Recuerdas que estamos hablando de las distintas clasificaciones de personalidad, según el eneagrama; esta vez concluimos con los siguientes.

 

Eneatipo 7

 

Llamado “ego-plan”, aludiendo a una excesiva tendencia a sustituir la acción por planes o proyectos, a pensar en lugar de hacer. Pueden considerarse a veces unos soñadores, lo cierto es que esto no es aplicable a todos ellos e incluso en los casos en que si lo es, queda pobre como descripción de carácter.

 

El E7 es un encantador encantado. La inclinación a la fantasía propia del soñador parece derivarse de algo más básico: una búsqueda del placer o del confort. Podría describirse el carácter E7 como urdidor, es decir, alguien que se defiende mediante la inteligencia. Las personas E7 las usan para explicar y manipular, para suscitar la admiración de la gente y lograr su amor.

 

Poseen una gran capacidad para convencer a los demás, pues no sólo explican sino que persuaden. El E7 no es sólo alguien con una gran facilidad verbal; aun más pertinente es la connotación de fraudulencia que tiene la palabra “charlatán” hay tendencia de las personas E7 a convertirse en intelectuales en cierto modo excéntricos, con un exagerado impulso por inventar o descubrir cosas nuevas, que pueden ir desde algo tan razonable como la concepción de métodos para aprovechar la energía de las mareas hasta ideas tan imposibles como el movimiento perpetuo.

 

Por fuera, los E7 son suaves y nada arrogantes, sino aparentemente modestos, y podemos sentir que en su “humildad” quieren que los demás se percaten de su grandeza y hasta de la virtud especial que hay en su modestia. No reclaman para sí ninguna gloria, pero quieren que sus ideas triunfen. Un rasgo fundamental del E7 es la permisividad e indulgencia. Carácter rebelde, aunque a veces de manera suave y diplomático.

 

Eneatipo 8

 

Vengativo. Actitud castigadora. Es vengativo en un sentido en particular, tan significativo que justifica la asociación de la palabra con este carácter: la personalidad E8 constituye un “quedar empatados” con el mundo, en respuesta por el dolor experimentado en la niñez.

 

La persona actúa hoy día de un modo que intenta compensar su desvalimiento ante la  injusticia del trato que sufrió en la infancia.  El problema del E8 es un desarrollo excesivo de la agresión, que equivale a un desarrollo insuficiente de la ternura y una represión de la necesidad de afecto.

 

La gente E8, por tanto necesita desarrollar la ternura y su lado sensible. Antisocial. Un caso grave de tipo E8 es una persona demasiado bruta: se ha producido una cierta animalización, que conduce a una manera de ser hiperagresiva. Podemos decir que por despecho, se han vuelto personas orientadas hacia el poder. Han aprendido a oponerse al poder de la autoridad establecida mediante la contundencia, la intimidación y una gran autonomía. Para salir victoriosos en la batalla por la subsistencia, han aprendido a desafiar la intimidación y afrontar el peligro.

 

La estrategia del E8 es la de no esperar nada de nadie. Se adelantan y toman lo que necesitan; hasta tal punto, que si reciben algo no lo disfrutan tanto como si lo arrebataron ellos mismos. La del E8  es una personalidad explotadora que arremete para sacar provecho. Son muy astutos. Tienen un espíritu revolucionario. Los movimientos sociales suelen contar mucho con personas E8 que son gente rebelde, activa y arrojada. Tienen una manera de hablar directa y dicen sin tapujos lo que piensan. Detrás de la actitud invasora de adelantarse y arrebatar, esta su dificultad para recibir.

 

Eneatipo 9

 

El valor social de que gozan la generosidad y la típica adaptación al entorno del E9 hace que el aspecto patológico de este carácter resulte menos visible que los otros. La gente E9 parece más sana que los demás, ya que se hacen relativamente sordos a su sufrimiento y no causan problemas a los que les rodean. Han aprendido a manejarse en la vida sin seducción ni agresión, sino con resignación y conformismo.

 

El E9 es alguien que ha madurado artificialmente, desde fuera hacia dentro, mediante una adaptación excesiva, en lugar de hacerlo de dentro hacia fuera, como ocurre en el desarrollo orgánico. El tipo E9 “ama” a su prójimo más que a sí mismo. Anteponen lo de los demás a lo suyo. La pérdida de contacto con su profundidad, que acentúa aún más su sobreadaptación, les queda vagamente consciente como una pérdida del ser que deben compensar de alguna manera.

 

Para el E9  el bienestar se consigue mediante un amortecimiento interno. La sobreadaptación y la conformidad responden a la pasión de no “balancear la barca”, y el precio es el aburrimiento. De entre los pecados capitales, el que corresponde al E9 es la pereza. Lo más característico de este tipo de personalidad es su cualidad flemática y una hiperestabilidad que se manifiesta en su tendencia conservadora y en su resistencia al cambio.

 

Como el egoísmo es un tabú para los E9 y perciben la terapia como un acto egoísta, les parece que es ocuparse demasiado de uno mismo. En el E9 hay una simplificación de la vida, que comporta una pérdida de conciencia de los conflictos. Al E9 no le gustan los conflictos, no los tolera, y reacciona simplificando la vida enormemente.

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