Tenemos tanto que hacer y tan poquito tiempo para ello que la idea de pasar el tiempo en actividades no relacionadas con el trabajo, de hecho, nos causa estrés. Nos hemos convencido de que jugar es un desperdicio de tiempo. Bueno, a veces creemos que hasta dormir es desaprovechar el tiempo.

 

¡Tengo que lograrlo!, nos decimos sin importar si nuestro trabajo es dirigir una empresa trasnacional, educar a una familia, pintar o terminar la universidad; tenemos que estar pegados a la tarea sin distracciones de ningún tipo. ¿A qué costo?

 

En todas las edades, el juego nos brinda beneficios insospechados.

 

Basado en sus investigaciones, el doctor Stuart Brown explica que el juego moldea el cerebro, nos ayuda a cultivar la empatía, nos ayuda a navegar por las dificultades y es la base para la creatividad y la innovación.

 

El juego no es una opción, dice Brown. De hecho, escribe: “El opuesto del juego no es el trabajo; el opuesto del juego es la depresión”. Y explica: “Respetar nuestra necesidad biológica programada para jugar puede transformar el trabajo, al devolvernos el entusiasmo y la novedad. Lo más importante, el verdadero juego, que surge de nuestras propias necesidades y deseos, es el único camino para encontrar un gozo y una satisfacción que perduren. A la larga, el trabajo sin juego no funciona.”

 

Lo que impacta es la similitud que hay entre nuestra necesidad biológica de jugar y nuestra necesidad de descansar. Es increíble la cascada de consecuencias físicas y mentales que se desatan al no dormir bien y no descansar.

 

Los beneficios de jugar

 

Jugar es una gran alternativa para el ocio. En especial, si de niños o adolescentes se trata. Los desconecta de la televisión, los obliga a levantarse de su cama y les hace olvidar el aburrimiento crónico en el que muchos caes durante los fines de semana o las vacaciones.

 

Es una forma divertida de aprender. Los juegos no solo hacen pensar, también ayudan a mejorar la capacidad reflexiva. Para ganar, las jugadas deben planificarse y es necesario utilizar estrategias para solucionar los problemas que se presentan.

 

Los juegos de mesa, por ejemplo, ayudan a desarrollar la memoria; aumentan la capacidad de observación y la creatividad. Además, exigen pronta reacción y concentrarse demasiado.

 

Los juegos de grupos o en equipo ayudan a mejorar la habilidad para socializar, al tiempo que son una buena forma de medir la fuerza de carácter y la personalidad, pues implica ponerse de acuerdo con los demás, te enseñan a perder, cooperar, renunciar un poco a uno mismo por el bien del grupo, aceptar la jerarquía y respetar las reglas del juego.

 

Los juegos en grupo, tipo Adivínalo con mímica y Papelitos, en donde se representa algún personaje escrito, nos ofrecen la oportunidad de olvidarnos del ridículo, vencer la timidez y ser lo más espontáneos y naturales posible.

 

En fin, jugar es una gran terapia porque te relajas, te ríes, te liberas de la tensión y el estrés. Al mismo tiempo conoces nuevas facetas de ti mismo.

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