Entrevisté a Juan Gabriel en Acapulco en 1997 y el privilegio fue doble, pues la charla fue también con la mejor de sus intérpretes, Rocio Dúrcal. Después de un pleito de años, se habían reconciliado y aquí les dejo el resultado de aquella plática, en recuerdo de ambos personajes. Rocío murió en 2006 y Juan Gabriel ayer, justo 10 años después. 

 

Fue una entrevista extraordinariamente difícil de conseguir y con la cual no quedé satisfecho por las circunstancias que narraré al final. Pero conocer a Juan Gabriel y a Rocio Dúrcal, tenerlos juntos para mí un instante de sus vidas, resultó una experiencia irrepetible.

 

En mis primeros años como reportero logré llegar hasta él con mi grabadora pero todo lo que dijo fue "no" y fui sometido por sus guardaespaldas. En 1988, cuando conocí a Carlos Monsiváis, le pedí, le supliqué que me acercara a Juan Gabriel pero nunca quiso hacerlo. Después se lo pedí a otra gran amiga, Lola Beltrán, y tampoco.

 

Era hasta ahora, el 14 de mayo de 1997, que lograba hacerlo gracias a una gestión de altos niveles de mi jefe en El Universal, Ernesto Hernández Villegas, y los directivos de la disquera BMG Ariola, que promocionaba el disco grabado por ambos artistas "Juntos otra vez" en el entonces célebre Festival Acapulco de Televisa.

 

Se había estipulado que sólo darían dos entrevistas exclusivas: una a Rebeca de Alba para Televisa y después la nuestra. La jefa de prensa de la disquera me hizo llegar al lugar desde el inicio de la entrevista de Rebeca que duró una hora y me tuve que "chutar" completa.

 

Juan Gabriel y Rocío Dúrcal se hospedaban en el mismo bungallow de un lujoso hotel de Acapulco. Al llegar a la recepción me percaté de que, decir el número de la habitación, era como revelar una clave, un secreto bien guardado entre los empleados. "¿Seguro que tiene cita?”, me preguntaban mirándome fijamente a los ojos, para luego checar aquí y allá sin mencionar jamás los nombres de los distinguidos huéspedes. 

 

Las mil puertas que hay que trasponer para llegar a una estrella se vuelven el doble, porque aquí se trata de dos: dos grandes que marcaron páginas inolvidables de la historia musical de México y de la educación sentimental de los mexicanos.

 

Al llegar mi turno, Rocío se levantó para ir al tocador y a lo lejos se le escuchaba entonar canciones españolas. Me acerqué a Juan Gabriel, sentado cómodamente en un sofá, quien me miró con displicencia para decirme algo que me revolvió el estómago:

 

"No, otra entrevista ya no". 

 

Pudo más mi coraje que mi frustración y mis ganas de llorar y lo confronté, alegando falta de formalidad para con un medio tan importante como el que en ese momento representaba, pero él insistía en su negativa. En eso volvió Rocío, quien, compadecida de mi, le decía "Vamos a atenderlo Alberto, un momentito". Él, terco en que no. Ya enfadado y con cierta agresividad me dijo:

 

"¿Para qué? Todos preguntan lo mismo". Quizá no se esperaba una respuesta igualmente contundente: "Yo no".

 

Cambió su gesto a una actitud divertida y expresó a modo de reto: "A ver, pues, vamos a ver si es cierto".

 

Entonces, iniciamos la entrevista, inevitablementre centrada en el tema de la reconciliación entre ambos artistas.

 

 

  *. * .* 

 

 

- ¿Se extrañaron mucho? 

 

“¿Tú, me extrañaste a mi?”, responde con una pregunta Juan Gabriel (JG), dirigiéndose a Rocío Dúrcal (RD), quien contesta:

 

RD: “Yo creo que sí, aunque nos hablamos muy de tarde en tarde, pero no cantar tus canciones eso sí extrañaba mucho... Aparte tu persona, claro”.

 

JG: “Porque tú siempre me quisiste por mis canciones, nunca me quisiste por mí”.

 

RD: “¡No es verdad, no es verdad! ¡Ay, qué malo eres!”.

 

Ambos ríen y Juan Gabriel bromea con un supuesto trato:

 

JG: ”Vamos a pelearnos aquí. ¡Así le hacemos! Es que hay que darle salsa... ”

 

RD: “Sí, lo hacemos más divertido”

 

Le cuestiono al cantautor:

 

- Pero ¿no es acaso, Juan Gabriel, su música? ¿O usted separa sus canciones de su persona?

