“Una cosa no es justa por el hecho de ser ley.

Debe ser ley porque es justa”

Montesquieu, político francés

 

 

Imagine que usted camina hacia el andén de una estación ferroviaria y al llegar a la entrada se encuentra con un letrero que señala: “Se prohíbe el paso al andén con perros”. Después de meditarlo por unos segundos usted intenta atravesar la entrada, pero para su mala suerte uno de los guardias de la estación se lo impide. ¿Cuál es el problema oficial? pregunta usted con amabilidad. Después de escuchar la respuesta del agente la confusión le impide por unos momentos articular un contraargumento. Instantes después su aclaración es contundente: pero señor, no me acompaña un perro, soy consciente de que ello se encuentra prohibido por la reglamentación ferroviaria, permítame el paso por favor. El ‘no’ es rotundo, tampoco se encuentra permitida la entrada con osos, replica el guardia. Ante la discusión un grupo de curiosos entre los que se encuentran otros pasajeros y vigilantes se involucran en la controversia tratando de dilucidar a quién atañe la razón, ¿a usted? amable lector, lectora, quien por venir en compañía de un enorme oso, pero no de un perro, le impiden entrar al andén para tomar el tren de regreso a su hogar, ¿o al confundido guardia? quien a pesar de estar consciente de que los osos, tal como los armadillos, los tigres de bengala, los rinocerontes, los conejillos de indias, las ardillas y los murciélagos, no entran en la unívoca definición de los perros, de alguna manera intuye que no debe permitir su entrada por los peligros o molestias que podrían causar a otros pasajeros.

 

Tal ejemplo fue ofrecido por el jurista alemán Gustavo Radbruch para demostrar los problemas que presenta la interpretación del derecho. Pero también es útil para demostrar que las leyes no son un conjunto de mandatos de naturaleza mecánica, sino normas de contenido valórico. Esto es, tal como lo expresa Jaime Cárdenas Gracia (Nostra, 2009, p.219) “Todo ordenamiento jurídico expresa un sistema de valores”. Así, las disposiciones legales que prohíben la discriminación tienen como objeto garantizar el valor igualdad. Las normas penales que prescriben castigos para quienes cometan el delito de tortura, se orientan a tutelar el valor dignidad que corresponde a todas las personas. Las garantías constitucionales que facultan a los individuos a dedicarse a la industria, profesión o comercio que mejor les convenga o acomode, con exclusión de las prohibidas por la ley, tutelan a la libertad como valor jurídico. Y las prohibiciones de que las policías detengan a los individuos sin una orden judicial que funde y motive tal detención, se orientan a la protección del importante valor de seguridad jurídica. De acuerdo a lo anterior, es claro que toda legislación debe tener como base la protección de determinados valores.

 

Lo anterior es casi completamente cierto, salvo excepciones. Le pregunto ¿qué valor jurídico cumple la disposición de que por determinada avenida se circule de norte a sur y en otra de sur a norte? La respuesta es: ninguno. Bueno, al menos no en forma directa. Es claro que tales disposiciones, de ser obedecidas, cumplen en última instancia con los valores orden y seguridad. Pero la cuestión es que tales valores podrían ser cumplidos con normas inversas. Es decir, lo que importa no es que deba darse vuelta a la izquierda en vez de a la derecha, o circular de sur a norte y no de norte a sur en determinada avenida, ya que valdría igualmente lo contrario con tal de que existiera un orden en el tránsito vehicular. Lo mismo no podría decirse de otros tipos de prohibiciones, tales como las relativas al homicidio, el robo o la violación. No podría tutelarse el valor vida con una norma opuesta al no matarás, por ejemplo. Por último ¿existirá violación de la ley de disponerse por las autoridades competentes que una calle es ahora de otro sentido de circulación? La respuesta es que sería franca locura pensar que ello es así. Estoy seguro que usted me entiende.

 

La del estribo

Esta columna entra en necesario receso por periodo vacacional. Nos vemos aquí, con el favor de Dios, en los primeros días de agosto. Si tiene tal dicha ¡Felices vacaciones!

 

Twitter:  @jramonguzman

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