“Cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen

algo que está dentro de nosotros”

Hermann Hesse, escritor alemán.

 

Aunque es difícil cuantificar cuán lucrativa es en los Estados Unidos de América la industria del turismo LGBT, la columnista del New York Times, Stephanie Rosenbloom señala que una cifra aproximada, aunque tal vez conservadora, es de aproximadamente 70 mil millones de dólares. Si consideramos que la fecha de la publicación de esa información fue el 30 de mayo de 2014 cuando el tipo de cambio promedio rondaba los 13.14 pesos mexicanos por dólar americano, el gasto total en este segmento turístico en los EEUU correspondería a la astronómica cantidad de $ 920.178.000.000,00 pesos (evitamos publicar la operación con el valor actual del dólar con el fin no provocarle un dolor de cabeza ante tan pasmosa cantidad). Eso sí, amable lector, lectora,  solo le diré que toda la economía de Sinaloa es una aguja en el gran pajar de la economía turística LGBT estadunidense, por lo que de lograr atraer apenas una fracción de tal mercado implicaría un verdadero boom turístico en la entidad.

De ese tamaño es el error cometido por Francisco Javier Lizárraga Mercado, Secretario de Desarrollo Económico de Sinaloa, quien comentando en relación a los cruceros que arriban a Mazatlán se burló de uno en particular, uno “de puros hombres” de gente “del otro Laredo”, “jotos”, señalando además que no sabía qué pasaba a bordo de tales naves. Más que el morbo del secretario llama la atención su ignorancia. Stephanie Rosenbloom en su columna denominada The evolving world of gay travel, señala que este nicho turístico se encuentra tan diversificado que resulta incluso difícil etiquetarlo simplemente como turismo gay. En estos cruceros, en los cuales por cierto no creo haya más o menos encuentros sexuales que en un crucero “heterosexual” si existe tal cosa, no sólo viajan parejas, sino hijos e hijas, amigos y familiares. Presentándose incluso parejas tradicionales que no tienen miedo de contratar tales paquetes turísticos así como divertirse en bares o restaurantes gay.

Aunque Francisco Javier Lizárraga rápidamente ofreció “disculpas”, afirmando que tales palabras las expresó a título personal, cuando fueron emitidas en un encuentro con sectores productivos y autoridades del municipio de Salvador Alvarado, y asegurando que “la administración estatal sigue una política incluyente y de respeto a todos los ciudadanos”, lo que es una manifiesta mentira ante los ojos de colectivos que acusan la oposición de grupos ultra-conservadores en Sinaloa a la aprobación de los matrimonios igualitarios, precisamente uno de los requisitos para considerarse a un destino turístico como gay friendly, además claro de un ambiente general de respeto a las preferencias sexuales de las personas. Pero sobre todo, y haciendo a un lado los sospechosos miedos de Lizárraga Mercado, lo que menos puedo creer es que los empresarios en el poder en Sinaloa no se den cuenta que los “dólares rosas”, son igualitos de verdes que los demás.

Mala leche.

Tal como lo expresaba un popular comercial de radio, gays son: Foucault, Turing, Wilde, Aristóteles, Cervantes, Goethe, Hans Christian Andersen, Flaubert,  Salvador Dalí, Pedro Almodovar, Chopin, Julio Cesar, Tchaikovsky, Luis Buñuel, George Michael, Alejandro Magno, Miguel Ángel, Buffalo Bill, Elton John, Julio Verne, García Lorca, Freddy Mercury, J. M. Keynes; maricones son los que le pegan a las mujeres pero también los que espantan las divisas internacionales en tiempos de masivo recorte en el presupuesto público.

La del estribo.

Cosas extrañas de la vida, aunque el nuevo presidente del PRI estatal, Carlos Gandarilla García se empeñe en asegurar “con toda legitimidad” que hoy son gobierno en Sinaloa, la verdad es que en la administración de Mario López Valdez, quien arribó a palacio de gobierno a través de las siglas de Acción Nacional, había más priistas en puestos de primer nivel que hoy en la de Quirino Ordaz Coppel.

Twitter: @jramonguzman

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