“La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo”.

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos

 

 

Las elecciones son el medio a través del cual la ciudadanía por la mediación del sufragio universal, libre, directo y secreto, elige a las personas que deberán ocupar diversos cargos de elección popular en la federación, los estados y los municipios. Así, los comicios se instituyen como el mecanismo por el cual el pueblo ejerce su soberanía y establece el sagrado mandato de la representación popular sobre determinados funcionarios por un periodo limitado de tiempo. El que lo anterior se cumpla en los hechos en mayor o menor medida repercutirá directamente en la existencia (o en la inexistencia) de un régimen que pueda llamarse a sí mismo como democrático. Pero si bien en sentido material puede entenderse a la democracia como el efectivo acceso al mejoramiento económico, social y cultural de un pueblo, para nuestros propósitos nos limitaremos al concepto de la democracia formal, esto es, al conjunto de instituciones políticas y electorales que dan sustento a la formación de los gobiernos a través de la participación libre y equitativa de los ciudadanos.

 

Ahora bien, a diferencia de las “elecciones” en sistemas autoritarios, donde su función principal consiste en ofrecer apariencias democráticas ante la opinión pública y el mantener la estabilidad del sistema bajo el principio supremo de la reafirmación de las relaciones de poder existentes, las elecciones de los sistemas verdaderamente democráticos se rigen por principios básicos que deberán ser cumplidos para identificar a una elección como plenamente competitiva. De acuerdo a Rodríguez Obregón (Sistemas electorales y gobiernos municipales, México, FUNDAP, 2007) entre tales principios se encuentran los siguientes: 1) competencia entre candidatos; 2) igualdad de oportunidades en la contienda electoral, principalmente en el campo de la propaganda electoral; 3) libertad de elección; y 4) un sistema electoral que no pueda provocar resultados electorales que pongan en riesgo los avances democráticos.

 

Tales requisitos, ni por asomo parece se lograrán cumplir en el actual proceso electoral y en el cual serán elegidos el gobernador constitucional, diputados y presidencias municipales de Sinaloa. La existencia de un árbitro electoral maniatado presupuestalmente, el despliegue de campañas negras orientadas a confundir a la ciudadanía, la violación de los topes de campaña, la financiación secreta de algunas candidaturas por intereses oscuros y la alineación forzosa desde el centro de la república de actores políticos fundamentales, hace presuponer una intentona de revivir los tiempos donde los resultados electorales no se decidían a pie de urna, por la ciudadanía, sino en las mesas de negociaciones del centro del país. Se encuentra en manos de una ciudadanía aparentemente replegada, seguramente frustrada y probablemente decidida, el impedir una regresión democrática. El único pacto vigente entre los mexicanos es la Constitución, y ella asegura que son los ciudadanos y ciudadanas quienes tienen el poder. Es hora de demostrarlo una vez más.

 

Mala leche

Tal parece que las cúpulas y los liderazgos priistas en la entidad se encuentran más interesados en “demostrarle” a Quirino Ordaz Coppel su súbito fervor por su inesperada nominación, que en verdaderamente trabajar en unidad de propósitos para obtener un triunfo contundente en la elección del domingo 5 de junio. Si consideramos que a un PRI balcanizado entre las desposeídas tribus de los ex aspirantes a la gubernatura se suma un candidato sin sustancia política, una campaña de medios de una pobreza creativa pasmosa y una ciudadanía harta de las mismas promesas, resulta inevitable reconocer el enorme reto que enfrentará el priismo para lograr conservar  al gobierno de Sinaloa dentro de su redil, pero sobre todo el garantizar una cómoda mayoría en el Congreso que les permita cumplir con los compromisos desde ya asumidos frente a la federación por el aún candidato.

 

Twitter:  @jramonguzman

COMENTA LA NOTA