“Sic semper tyrannis”

Marco Junio Bruto, político romano
 
 
Como todo tirano el señor M atribuía su alta posición a una más o menos falsa colección de talentos entre los que incluía, no limitativamente, magnetismo animal, una inteligencia portentosa, férrea fuerza de voluntad, un gran sentido de organización y capacidad de palabra. Sin embargo, como cada uno de los tiranos, pasados y presentes, el señor M había ascendido a su posición como producto de acuerdos y de ciertas condiciones que hicieron posible su llegada, y si bien podría argumentarse que si los tiranos de todas las latitudes recibieron su investidura por condiciones históricas fueron ellos los que lograron por propio esfuerzo mantenerse en el poder, también es cierto que su ascenso implicaba necesariamente el despliegue de ciertas conductas para lograr conservar el apoyo de aquellos sin los cuales tal ascenso no hubiera sido posible, es decir, eficacia en los objetivos planteados a nivel de clase por las personas que les otorgaron ese poder originario recibido por cada uno de ellos.
 
 
Sin embargo, una vez lograda esta primera etapa de la vida de todo tirano, con el afianzamiento en el poder, la construcción de una estructura, pero sobre todo de una imagen positiva que les sumara adeptos, se presenta, por llamarle así, una mutación en cada tirano que lo hace transitar de la búsqueda de un proyecto de cierta clase social a uno personal, íntimo, auténtico, sin embargo tal mutación no es tal, ya que lo único que cambia son las circunstancias en que el mismo poder se desenvuelve, primero garantizando su nacimiento y después luchando por la sobrevivencia, así si en la primera etapa era necesario contar con el apoyo de una clase social, ahora se impone la necesidad de tener secuaces, esbirros, y donde surge uno de los problemas más importantes a resolver por el tirano.
 
 
El señor M como todos los tiranos históricos lo solucionó temporalmente con la incorporación a las filas de sus cómplices de su propia familia, lo que a fin de cuentas le trajo un cúmulo más de problemas que resolver en la búsqueda cada vez más infructuosa de sus objetivos, el cómo lidiar con esta clase de problemas depende totalmente de las capacidades personales del tirano para construir un equilibrio entre propios y ajenos e identificar entre los errores permitidos y los mortales, eso sí, hay que reconocer que hay de tiranos a tiranos y el señor M no se encontraba entre los más avezados de su género, y si bien con anterioridad tenía algunos logros que presumir, el implacable tiempo logró erosionarlos hasta el punto en que más bien parecían un conjunto de anécdotas pasadas de moda y que ante los nuevos problemas no eran muy dignas de atención, así, sus virtudes se vieron disminuidas y sus defectos magnificados, mientras entre sus filas las divisiones crecían y sus pretensiones de micro-administración diluían sus cada vez más menguadas energías, pero aunque al señor M todo esto le parecía un infortunio personal, en realidad sólo eran las primeras señales de que su tiempo se había terminado, que su oportunidad había sido ya explotada y que un nuevo tirano tenía que emerger para que repitiera los mismos y necesarios errores.
 
 
Mala leche
 
 
A todavía tres semanas de que se celebren las elecciones del domingo 5 de junio en Sinaloa, tal pareciera que los partidos opositores al PRI ya se dieron por vencidos. De un discurso violento donde se ha acusado a Quirino Ordaz Coppel de todos los males del estado, terrenales y cósmicos, incluyendo presuntas irregularidades de gobiernos a los cuales fue ajeno, ahora voltean sus baterías a denunciar la supuesta orquestación de “un gran fraude” con la participación de nada más y nada menos que del Instituto Nacional Electoral (sí, lo leyó usted bien), un organismo donde no sólo se encuentran representadas todas las fuerza políticas, sino que ha sido utilizado como modelo para la creación de organismos electorales en otras partes del mundo. Tal pareciera que lo se encuentra detrás de tal acusación es sólo la intención de construir un discurso que les permita lavar el rostro frente una posible pérdida catastrófica ante falsas promesas de un “arrollador” triunfo electoral. ¿Será? Falta muy poco para saberlo.
 
 
La del estribo
 
 
Tal vez sea la propia Universidad de Occidente la que se cubrió con un manto de gloria al entregar el reconocimiento Honoris Causa al Ingeniero José Antonio Malacón Díaz. En el emotivo evento su rector Dr. Guillermo Aarón Sánchez destacó la amplia contribución del laureado a Sinaloa entre la que se encuentra la creación del centro educativo Justo Sierra en el marginado municipio de Badiraguato, su destacado papel como secretario de Educación Pública y Cultura en el gobierno de Juan S. Millán, pero sobre todo su capacidad para aglutinar en torno a sí el inmenso cariño manifestado en tan sentido homenaje. Honor a quien honor merece. ¡Muchas felicidades ingeniero!

 

Twitter:  @jramonguzman

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