Los mexicanos consumimos maíz transgénico, 70 por ciento del maíz amarillo que se importa proviene de Estados Unidos, donde 90 por ciento del cultivo es modificado genéticamente, y sin evidencia de daños     

Ciudad de México. - En el debate sobre el uso de transgénicos, los argumentos de ausencia de daño a la salud y al medio ambiente, así como el supuesto de que genera amplios beneficios, como, por ejemplo atacar el hambre, planteados por Francisco Bolívar Zapata, fueron refutados con datos que indican que es imposible la coexistencia entre esos productos y los nativos, además de que genera contaminación y tiene el potencial de causar perjuicio, por lo cual se debe mantener la prohibición del cultivo en el caso del maíz y, adicionalmente debe reconocerse que no ha aliviado el hambre.

                                                                          

En el foro Los alimentos transgénicos a debate, realizado en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, se confrontaron las posiciones del bioquímico Bolívar Zapata –quien fue asesor en ciencia del presidente Enrique Peña Nieto– y el divulgador de la ciencia Javier Flores, con los de la bióloga María Elena Alvarez-Buylla Roces y el experto en filosofía de la ciencia Julio Muñoz.

 

Bolívar Zapata, el primero en participar, basó su presentación en el libro Transgénicos, grandes beneficios, ausencia de daños y mitos. Expuso que sobre éstos no hay evidencia de daño y la verdadera afectación la provocan los químicos que se utilizan en la agricultura convencional, es lamentable que los agricultores en México no los puedan usar, ya que con estos productos se puede reducir el uso de los plaguicidas.

                                                                              

Destacó que los mexicanos consumimos maíz transgénico, 70 por ciento del maíz amarillo que se importa proviene de Estados Unidos, donde 90 por ciento del cultivo es modificado genéticamente, y sin evidencia de daños. Sin hacer mención del papel de las empresas privadas, dijo que hay declaraciones firmadas por ganadores de premios Nobel y expertos en favor de estas especies.

 

A su vez, Javier Flores, profesor de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la Uiversidad Nacional Autónoma de México, señaló que no está en contra de los transgénicos porque son una posibilidad para enfrentar los efectos del cambio climático que modifican la agricultura mundial, y se pronunció porque siga la investigación científica en el tema.

 

Alvarez-Buylla Roces, en tanto, comparó a los transgénicos con el tabaco, del cual se dijo por mucho tiempo que era benéfico para la salud y pasaron siglos para que se admitiera que era perjudicial. Sobre los organismos genéticamente modificados, precisó, se ofrecen dos productos –el resistente a insectos y el tolerante a glifosato– no con el fin de reducir el uso de agrotóxicos, proteger el medio ambiente o generar altos rendimientos. El uso de químicos se eleva y el número de personas con hambre crece, lo cual no depende de la producción, sino de la distribución de los alimentos.

 

Precisó que la evidencia científica descarta la equivalencia sustancial entre los productos modificados y las semillas naturales, por lo cual sí se da la contaminación y ésta resulta dañina. Señaló que “las empresas de biotecnología han utilizado a la ciencia y a ciertos figurones científicos para promover con más éxito sus productos en el mercado”.

 

En respuesta a Bolívar Zapata, Julio Muñoz se refirió a que el libro coordinado por el bioquímico está lleno de falacias, lo cual significa que son argumentos incorrectos, pero persuasivos. Destacó que en el texto se argumenta la participación de expertos y premios Nobel como sí ello bastara para validar los hechos, sin importar el sustento. Además, señaló que es equivocado el concepto de evolución de las especies que se maneja.

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