El amor es una complicada realidad que hace referencia a múltiples aspectos de la vida, que podemos exponer del siguiente modo:

 

Amor de amistad: relación de amistad o simpatía que se produce hacia otra persona que ha de ser de cierta intensidad, lo que supone un determinado nivel de entendimiento ideológico y funcional. El amor de amistad es uno de los mejores regalos de la vida gracias al cual es posible percibir la relación humana como próxima, cercana, llena de comprensión.

 

Laín Entralgo ha definido esta relación como “una peculiar relación amorosa que implica la donación de sí mismo y la confidencia: la amistad queda psicológicamente constituida por la sucesión de los actos de benevolencia, beneficencia y confidencia que dan su materia propia a la comunicación.

 

Vázquez de Prada en su estudio sobre la amistad da algunos ejemplos históricos: Davis y Jonatán, Cicerón y Ático, Goethe y Schiller, en todos ellos hay intimidad, confidencia y franqueza, porque la amistad siempre implica vinculación amorosa.

 

Amor en las relaciones interpersonales: amor de los padres a los hijos y viceversa; amor a los familiares, a los vecinos y a los compañeros de trabajo, en cada una de estas relaciones la vibración amorosa será de intensidad distinta, según la cercanía o alejamiento que exista en la misma.

 

Asimismo tiene lugar el amor referido a cosas u objetos inanimados: amor a los muebles antiguos, al arte medieval, al renacimiento, a la literatura del romanticismo, etcétera; en una palabra, lo que comúnmente conocemos como apego o cariño a algo que va ligado a nosotros.

 

Amor a temas ideales: la justicia, el derecho, el bien, la verdad, el orden o el rigor metodológico, en este sentido la palabra amor manifiesta el significado de inclinación.

 

Amor a actividades o formas de vida: la tradición, la vida en contacto con la naturaleza, el trabajo bien hecho, la riqueza, las formas y los estilos de vida clásicos, sobre gustos hay muchas cosas escritas: cada una refleja una forma preferente de instalación en la realidad.

 

Amor al prójimo: en su sentido etimológico y literal: a las personas cercanas a nosotros y, por tanto, al hecho de ser hombre como a todo lo que ello implica.

 

Amor entre dos personas: la pareja brilla con luz propia. El análisis del mismo nos ayuda a comprender y clarificar los anteriores usos de esta palabra. Es tal la grandeza, la riqueza de matices y la profundidad del amor humano, que nos revela las cualidades de cualquier otro tipo de amor.

 

Cuando se habla del amor entre dos personas, el enamoramiento tiene que ser el obligado punto de partida; la referencia de la que salen los radios que harán funcionar el carro del amor. Más tarde vendrán dificultades de la travesía, pero es una de las tareas de cualquier recorrido.

 

Amor a Dios. Para el creyente, Dios constituye una razón de ser primordial. Estamos viviendo en la sociedad actual un neopaganismo, con la aparición de dioses de la historia universal, que conviven con otros nuevos como el sexo, el dinero, el poder y el placer.

 

Además, hay otros dioses, como el relativismo, la permisividad, la ética indolora, el llamado new age, las normas morales a la carta, entre otros.

 

Pero el Dios judeocristiano es alguien. El cristianismo no supone una filosofía de vida, ni un conjunto de ideas personales y sociales que ayudan al ser humano a sobrellevar mejor las dificultades de la vida, sino un modelo cuya esencia es una persona, Jesucristo, señal de identidad, punto de referencia capaz de iluminar con su esplendor todos los ámbitos del quehacer humano. Este amor debe ser personal, reciproco, amistoso, ejido de diálogo y en él las diferencias se iluminarán por la grandeza de Dios.

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