 

JG: “Sí, claro, claro… por supuesto. Pero yo nunca me he dejado comer por Juan Gabriel. Bastante tengo con serlo”.

 

- ¿Y usted se ha dejado comer por Rocío Dúrcal?

 

RD: “No, no, yo… ¿Sabes lo que pasa? Que nunca he dejado de ser Marieta, aunque sea Rocío Dúrcal, o sea que siempre sigo siendo la misma. Cambia el nombre pero no es igual”.

 

JG: “Yo digo que uno debe estar agradecido. Ella con Rocío Dúrcal, porque Rocío Dúrcal… ”

 

RD: “…es la que me ha dado lo que soy”.

 

JG: “Rocío debe de estar agradecida con Marieta porque Marieta es la que ha hecho a Rocío Dúrcal”.

 

- Usted, Juan Gabriel ¿está agradecido con Rocío o con Marieta o con las dos?

 

JG: “Con las tres. Pues mire, porque ella es Marieta para la gente que ella escoge ser Marieta, ella le da esa entrada a quien quiere, pero ella no puede evitarlo, así como Rocío Dúrcal. Entonces yo conozco a Rocío Dúrcal. Mucho conozco lo que ella ha permitido que yo conozca de Marieta, pero yo respeto el espacio de Marieta y respeto y admiro a Rocío Dúrcal. Ahora, ¿Por qué le digo que a las tres? Bueno, porque las dos hacen otra que es la que yo visualizo”.

 

RD: “Ya te entiendo. Somos tres, efectivamente”.

 

- Rocío ¿Usted piensa lo mismo de Juan Gabriel?

 

RD: “¡Sí! Pero es que él lo desmenuza de una manera… Yo siempre aprendo bastante escuchándolo. Me gusta mucho cómo habla y cómo lo dice. Lo que todos pensamos y no podemos decir, él sabe decirlo. Pero yo rara vez le digo Juan Gabriel. Juan Gabriel será cuando estoy hablando que no está él delante, pero cuando está él delante, siempre le digo Alberto”.

 

- ¿Son parecidos ustedes?

 

JG: “Pues veme mis ojos y vele los ojos” (Ríe)

 

RD: “En algunas cosas bastante, de ver las cosas de la vida…”

 

JG: ”Es que somos artistas”.

 

RD: “Sí porque ser artista, porque es sobre todo la sensibilidad en lo que somos parecidos…”

 

JG: ”A ella le gusta mucho cantar…”

 

RD: “Le gusta mucho su familia, le gusta gustar, le gusta…”

 

JG: “…trabajar, superarse..."

 

RD: “Le gusta trabajar, a mí también me gusta, le gusta querer que le quieran, todo ese tipo de cosas. Pero bueno, a lo mejor, como dice él, es que somos artistas”.

 

JG: “Que respeten tu espacio me gusta también…”

 

(Quién sabe por qué, pero sentí que esa respuesta era una "pedrada" para mí que llegué de intruso, pero me hago el que no fui yo y opto por echarles flores).

 

- Y seguro le gusta Rocío Dúrcal, y a Rocío Dúrcal le gusta Juan Gabriel. Son una pareja de leyenda…

 

RD: “Para mi es un orgullo que el día de mañana, que como yo digo, mañana es hoy, el poder tener toda mi carrera, en el espacio de mi carrera, como una intérprete de sentimientos. Desde que empecé, desde chica, he cantado canciones de otros autores, y no es porque esté Alberto aquí pero te voy a decir por lo que le admiro. Otros autores componen las canciones, pero no las interpretan. Aunque sus mayores canciones las suelen dar a sus mejores intérpretes, para que las interpretemos, pero encima yo le admiro por como está en un escenario también; aparte de cómo compone, que eso seguramente será lo más importante de el”.

 

- ¿Una unión como la de ustedes no podría darse sin una adoración mutua?

 

JG: “Claro. Mire ella lo dice así y a ella se le ve más bonito que a mí lo que voy a decir, porque lo mío es natural, porque yo la conocí primero. ¿A quién le puede llamar la atención por la forma de decirlo? Yo se lo digo: es a ella, que yo la conocí primero”.

 

- ¿Piensan que esta unión estaba predestinada?

 

JG: “Bueno yo por mi parte sí, porque siempre la admiré".

 

RD: “Pues eso es muy bonito por parte también de Alberto, porque yo no podía imaginar nunca que podía un día interpretar canciones de un hombre, de un chiquillo mejor dicho, que me admiraba desde pequeño, porque es más pequeño que yo, y que el día de mañana fuese a ser esa persona fundamental en mi carrera y en mi forma de ser..."

