esa pasividad?

 

-Yo creo que no tienen en contra de qué luchar. Tienen la mesa puesta, y la mesa se las pusimos nosotros.

 

-¿La lucha de su generación, entonces, ha resultado contraproducente en este sentido?

-No creo que contraproducente porque después de todo lo interesante fue que el rumbo de la pintura mexicana cambió. Eso es lo importante, que la pintura mexicana ahora es mucho más plural que antes; la llamada Escuela Mexicana tenía una sola ruta, y ahora ya hay muchos caminos para el arte, hay una mucho mayor libertad de expresión. Pero hoy ya no es como antes. La pintura mexicana siempre fue, a partir de Siqueiros, Orozco y Rivera, tema de discusión, de polémica, fue algo vivo.

 

-¿Todo tiempo pasado fue mejor? ¿No será que usted está viendo a los jóvenes de hoy como a usted lo vieron los muralistas?

 

-Bueno, es que uno siempre asocia la idea de juventud con rebeldía. Las actitudes rebeldes han existido en todos los momentos artísticos y ahora no se están dando.

 

-¿Pero no se da ahora el fenómeno a la inversa? Hoy usted es el maestro, el consagrado que tal vez no admita la forma de ser de los nuevos pintores.

 

-No, simplemente hago este señalamiento, porque yo creo que al hablar de poco conformismo de mi lado, estoy simplemente demostrando una actitud mucho más joven en mi caso que la de los mismos jóvenes. Creo que yo soy mucho más joven que los pintores jóvenes de México.

 

***

 

“Me miran, luego existo”, dice José Luis Cuevas. Ahora prefiere que lo miren del lado derecho, porque su ojo izquierdo está morado a causa de un golpe que se dio en el avión.

 

-¿Y que hablen de usted, le gusta?

 

-Sí, me interesa mucho el que mi obra sea comentada sobre todo, y de alguna manera me preocupa mucho la opinión ajena, sea ésta a favor o en contra. Soy sumamente susceptible a los ataques. El ataque puede venir del más insignificante de los pintores o del más ínfimo crítico, pero una opinión en contra es algo que me deprime y me afecta profundamente.

 

-Se pasará deprimido toda la vida…

 

-Ya no es tanto, a nivel público por lo menos. No digo que no hablen mal de mí, pero esas habladas mal son más que nada en privado. No veo los ataques directos ni mucho menos, al contrario.

 

-Antes decía que la opinión de sus detractores no le interesa…

 

-No me interesa, yo creo además que cuento con mayor simpatía entre las mujeres que entre los hombres. A los hombres les caen más mal mis desplantes de… pues de…

 

-¿Divo?

 

-De divo y de conquistar a las viejas con más o menos facilidad. En cambio, mi relación con las mujeres es siempre espléndida. Al menos con las mujeres que llegan hasta acá.

 

***

 

Cada vez que hace alusión al sexo o a su relación con las mujeres, José Luis Cuevas ríe.

 

-¿Por qué le da risa?

 

-Ah bueno, porque es fascinante el mundo de la conquista femenina. En el mundo de las relaciones con las mujeres no tiene cabida la tristeza, la depresión ni mucho menos. Yo veo que hay hombres que sufren profundamente las relaciones con las mujeres, viven constantes decepciones de tipo amoroso. Esas cosas, yo nunca. Han sido relaciones bastante satisfactorias.

 

-¿Ninguna le ha traído sufrimiento?

 

-No. Los sufrimientos son de otra naturaleza, pero no provocados por las mujeres.

 

-¿Qué lo hace sufrir?

 

-Hablábamos del paso del tiempo… La misma obra es una fuente de sufrimientos y de angustias. Uno no trabaja con inmensa alegría. Uno hace el amor con inmensa alegría, pero uno no pinta con inmensa alegría; siempre hay una profunda inseguridad en lo que está haciendo. La gran salvación que yo veo precisamente para el creador es cuando logra dejar que la relación con las mujeres sea una relación plena. La mujer viene a ser como la salvación, definitivamente. Sin las mujeres no sé qué sería de mi vida.

 

-Entonces, el paso del tiempo sí le lastima.

-Me duele profundamente.

 

-¿Qué piensa de la vejez?

 

-La vejez la veo como algo verdaderamente siniestro, porque cuando alguien ha llegado a la vejez ya tiene la absoluta certeza de que la muerte está cerca; eso, de por sí, es terrible. Me imagino que un hombre que llega a una edad avanzada simplemente está esperando, aunque se conserven intactas sus capacidades creativas como ha sucedido con muchos pintores, como Picasso. El viejo está rodeado de muertes, porque el artista que muere muy viejo de pronto descubre que él es un sobreviviente, que todos sus compañeros de viaje ya murieron. No le queda más remedio que encerrarse y producir su obra. En la obra final de Picasso está toda su angustia frente a su vejez. En sus cuadros hay escenas eróticas, pero él ya no está actuando, sino observando; es un viejo voyeurista. Eso es lo terrible que está expresando en sus últimos cuadros Pablo Picasso.

 

-Pero usted conservará intacta su capacidad sexual.

 

-Si le creo a la cartomanciana…

 

-¿Le cree?

 

-…Sí…

 

 

 

El Financiero. 12 de junio de 1990.

 

 

 

 

 

 

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