Todos, en algún momento de nuestras vidas, nos hemos encontrado con personas problemáticas (jefes, amigos, familiares, etc.) En todo grupo humano, ¿quién no se ha enfrentado con un manipulador que quería que hiciera todo lo que él disponía, con un psicópata que se había predispuesto a hacerle la vida imposible, con un jefe autoritario que pensaba que podía disponer de su vida las 24 horas del día, con un amigo envidioso que celaba todo lo que obtenía, o con un vecino chismoso que controlaba a qué hora salía y entraba a su casa y con quién?

 

Más allá del dolor que nos generaron estas personas, las preguntas de quienes alguna vez tuvimos que convivir con ellas son: ¿Qué hago? ¿Cómo pongo limites sin lastimar ni lastimarme a mí mismo? ¿Cómo puedo lograr que esa “gente tóxica” no entre en mi círculo afectivo íntimo?

 

LOS METECULPAS

 

“Con todo lo que yo hice por ti, ¿ahora me pagas así?”

 

La culpa es uno de los sentimientos más negativos que puede tener el ser humano y, al mismo tiempo, una de las más utilizadas para manipular a los otros. Los psicólogos establecen que la culpa es la diferencia entre lo que hice y lo que debería haber hecho. La culpa es una emoción que nos paraliza, que nos impide seguir desarrollando todo el potencial que tenemos; la culpa es venganza, enfado y boicot contra uno mismo.

 

El ser humano tiene necesidades básicas que requiere desarrollar para poder vivir libre de culpas y así apartar cada obstáculo que intente detenerlo. Algunas de estas necesidades son: la necesidad física, la necesidad emocional, la necesidad intelectual, la necesidad espiritual.

 

Cuando una de las aéreas de nuestra vida no alcanza toda su capacidad de expresión nos sentimos con culpa, nos volvemos vulnerables a la queja, a las demandas y a la manipulación. Si le damos permiso a la culpa para que crezca y ocupe cada vez más espacio dentro de nuestras emociones, esta se convertirá en la causante de una depresión que sabremos donde comienza pero no donde termina.

 

EL ENVIDIOSO

 

Envidiar es una emoción que no solo implica anhelar lo que otra persona tiene, querer estar pasando por la misma circunstancia que el otro; el acto de envidiar implica mucho más: te coloca en un plano de continua insatisfacción y de queja permanente. La envidia nace de la sensación o de la creencia de que nunca tendrás lo que el otro posee.

 

La envidia puede originarse en aquello que pensamos que no tenemos y necesitamos obtener para ser felices y en una autoestima pobre y lastimada, que nos hace sentir que si tuviéramos lo que el otro ha logrado, entonces seriamos felices.

 

La envidia es un sentimiento destructivo de alguien que pretende quitarte lo que ha logrado. Si eres un hombre de éxito, siempre te perseguirán.

 

La envidia acorta la visibilidad y ejerce la misma función que la neblina: no permite ver más allá de lo que solo está al alcance de los ojos. La persona que envidia para el tiempo opinando y juzgando todo lo que el otro tiene, en lugar de orientarse a alcanzar sus propios sueños, por lo cual termina convirtiéndose en verdugo en vez de ser protagonista de su propia vida.

 

La envidia es un deseo de destrucción, es odio. Las muertes, las violaciones, las estafas, los engaños, los maltratos nacen por la envidia, por ambicionar lo que el otro tiene.

 

Justo cuando tu estima y tu yo estén seguros de sus capacidades y habilidades, cuando hayas determinado que nada te moverá del objetivo a seguir, nadie más te despertará envidia.

 

EL DESCALIFICADOR

 

“Excelente trabajo, lástima que lo has entregado tarde”.

 

Muchas personas desperdician a diario minutos y horas de su tiempo tratando de descalificar a todos aquellos que se encuentran a su alrededor. Parecen disfrutar al menospreciar y rebajar a los demás, sea cual fuere la tarea que están realizando o el vínculo que tengan con las víctimas.

 

Si alguna vez padeciste este tipo de ataque verbal, es posible que te hayas cuestionado el origen de estas agresiones, que te hayas preguntado cuáles fueron las causas que las motivaron y, seguramente, no encontraste la respuesta.

 

Podemos proponer diferentes teorías, sin llegar a ninguna conclusión. Pero de todas maneras, podemos darnos cuenta de que el descalificador tiene como objetivo controlar nuestra autoestima, hacernos sentir “nada” ante los demás, para que de esta forma él pueda brillar y ser el centro del universo.

 

Si haces algo, el descalificador te criticará, y si no actúas te juzgará por no hacerlo. Su especialidad son los dobles mensajes y los mensajes ambivalentes. Los descalificadores te endiosan hoy y mañana te bajan del pedestal en un instante. Juegan juegos crueles que pretenden desestabilizar tus emociones y robarte los sueños.

 

Su idea es que vivas desconfiado, te sientas inseguro y dependas de sus palabras y opiniones.

 

EL AGRESIVO VERBAL

 

Los agresivos son personas difíciles, complicadas, seres que minuto a minuto obstaculizan nuestra existencia, que parecen encontrar placer en hacernos difícil la convivencia o nuestro trabajo.

 

Sus contestaciones filosas y agudas nos sorprenden, nos dejan mudos, “Sin palabras”. Establecer una comunicación con este tipo de gente nos deparará tener que controlar nuestros más bajos instintos.

 

Los agresivos son seres cuya violencia verbal parece fluir por sus poros, produciendo un desgaste impresionante a quien debe tratar con ellos.

 

El agresivo verbal tendrá como objetivo hacerte sentir “poca cosa”, incapaz, débil e inseguro. Su objetivo es que creas que él lo sabe todo y que, además, tiene la capacidad y la autoridad para llevar a cabo lo que se proponga. Lo más probable es que si te esfuerzas en demasía por mantener la calma y no perder el control, dado que no te gustan los enfrentamientos, cedas para evitar más confrontaciones haciéndote cargo de cada palabra y de cada hecho aunque no seas responsable.

 

NOTA: Seguiremos hablando de las otras nominaciones de gente tóxica en la próxima sesión. Gracias.

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