La afectividad consiste en una experiencia con respuestas físicas, psicológicas, conductuales, cognitivas y asertivas, que se caracterizan por un estado determinado de activación; un sistema informativo de señales en el que hay un emisor y un receptor, y una serie de acontecimientos capaces de poner en marcha esta pentalogía.

 

En la afectividad están inmersos ciertos aspectos que se detallan a continuación.

 

El aspecto físico.Se manifiestamente a través de manifestaciones somáticas o psicosomáticas. El polígrafo mide y registra estas respuestas corporales, y en él quedan recogidos patrones específicos: pulso, tensión arterial, frecuencia cardiaca, erección del pelo, dilatación popular, motilidad gástrica, temperatura de la piel, respiración… no es lo mismo sentir cólera, estar enamorado o decepcionado, o experimentar rabia.

 

El aspecto psicológico.La vertiente psíquica o vivencial enseña la forma subjetiva de vivir la experiencia afectiva. De ella nos enteramos a través del lenguaje verbal y también del no verbal, aunque este término en menor medida. Mediante el análisis del discurso captamos los matices y cualidades. La información que vamos a tener depende directamente de la riqueza psicológica de esa persona, además de lo percibido por dentro.

 

El aspecto conductual.La tercera forma de experimentar la afectividad es a través de la conducta: aquello que se obtiene mediante la observación externa del comportamiento, lo cual va a constituir una amplia gama de manifestaciones, desde la tensión mandibular a la forma de andar, pasando por las expresiones faciales, el estado de alerta, la hipervigilancia, el bloqueo afectivo.

 

El aspecto cognitivo.La cuarta faceta constituye el plano cognitivo y se refiere a todo lo que sitúa en torno al conocimiento. En este ámbito hay que incluir la senso percepción, la memoria, el pensamiento, las ideas, los raciocinios, la imaginación, la fantasía.

 

Los sistemas cognitivos y sus derivaciones nos capacitan para reconocer, apreciar y valorar los aspectos del mundo afectivo, necesarios para mantener una buena relación conyugal.

 

Los receptores de nuestra mente actúan como filtros. Nos hacen reaccionar ante unas cosas y nos excluyen de otras, lo que implica códigos privados que relacionan estímulos y atributos. Todo estado emocional es el resultado de una síntesis de experiencias externas e internas, pero sabiendo que existe un patrón específico para cada emoción.

 

El aspecto asertivo. Por último hablamos de la asertividad, una dimensión psicológica referida a las habilidades para la comunicación social. El término procede el latín tardío assertum—participio pasivo de assesere, que significa “afirmar, conducir ante el juez”---, y a su vez de sesere, “entretejer, encadenar”. Existe otra expresión latina relacionada, assertus, “afirmación sobre la certeza de algo”. Una conducta es asertiva cuando hace y dice lo que es más adecuado en cada situación, sin inhibiciones ni agresiones. Ello conduce a una evidente libertad de expresión ideológica y emocional.

 

Las cinco vertientes que hemos discutido subyacen a la vez en cada uno de los estados afectivos en los que podemos vernos sumergidos. Lo importante es saber que estos tienen vida propia, rasgos delimitados y, a la vez, se introducen en el territorio de los otros, formando un entramado de respuestas claro y confuso, concreto y disperso.

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