Imaginemos que padecemos una enfermedad en la piel y que nuestras heridas están infectadas. Como queremos que la piel se nos cure, acudiremos a un médico, y este utilizará un escalpelo para abrir las heridas. Después las limpiará, aplicará un medicamento y las mantendrá limpias hasta que se curen y dejen de provocar dolor.

 

Pues bien, para sanar el cuerpo emocional procederemos del mismo modo, abrir y limpiar las heridas, aplicar algún medicamento y mantenerlas limpias  hasta que se curen. Pero ¿cómo las abriremos?, utilizando la verdad como si se tratara de un escalpelo.

Hace dos mil años uno de los grandes maestros dijo: “Y conocerás la verdad y la verdad te hará libre”.

 

La verdad es como un escalpelo porque produce dolor al abrir las heridas y descubrir todas las mentiras. Las heridas de nuestro cuerpo emocional están cubiertas por el sistema de negación, el sistema de mentiras que hemos creado a fin de protegerlas. Ahora bien, sólo cuando miremos nuestras heridas con los ojos de la verdad, seremos finalmente capaces de sanarlas.

 

Hemos dicho que de pequeños no tuvimos la oportunidad de escoger qué creer y qué no creer. Bueno, ahora es distinto. Ahora que somos adultos tenemos el poder de hacer una elección. Podemos creer o no creer. Aunque  algo no sea porque esa será nuestra voluntad. Puedes escoger cómo vivir tu vida, y si eres sincero contigo mismo, sabrás que siempre tendrás la libertad de hacer nuevas elecciones.

 

Cuando estamos dispuestos a ver con los ojos de la verdad, destapamos algunas mentiras y abrimos las heridas. Pero las heridas todavía están llenas de veneno.

 

Por lo tanto, una vez abiertas, las limpiaremos para eliminar todo el veneno. Pero ¿Cómo lo haremos? El mismo maestro nos dio la solución hace dos mil años: el perdón. El único medio para limpiar las heridas y desprendernos del veneno es el perdón.

 

Debes perdonar a quienes te hirieron aunque, en tu mente, todo lo que te hicieron te resulte imperdonable. Los perdonarás no porque  merezcan tu perdón, sino porque no quieres sufrir  y causarte más dolor a ti mismo cada vez que recuerdes lo que te hicieron. No importa lo que otras personas te hiciesen, las perdonarás porque no quieres sentirte permanentemente enfermo.

 

El perdón es necesario para sanar tu mente. Perdonarás porque sentirás compasión de ti mismo.

 

El perdón es un acto de amor hacia uno mismo.

 

El único medio para sanar tus heridas es a través del perdón. Ahora bien, sólo sabrás que has perdonado a alguien cuando lo veas y ya no sientas nada, cuando escuches su nombre y no experimentes ninguna reacción emocional. Por lo tanto, cuando seas capaz de tocar una herida emocional y ya no sientas dolor, entonces sabrás que verdaderamente has perdonado. Evidentemente, en ese lugar te quedará una cicatriz del mismo modo que te queda en la piel.

 

Recordarás lo que sucedió, cómo eras antes, pero una vez que la herida se haya curado, dejará de doler para siempre.

 

La verdad es que no puedes perdonar porque aprendiste a no hacerlo, porque eso es lo que practicaste, porque llegaste a ser un maestro de la falta de perdón.

 

Coge tu orgullo y tíralo a la basura, no lo necesitas. Sencillamente, libérate de tu importancia personal y pide perdón. Perdona a los demás y verás cómo los milagros empiezan a suceder en tu vida.

 

En primer lugar haz una lista de todas las personas a las que crees que necesitas pedir perdón, y acto seguido, pídeles perdón. Aunque no tengas tiempo de llamarlas a todas, pide perdón en tus oraciones y a través de tus sueños. En segundo lugar haz otra lista de todas las personas a quienes necesitas perdonar. Empieza por tus padres, hermanos y hermanas, tus hijos, tus amigos, tu amante, tu gato, tu perro, el gobierno y Dios.

 

Empieza a trabajar en el perdón, empieza a practicar el perdón. Al principio cuesta, pero después se convertirá en un hábito. El único medio de recuperar el perdón es volver a practicarlo.

 

Practica incansablemente hasta que, al final, puedas comprobar si eres capaz de perdonarte a ti mismo. Ese es el perdón supremo: perdonarte a ti mismo.

 

El perdón es el único medio para limpiar las heridas emocionales: cuando perdonas, la vida se convierte en algo fácil. El perdón es el único medio para sanar nuestras heridas.

 

La curación se fundamenta en tres puntos muy sencillos: la verdad, el perdón y el amor hacia uno mismo.

COMENTA LA NOTA