“Nunca se miente tanto como antes de las elecciones,

durante la guerra y después de la cacería”.

Otto von Bismarck

 

 

 

Con la emisión de la convocatoria para la celebración de elecciones en 2016, que por única ocasión de acuerdo al artículo 8° transitorio de la Ley de Instituciones y Procedimientos Electorales del Estado de Sinaloa, tendrán lugar el primer domingo de junio de ese año, un alud no sólo de descalificaciones sino de información falsa o por decir lo menos, imprecisa, amenaza con confundir aún más al electorado. Encuestas a modo, acusaciones sobre supuestas adicciones, filtraciones de viejos y documentados latrocinios a las arcas públicas, la revelación de pactos por debajo de la mesa entre actores de distintos partidos, entre otros secretos a voces, serán el pan nuestro de cada día hasta el día de la elección. Pero si es complicado aportar elementos objetivos para contradecir lo expresado en cartones o en columnas oficiosas, en el caso de las encuestas y sondeos de opinión que diversos actores se encuentran divulgando en su desesperado afán de demostrarnos que estamos que nos morimos de las ganas por verlos en un cargo público más, sí es mucho lo que se puede decir.

 

 

En relación a las encuestas Berman y Wang (2012) señalan que a través de estas se busca recoger información acerca de opiniones o condiciones sociales entre un público, siendo aplicadas por lo general a la ciudadanía, clientes, empleados y empresas. Los medios por los cuales estos instrumentos son aplicados generalmente son a través de cuestionarios vía internet, llamadas telefónicas y entrevistas personales, siendo esta última opción la más confiable. Y si bien estos ejercicios pueden resultar muy costosos, existe información que por su naturaleza resulta difícil o imposible de descubrir por otros métodos. Por ejemplo si reconocemos la dificultad de entrevistar al total de un padrón electoral sobre sus preferencias políticas, se impone la necesidad de utilizar algún tipo de muestreo, siendo la muestra aleatoria (al azar) la vía adecuada para obtener un resultado que sea representativo del total de la población. Requiriéndose además, la aplicación de un número muy grande de encuestas para obtener un pronóstico más preciso sobre tales tendencias.

 

 

Ahora, si la obtención de un resultado alentador por parte de un candidato o partido político, en una encuesta hecha y derecha, no significa un triunfo seguro el día de la jornada electoral, mucho menos lo es si la supuesta “ventaja” electoral es resultado de una encuesta prefabricada o al vapor. Sobra comentar sobre la velocidad con la que una campaña negra puede derrumbar las expectativas de una candidatura. Así, si las tendencias electorales son solo uno de los elementos a partir de los cuales pueden construirse escenarios sobre el resultado de una elección, son factores reales de poder, tales como la capacidad de recaudar fondos, tejer alianzas, el acceso a información sobre los contrincantes y la organización de estructuras electorales, lo que define el resultado final de la batalla. Tal y como lo señala uno de los contendientes por la gubernatura, son canicas precisamente lo que se necesita para jugar. De resultar cierto lo anterior, sólo tendríamos a dos verdaderos contendientes por la candidatura del PRI, uno es el más avezado de los discípulos del legendario don Juan Burgos y otro el ascendente alcalde de Culiacán. ¿Será?

 

 

Mala leche

Si bien el senador Aarón Irízar López declaró que no responderá a los señalamientos por los cuales se le acusa de padecer un trastorno ludópata, este evitó responder si en verdad es víctima o no de tal padecimiento. Si es cierto que el aspirante a la gubernatura no estaría cometiendo ningún delito de resultar cierta tal versión, dicha situación sí representaría un grave riesgo para el Revolucionario Institucional de entregársele la candidatura por el Gobierno del Sinaloa. No obstante que en estos casos no es claro el límite entre el derecho a la privacidad de la información personal y la información pública, el conocer la salud de los aspirantes a la titularidad del Ejecutivo Estatal resulta de gran trascendencia si consideramos que este es responsable de la administración de la mayor parte del presupuesto de la entidad y el cual ascendió en 2015 a alrededor de 60 mil millones de pesos. ¿Nos lo echamos en un volado?

 

 

Twitter:  @jramonguzman

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