 

JG: “Ay Rocío…”

 

RD: “Es que es muy importante, Alberto, yo lo digo porque es verdad”.

 

JG: “Pues es que tú dices cosas muy bonitas pero yo también tengo que decirlas porque es recíproco, el que recibe da. Tú diste, primero. Me diste a mí todo eso por lo que aprendí a admirarte desde chico".

 

RD: “¡Pero yo nunca lo supe!”

 

JG: “Esa es la coincidencia. Yo tuve acceso a ti, gracias a la vida, pero a lo mejor muchos estuvieron más encariñados contigo, enamorados de verdad, yo también estuve enamorado de verdad, pero en mi caso sin el interés sexual. Admiración, respeto y todas esas cosas, que son como bendiciones para ti. Yo hablo en el nombre de todos los demás, y te agradezco todo lo que nos has regalado con tus canciones, tus películas, tu gracia, tu talento, tu alegría…”

 

- ¿Siempre se la pasan así, diciéndose cosas bonitas?

 

JG: “Ahora nos estamos diciendo cosas muy bonitas. Sobre todo yo, que me gusta exteriorizar, ella es la más reservada, se inhibe, yo no, yo le digo todo lo que le tengo que decir con mucho cariño, y siempre espero cariño y amor”.

 

- ¿Concibió este disco como un homenaje a Rocío Dúrcal?

 

JG: “Sí, claro, es un reconocimiento a ella por sus 30 y tantos años de estar con nosotros y de tanto cariño que ha despertado en México. Le hemos dado ese tributo todos los mexicanos por todo lo que nos ha dado”.

 

RD: “En todas partes me preguntan cómo he podido cantar a Juan Gabriel siendo española”.

 

JG: “Nosotros ya la queríamos. Rocío es muy agradecida y México es el país mayor de todo América. Aquí siempre hemos estado a la vanguardia. Cuando la independencia de México, se independizaron todos”.

 

 

 

  * .  *  . *

 

 

La magia de tan grata charla se rompe abruptamente. Llega la jefa de prensa con aire exaltado y me jala de un brazo. "¡Ahí vienen los demás reporteros en camino (los llevaba un camioncito hasta el bungallow) y me van a matar si se dan cuenta de que te di una exclusiva!". 

 

Protesté, desde luego, pues no se había cumplido la media hora de tiempo acordada para la entrevista. Que el tiempo se nos fue en el alegato inicial, explico, y quizá Juan Gabriel se sintió culpable, pues me jaló del otro brazo y me llevó a una especie de jardín trasero junto con Rocío, quien reía a carcajadas con la situación mientras yo sufría de angustia. "Aquí nos escondemos", dijo Juan Gabriel pero se negó a que le siguiera preguntando. "¡Cállate! Nos van a oír!" Tal vez como premio de consolación me ofreció un autógrafo, pero le respondí que no iba por eso. Entonces tomó mi grabadora, le sacó el cassette y le puso su firma con la pluma que me quitó de la bolsa de la camiseta. "Fírmale tú también", le dijo a Rocío quien se tapaba la boca para que no se escucharan sus risas.

 

Llegaron por ellos y tuve que emprender el escape por mi cuenta, me perdí en la inmensidad de los jardines de aquel conjunto hotelero, hasta que seguridad llegó por mí y me sacó.

 

Al día siguiente, tras su concierto en el festival, Juan Gabriel, muy de buenas, accedió a atender brevemente de nuevo a los reporteros en bola, entre quienes estaba yo. Cuando le hice una pregunta, se me quedó viendo con enojo fingido, me arrebató la grabadora y se fue. Luego se regresó muerto de risa a devolvérmela. 

 

Casi un año después volví a acercármele, otra vez junto con una turba de reporteros luego de un evento al que asistió, y repitió conmigo la escena de la grabadora. Evidentemente me reconoció, y le divertía tal vez el recuerdo de aquella aventura con Rocío en Acapulco.

 

Luego sobrevino una serie de sucesos personales que me regresaron a mi tierra, Sinaloa. Jamás volví a ver a Juan Gabriel, como no volví a ver a muchísima gente. 

 

Pero hoy, como cualquier mexicano, siento un raro vacío ante la muerte de aquella súper estrella que se comportó conmigo como un niño travieso. Algo similar sentí tras la muerte de Rocío y por ello hoy decidí compartir esta vivencia única, con un deseo ferviente: 

 

Que las almas de Alberto Aguilera Valadez y de María de los Ángeles de las Heras Ortiz descansen en paz. Así sea.

 

 

El Universal, 15 de mayo de 1997.

 

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