Existen dos tipos de aprendizaje: por imitación y por contraste. Unos siguen lo mejor que ven, otros hacen lo contrario de lo que observan. En el amor, por ejemplo, el aprendizaje se basará, por lo general, en ejercicios breves y repetidos de rectificación, avance y progreso en la comunicación de la pareja. No suelen tratarse aspectos extraordinarios, sino cuestiones de escaso valor por las que, si no se lucha, se distorsionara la comunicación y todo funcionara de forma negativa. Lo que al principio pueden ser desavenencias insignificantes, al repetirse pueden desencadenar situaciones conflictivas en la vida matrimonial.

 

Las discusiones que suelen originarse, por insignificantes que parezcan, activan mecanismos agresivos: descontrol verbal, lista de agravios, entre otros que pueden arrasarlo todo con su fuerza.

 

Tener una voluntad bien preparada para luchar por las cosas pequeñas es algo que se consigue con el entrenamiento adecuado a lo largo de semanas, meses, incluso años.

 

La persona que lucha, utiliza la voluntad en estas ideas y aplica la metodología correcta, vivirá contenta, aunque pierda algunas batallas. El tiempo la hará fuerte y animosa. Sabrá afrontar los conflictos, riesgos y tropiezos de la convivencia; conocerá sus complicaciones y no se desalentará cuando arrecien los problemas; superará los obstáculos y los contratiempos cuando pongan en peligro su estabilidad. La repetición de pequeños actos de esfuerzo prepará para la lucha deportiva.

 

Los dos apoyos básicos de cualquier aprendizaje, la inteligencia y la voluntad, no tienen buena prensa hoy, pero son definitivos para conseguir, por ejemplo, un amor maduro. La inmadurez afectiva vive el amor como si fuera viento, que va y viene, que no se puede contener ni controlar. Eso es falso, pues el amor hay que ganárselo en una pelea constante y positiva que aspira a una posición estable y armónica.

 

Es evidente que aprendemos mejor por imitación de modelos positivos. Ver ejemplos claros, diáfanos, de parejas consolidadas es la mejor lección. Además, la capacidad de amar se va aprendiendo de aquí y de allá: escogiendo, captando, participando.

 

Los psiquiatras son médicos que interiorizan las superficies psicológicas. Entran en los pasadizos internos buscando la respuesta a la conducta. La conducta es un observatorio desde donde se analiza la vida ajena con minuciosidad, donde el médico constata la diversidad de comportamientos sanos y enfermos. Por eso, la experiencia es esencial.

 

La vida enseña más que muchos libros.

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