“La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”.

Cicerón, político romano

 

 

De acuerdo a lo propuesto por el periodista estadounidense Roy Peter Clark en su artículo “La línea entre los hechos y la ficción”, parte de la obra “Contando historias verdaderas” (editada por la Universidad de Harvard en 2007), si bien un postmodernista puede darse el lujo de considerar a los hechos como irrelevantes, considerando que lo único existente en nuestra realidad son diversos puntos de vista sobre fenómenos inaprehensibles por la mente humana, y los cuales se encuentran profundamente influenciados por nuestras historias personales, las culturas de las cuales provenimos, nuestra raza, nuestra edad, nuestro sexo y nuestra clase social, existe un tipo de persona que no puede darse el lujo de despreciar a los hechos: el periodista. Y es que si bien cierto grado de subjetividad y elección son inevitables en el periodismo, el ejercicio intelectual llevado a cabo por este profesional no puede llevar a una distorsión o una negación de la realidad. Tal situación llevó a la consideración de principios básicos que le ayudaran a navegar entre los peligrosos límites entre los hechos y la ficción.

 

Así, la adición de material falso en una historia cambia totalmente la naturaleza de la misma. Cuando se añade un supuesto suceso que en realidad nunca ocurrió, y cuando se afirma que alguien dijo lo que nunca profirieron sus labios, se cruza la delgada línea que nos lleva al engaño, al fraude y la manipulación. Imponiéndose de acuerdo a lo anterior, dos principios que de acuerdo al autor son las piedras angulares del trabajo periodístico: no añadir nada a los hechos y no tener la intención de engañar al lector. Ahora bien, tales reglas no se limitan al ejercicio periodístico escrito, incluso la adición de color a una fotografía en blanco y negro (a menos por supuesto que exista la debida aclaración), así como la remoción, adición, transformación o redimensión digital de algún elemento de la misma, constituye un evidente engaño al público. Imponiéndose además otro requisito de la verosimilitud de naturaleza subjetiva, el que una historia además de ser verdadera tenga además la apariencia de serlo.

 

Lamentablemente, ninguno de los requisitos señalados con anterioridad fueron satisfechos por el “reportaje” publicado en el diario El Debate donde se acusa al alcalde de Culiacán, Sergio Torres Félix, así como a otros integrantes de su administración y del Cabildo Municipal, de haber supuestamente “orquestado” un maquiavélico despojo de terrenos en los trabajos relacionados con la necesaria urbanización con fines de promoción turística de terrenos aledaños a la abandonada presa Sanalona. Sin embargo, lo que resulta más preocupante es que Javier Salido Artola además de litigar en los medios a través del diario del cual es director general, al ser parte del conflicto por presidir el Patronato del Corredor Turístico Imala-Sanalona y el ser uno de sus empleados, Adalberto Ibarra quien llevó diversas acusaciones a las páginas de ese diario, se estaría poniendo irresponsablemente y sin motivaciones claras fuera del umbral periodístico no sólo de lo legal sino de lo éticamente defendible.

 

Mala leche

Si usualmente se piensa que el sistema de prueba, es decir, el mecanismo por el cual quien acusa demuestra la existencia de algún posible hecho delictivo opera en beneficio de los delincuentes, en realidad tal sistema se orienta a proteger a personas inocentes de denuncias calumniosas y sin fundamento. Imagine por ejemplo que un alma telenovelera osara acusar a determinado director de un diario local de utilizar el derecho a la libertad de prensa y manifestación de las ideas para montar una campaña de extorsión a gran escala a través del mismo. En ese caso tal persona se vería en la obligación de aportar pruebas concluyentes de su acusación. Por supuesto hay que aclarar que en ocasiones la realidad supera a la fantasía. ¿O no?

 

Twitter:  @jramonguzman

COMENTA LA NOTA