¿Has pensado que es lo que te hace sentir bien? Te invito a que te lo preguntes, porque también es importante tenerlo muy claro, observa como cada día aparece un nuevo producto que se lanza al mercado, un nuevo comercial, un nuevo espectacular que compite con otros e invita a captar toda tu atención. En ellos siempre nos muestran “lo que es mejor”, lo que está más a la moda, más grande, más efectivo, más divertido, en fin… y nos lo creemos.

 

Si permitimos envejecer en piloto automático y dejar que la entropía nos coma sin aportar nada de nuestra parte para tener una vida más digna, más plena y feliz, entonces, ¿Qué sentido tiene?

 

Por eso, es importante que tú y nadie más que tú respondas a la pregunta: ¿a mí qué me hace sentir bien? Estamos tan inmersos en la rutina y la prisa del día que esto se nos olvida.

 

Son los pequeños detalles los que hacen que al final del dio mi conciencia se aquiete y mi sentir sea diferente.

 

Significa que sometí mi voluntad al levantarme temprano y hacer ejercicio antes de irme a trabajar, en lugar de escuchar a esa voz que me invita a quedarme una hora más en la comodidad de mi cama.

 

Significa que me discipline en lo que comí durante el día, en lugar de darle rienda suelta al instinto que me dice al oído: “no pasa nada, tu comételo”.

 

Significa que a través de poner atención a mi arreglo, a mi higiene, a mi cuidado personal, me agrada verme al espejo y muestro el respeto que me tengo y tengo a los demás.

 

Significa que ese día me di tiempo para estar un rato en silencio, para meditar, descansar un momento y ganarle aunque sea un poco a esa lucha constante que tengo para controlar el estrés.

 

Significa que le llame a mi mama para saludarla y ver como se encuentra; que procure ser cariñosa y escuchar con atención a mi esposo cuando, a su regreso del trabajo, me platicó cómo le fue en su día.

 

Significa que abrace a una amiga que quiero o a alguien de mi familia; que ejercí la paciencia con mis hijos o con la gente con la que trabajo, cuando el día estuvo especialmente muy ajetreado; que tal vez, vía mail o llamada telefónica, atendí a alguna amiga que tenía abandonada.

 

Significa que antes de dormir apagué el twitter y abrí un espacio para leer un rato esa novela que me transporta a otros mundos y me muestra personajes imaginarios que tanto nutren el alma y enriquecen mi mente.

 

En fin, cuando me siento conectada a mí misma, significa que puedo dormir tranquila al saber que ese día aproveché todo el potencial de las herramientas que la vida me dio para vivir; tanto con mi cuerpo, como con mi mente y con mi espíritu.

 

Cuando me conecto a mi voz interna, aunque las circunstancias sean adversas, no solo me siento bien por dentro y mi conciencia está tranquila, sino que me siento cómoda dentro de mí, lo cual también se refleja en mi estado de ánimo, en mi humor, en mi trabajo, en mis relaciones con los demás, en mi forma de caminar y, finalmente, en el brillo de los ojos.

 

Vale la pena porque te sientes en control de tu vida, tus decisiones parten de un lugar de amor y compasión; te atreves a pedir lo que realmente necesitas, eres capaz de decir “no” a lo que te rebasa y sobre todo, lo más importante, vale la pena porque al ponerte en contacto contigo mismo, lo que en realidad deseas y te gusta, consigues el amor de ti, hacia ti; y finalmente, todo esto da como resultado que te sentirás mejor.

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