La inteligencia es la capacidad mediante la cual un conjunto de estímulos diversos, juntos, dan lugar a una conducta positiva que se adapta a la realidad y beneficia a ese individuo como animal único y social. Hay en esta primera aproximación dos ideas básicas:

 

1.   Capacidad para aprender con la experiencia

 

2.   Comportamiento adecuado a la realidad.

 

Pero hay que señalar que el concepto de inteligencia tiene unos perfiles borrosos, contrariamente a lo que se pueda pensar a primera vista. La historia de la psicología de la inteligencia es muy interesante. Spearman a principios de siglo diseñó dos modelos de inteligencia: uno monárquico, centrado en un “factor G” de inteligencia global como capacidad heredada; el otro, oligárquico, compuesto por diversos “factores  S” o habilidades especificas.

 

Esta teoría doble se define en función de la facilidad para establecer relaciones simples y complejas. Poco antes, Stern había definido el concepto de cociente intelectual, que se consigue dividiendo la edad mental por la edad cronológica, multiplicando su resultado por cien.

 

Para este autor, la inteligencia es la capacidad para resolver los problemas de la vida de forma adecuada, productiva e independiente. Los nombres de Binet-Simon y Terman-Merril constituyen ya parte de la historia, con dos test clásicos de mucha influencia.

 

Tras las explicaciones anteriores cabe señalar que una persona es inteligente cuando:

 

- Es capaz de tener una correcta percepción de la experiencia.

 

- Sabe captar las relaciones que el hombre establece con el entorno.

 

- Tiene visión de futuro.

 

En 1938 otro investigador, Thurstone, que trabajó como ingeniero y más tarde se hizo psicólogo, se interesó mucho por las diferencias particulares de unos individuos a otros. Rechazó la tesis de un factor general y aisló siete habilidades mentales esenciales: comprensión verbal, fluidez para hablar, habilidad numérica, capacidad de visualización espacial, memoria, razonamiento y rapidez de percepción.

 

Más tarde, en 1959, Guilford aplicó el análisis factorial de tipo matemático a un modelo tridimensional de estructura cubica: la forma de pensar, el contenido de lo procesado y el producto o resultado de los anteriores. Este análisis contempla cerca ce ciento cincuenta factores de inteligencia, con influencia reciproca.

 

Cattell y Horn distinguieron en 1967 dos clases de inteligencia:

 

- Inteligencia fluida: facilita la capacidad para descubrir las relaciones   entre conceptos, razones, argumentos y temas abstractos.

 

- Inteligencia cristalizada: facilita la capacidad para utilizar un conjunto de informaciones ricas y complejas —en el que se incluyan la educación y la cultura— que nos permite entender el mundo en el que habitamos, emitir juicios corrector y resolver problemas.

 

Pero la perspectiva más moderna procede del americano Robert Stenberg, de la Universidad de Yale, cuyo trabajado de investigación se centra en el modelo del ordenador, es decir, la inteligencia descansa en el arte de saber procesar de forma adecuada la información que llega a través de los distintos estímulos, codificarla, almacenarla y lograr la mejor resultante posible.

 

En otras palabras la inteligencia es la capacidad de acumular y elaborar la información recibida, así como de dar respuestas eficaces y positivas para que la conducta sea la mejor posible. Según esta teoría de la elaboración de la información, también denominada cognitiva, el análisis es una elaboración psicológica que se lleva a cabo mediante representaciones mentales capaces de seleccionar e integrar todo el material acumulado y facilitar los procesos de razonamiento.

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