“El asesinato puede hablar con tanta elocuencia de los temores, deseos y preocupaciones de una sociedad como lo hace su poesía”.

Jack Holland, escritor inglés

 

 

Aunque la palabra alerta se limita a denotar la existencia de una situación que merece vigilancia o atención, existen versiones que señalan que su utilización para nombrar al mecanismo instituido con el objetivo de garantizar la seguridad de las mujeres en contextos de violencia extrema de género, no ha sido afortunado por ser causa de que autoridades estatales y federales se resistan a las declaratorias de alerta de género, dada una connotación de grave peligro, incertidumbre y zozobra que podría asustar a los inversionistas nacionales e internacionales. En realidad han sido las propias comunidades quienes le han adscrito ese significado a dicha palabra precisamente por corresponder a una realidad en las cuales las mujeres en determinadas áreas geográficas se encuentran inmersas en una espiral de violencia de intensidades muy difíciles de resistir.

 

A la fuerza ejercida contra las mujeres por culturas misóginas, se suma la indolencia de las autoridades para actuar frente a un fenómeno que afecta en Sinaloa al menos a 6 de cada 10 mujeres de 15 y más años de edad. Sí, existen reacciones institucionales que se han vendido como una solución frente a urgencias mediáticas, pero ellas en lugar de constituirse en programas serios con el tiempo han revelado su verdadera naturaleza de meras coartadas. Si en los años venideros se logrará la declaratoria de alerta de género para Sinaloa es algo improbable, un completo entramado institucional se orienta a impedir precisamente lo contrario. Pero esto no quiere decir que en los hechos en la cotidiana realidad de la ciudadanía de a pie, esa que no cuenta con los recursos para pagarse una seguridad privada y para erigir murallas en lujosos residenciales, no exista una verdadera situación de alerta a causa de la violencia de género.

 

Tal situación, vivida y sufrida por miles de mujeres en la entidad, no requiere de la etiqueta que la declaratoria simplemente estamparía a una situación ya grave, ya de urgente resolución, con cientos de víctimas con nombres y apellidos, familias agraviadas y futuros arrancados de raíz. Pero si en los palacios y oficinas gubernamentales asusta por no convenir a sus intereses el expedir la mera etiqueta, la sangrante realidad no tiene el menor empacho en asegurar diariamente lo que diariamente otros se dedican a negar. Por cierto cada día con menor efectividad. En Sinaloa ya existe una alerta de género.

 

Mala leche

Si bien es comprensible que no puede exigirse a un candidato ciudadano una calidad de impoluto, sí debe ser deseable al menos cierta asepsia. Francisco Frías Castro, candidato “ciudadano” a la gubernatura de Sinaloa, es perfecto compendio de todo lo que no  es buscado a través de este tipo de candidaturas. A una larga carrera dentro del Revolucionario Institucional que torna sospechosa una súbita e inesperada independencia política, se suma la denuncia presentada por cientos de maestros ante la Procuraduría General de la República por la “inexplicable” desaparición de mil ciento cuarenta y tres millones de pesos de un fideicomiso coadministrado precisamente por él cuando fungió como Secretario de Educación Pública en el estado.

 

La del estribo

Aunque a la fecha no terminan de consumirse las críticas a la remodelación de la avenida Álvaro Obregón, principal arteria vial, comercial y turística de Culiacán, sí se encuentra por consumarse su construcción. De acuerdo a lo señalado por Sergio Torres Félix, alcalde de la capital sinaloense, dentro de poco tiempo los más acérrimos y radicales opositores a la necesaria continuación de la remodelación del bello centro histórico, se encontrarán tomándose fotografías en su inauguración, por lo que bien podría enviarles un palo de selfies  como cortesía. ¿Se animará?

 

Twitter:  @jramonguzman

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