Los humanos como si estuviéramos en un aparador, intentamos todo para lucir “comparables”. Es así que procuramos disimular la enorme vulnerabilidad con la que a diario luchamos internamente. Surgen a la menor provocación pensamientos del tipo: “Si me muestro tal como soy, qué tal que la gente descubre que no soy como se imaginan”, “no me entrego porque temo salir lastimado”.

 

“¿Qué tal si les caigo mejor cuando no soy yo?”, “¿qué tal si a mi familia y compañeros de trabajo les gusta más el disfraz de perfecto que muestro, ese que se encarga de resolverles todo a todos?”, “¿ahora que me atreva a ser auténtica me rechazarán?”, “me siento más vulnerable”,  “ante eso me siento ignorante y temo que se burlen”, “¿y si me rechazan, y si…?”.

 

Por lo anterior, para protegernos de los demás y de la posibilidad de salir lastimados es que nos valemos de mascaras, biombos y de toda clase de triquiñuelas para decorar nuestro aparador personal.

 

Según el líder espiritual Osho: “ser auténtico significa ser fiel a uno mismo. Es un fenómeno que pocas personas pueden afrontar. Pero quienes lo hacen consiguen una belleza, una gracia y una satisfacción inimaginables”.

 

Ser auténtico es algo que decido ser, es una opción que se me presenta en cada momento del día, lo difícil es optar por la autenticidad en los momentos en que me siento frágil, inseguro y vulnerable.

 

Es cierto que, si bien no es el caso de todos, muchos todavía estamos en el camino de conocer cuál es nuestro “ser verdadero y auténtico”.

 

Si te sientes identificado, una clave que te puede ayudar, si lo piensas un momento, es darte cuenta de que cuando más feliz eres es cuando estás entre amigos, en especial con los de la infancia, con quienes no hay mascaras. O bien, cuando sientes que de alguna manera te conectas con la naturaleza o con Dios. Y esos pequeños momentos de gozo nada tienen que ver con las metas profesionales o las posesiones.

 

La autenticidad es simplemente sentirte libre. Es observarte, estar más presente. Es no dejarte atrapar por los pensamientos –casi siempre negativos— que tu mente emite. Es descubrir que, debajo de toda apariencia física, esta tu verdadero yo. EckartTolle lo expresa en su libro el poder del ahora de la siguiente manera:

 

“El comienzo de las libertad es reconocer que no eres quien piensa. En el momento en que empieces a observar al pensador, se activa un nivel mas alto de conciencia. Entonces te das cuenta de que hay un reino de inteligencia más allá del pensamiento. Y que todo lo que en verdad vale –amor, belleza, creatividad, paz, gozo – surgen más allá de la mente”.

 

Date cuenta de tu grandeza, de tu valor, que está mucho más allá de lo que la gente opina de ti, vaya, es más, hasta de lo que tú opinas de ti.

 

Ser auténtico te conecta con la autenticidad del otro. Es una fórmula de ganar-ganar. Aunque a veces la idea de escoger ser auténticos en cada momento es algo que anima y agota. Anima, porque es lo que todos buscamos y valoramos. A todos nos atrae la gente que es aterrizada, real y sin falsas pretensiones. Y no es fácil porque escoger ser auténtico en una cultura que día a día desea y te invita a que “embones”, “pertenezcas” y “complazcas” es una tarea ardua de conciencia y trabajo interior.

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