El ámbito de los sentimientos exige un orden y una sistematización lo más acertada posible sobre todo lo que ocurre en su seno; a continuación se los presento.

 

* Sentimientos sensoriales, vitales, psíquicos y espirituales.

 

Los sentimientos sensoriales. Son inmotivados, proceden del interior o interioridad personal, aunque pueden desencadenarse por lo que se denominan life events.

 

Los sentimientos vitales. Son también inmotivados, pero se plasman somáticamente en toda la geografía corporal, de forma global y no localizada como en los anteriores. Ejemplo: “estoy agotado por la mañana, ya en el momento de levantarme, es un cansancio no debido a nada, anterior al esfuerzo, que me deja sin energías y sin ánimo”.

 

Los sentimientos psíquicos. También llamados del yo, son motivados. Una primera característica es que existe alguna causa o razón, o sea, tienen un fundamento. Un segundo rasgo que los define es que son comprensibles, tiene sentido que se produzca. Por último y a diferencia de los dos anteriores, no presentan trastornos somáticos.

 

Los sentimientos espirituales. Son trascendentes, van más allá de la realidad personal.

 

Sentimientos pasajeros y permanentes. En los primeros todo es transitorio y fugaz, responde a un primer entusiasmo que se desvanece en poco tiempo; son frecuentes en la adolescencia y en las personas inmaduras, incapaces de calibrar una relación afectiva de forma adecuada, sabiendo que el suceso de los sentimientos necesita para echar raíces. En los segundos o sentimientos permanentes no existe el aspecto fugaz y efímero; por el contrario, suele faltar ese desbordante entusiasmo esencial, su génesis es más pausada, pero poco a poco se va haciendo más estable y duradero.

 

Sentimientos superficiales y profundos. Los sentimientos superficiales son aquellos que de alguna manera forman el entramado diario de nuestra vida, los que afectan a la capa más epidérmica de nuestra intimidad y personalidad. Los sentimientos profundos son de signo justamente contrario, afectan más interiormente a la psicología y, de alguna manera la conmueven, la alteran, la distorsionan.

 

Sentimientos simples y complejos. Los sentimientos simples se caracterizan por un elemento, claro y preciso; los complejos por distintos modos, lo que convierte la experiencia vivencial en algo infrecuente, extraño y, por consiguiente, difícil de exteriorizar.

 

Sentimientos motivados e inmotivados. Los motivados tienen como principal exponente la comprensión, y como objetivo buscar un motivo que justifique su humor afectivo. Los sentimientos inmotivados son característicos de los niños y los adolescentes, que aun no tienen una afectividad sólida.

 

Sentimientos positivos y negativos.  Los sentimientos negativos son los que más ayudan a que madure la personalidad, aunque parezca lo contrario. De ahí que la ansiedad, siempre que no sea patológica en exceso, resulta benéfica en la medida que obliga a interrogarse por aspectos esenciales de la condición humana.

 

Sentimiento noeticos y patéticos. En los sentimientos noeticos el contenido es preferentemente intelectual y en los patéticos, puramente afectivo. Sin duda, los patéticos son los sentimientos perse, los más auténticos.

 

Sentimientos activos y pasivos. En los pasivos domina el dejarse invadir y encontrarse instalado en una vivencia determinada. En los activos se produce la necesidad de tomar parte y actuar en relación con el hecho vivido.

 

Sentimientos impulsivos y reflexivos. En los sentimientos impulsivos se activa un dispositivo en el instante en que se produce el cambio afectivo; en los reflexivos se produce una invitación al recogimiento y al análisis interior privado, en un intento de comprender lo que ha sucedido y el porqué de su significado.

 

Sentimientos orientativos y cognitivos. En los sentimientos orientativos se fragua una tendencia, que no es sino la elección de una trayectoria a raíz de los mismos, con el fin de buscar un derrotero adecuado al contenido. Los sentimientos cognitivos, por su parte, están cargados de conocimiento.

 

Sentimientos con predominio del pasado, del presente o del futuro. En cada uno de ellos el factor tiempo es primordial: puede ser retrospectivo (la tristeza, la melancolía, el aburrimiento, etcétera), permanecer en el presente o tener perspectiva de futuro.

 

Sentimientos fásicos y arrítmicos. Ambos quedan quedan definidos por un curso regular o irregular. Los fásicos son aquellos que se producen de forma cíclica, periódica, y se dan especialmente en los trastornos depresivos mayores. Los sentimientos arrítmicos se registran básicamente en los trastornos afectivos específicos y a los de la personalidad.

 

Sentimientos gobernables e ingobernables. Lo correcto sería expresarlo de otro modo: esperados e inesperados. En los primeros la persona tiene capacidad para controlarlos y dirigir su rumbo. En los sentimientos ingobernables sucede lo contrario.

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