“El camino de la juventud lleva toda una vida”.

Pablo Picasso, pintor español

 

 

Para empezar a contestar el significado del término izquierda es necesario remontarnos al año de 1789 donde en la ciudad de París un 11 de septiembre la Asamblea Nacional Francesa discutía ferozmente si el rey podía o no vetar las decisiones de los diputados, lo que necesariamente llevaba a la cuestión de si la soberanía nacional residía en la población o en la persona del monarca. En el momento que sobrevino la votación definitiva, los miembros de la asamblea proclives a otorgarle al rey tal poder se situaron a la derecha de su presidente, mientras los partidarios de que el monarca no tuviera tal prerrogativa se situaron a su izquierda. Así, mediante un hecho aparentemente banal, en una época en la que todavía no existían los partidos políticos, nació una concepción política destinada a perdurar en los siglos por venir. Pasando a significar el ser de izquierda el deseo y la determinación de luchar por el cambio del estado de cosas, y el ser de derecha, por exclusión, la aspiración de que todo permanezca igual y consiguientemente mantener los privilegios de la clase dominante en determinada sociedad.

 

Platicando respecto tal tema con mi amigo Edgar Espinoza Robles, un joven politólogo guasavense, militante del Partido de la Revolución Democrática, y que funge actualmente como director administrativo de ICATSIN, me externó que tal concepción aunque en forma general puede ser aplicada al término contemporáneo de la izquierda, necesariamente se queda corta al significado actual de dicha ala política, al implicar además las luchas de la izquierda los temas de la justicia social, la igualdad, la inclusión, el respeto de las minorías, y el combate de la corrupción. Siendo también características necesarias de una izquierda moderna, según su opinión, el luchar por un cambio social, pero sin odios ni fobias, y sobre todo con la capacidad de entender las necesidades de la pluralidad democrática. Edgar cerró nuestra amena conversación con la frase lapidaria de que convencer a la gente y no solamente vencer la contienda electoral, debe ser el lema de cualquier campaña política destinada a producir un cambio social en beneficio de las clases más desfavorecidas.

 

Por supuesto que estoy convencido de que Edgar es un idealista, cómo podría haber sido el mejor alumno de su generación de la Licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública, obtener la medalla estatal “Rafael Buelna Tenorio” al mérito cívico por trayectoria social, y ganado múltiples concursos de oratoria si no lo fuera. Según el filósofo polaco Leszek Kolakowski un idealista es un hombre que ha logrado un conocimiento de su libertad, que acepta sus responsabilidades para con el mundo en que nació y está preparado para enfrentar su realidad. Sé que Edgar desde la trinchera en que se encuentre luchará por su visión de izquierda de cómo debe ser la función pública, pero ello no es suficiente, Sinaloa necesita no sólo una izquierda democrática que le dé rumbo a su política social y de desarrollo, sino de jóvenes que acepten el reto y su responsabilidad de combatir las desigualdades sociales. Es ahí donde se encuentra la verdadera batalla.

 

La del estribo

Con el elevado fin de atender las obligaciones inherentes al operativo Guadalupe-Reyes, esta columna entra en necesario receso. Si sobrevivimos a las fiestas y posadas, a los pozoles, las barbacoas, los menudos y los buñuelos nos veremos de nuevo en los primeros días de un nuevo año, en el cual le deseo, amable lector, lectora, le traiga mayor dicha y prosperidad, y si no al menos nos dé vida, que no faltando ésta todo lo demás resulta superfluo y accesorio. ¡Feliz Navidad!

 

 

Twitter:  @jramonguzman

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