Imagínate una relación perfecta. Siempre te sientes feliz con tu pareja porque vives con el hombre o con la mujer perfecta para ti. ¿Cómo describirías tu vida con esa persona?

 

Bien, la manera en que te relacionas con ella será, exactamente, la manera en que te relacionas con un perro. Un perro es un perro y hagas lo que hagas, seguirá siendo un perro. No puedes convertir un perro en un gato o en un caballo; es lo que es.

 

Aceptar este hecho en tus relaciones con otros seres humanos resulta fundamental. No es posible cambiar a las personas, las amas tal como son o no las amas, las aceptas. Intentar cambiarlas para que se ajusten a lo que tú quieres que sean es como intentar que un perro se convierta en un gato o que un gato se convierta en un caballo. Es un hecho: son lo que son y tú eres lo que eres. Bailas o no bailas. Es necesario que seas completamente sincero contigo mismo: decir lo que quieres y ver si estás dispuesto a bailar o no. Entiéndelo bien, porque es muy importante. Cuando realmente comprendas, probablemente serás capaz de ver lo que es verdad para los demás y no sólo lo que tú quieres ver.

 

¿Cómo sabes si tu pareja es adecuada para ti? Imaginemos que eres un hombre y que vas a ser escogido por una mujer. Si hay cien mujeres que buscan a un hombre y cada una de ellas te considera a ti posible candidato, ¿para cuántas de esas mujeres serías el hombre adecuado? La respuesta es: no lo sabes. Esa es la razón por la que necesitar explorar y arriesgarte. Ahora bien, te puedo decir por adelantado, que la mujer adecuada para ti es la mujer que amas tal como es, la mujer que no tienes necesidad de cambiar en absoluto. Esa es la mujer adecuada para ti, y a la vez, tú resultas ser el hombre adecuado para ella, serás una persona afortunada.

 

Cuando conoces a una persona, inmediatamente después de saludarte y decirle “hola”, empieza a enviarte información. A duras penas es capaz de esperar para compartir su sueño contigo, se abre aunque ni siquiera sepa que lo está haciendo.

 

Resulta muy fácil ver a cada persona tal y como es. No es necesario que te mientas a ti mismo. Ves lo que estás comprando y bien lo quieres o no lo quieres. Pero no puedes culpar a la otra persona por ser un perro o un gato o un caballo. Si quieres un perro, entonces ¿por qué te compras un gato? Si quieres un gato, entonces ¿por qué comprarte un caballo o un pollo?

 

Haces una elección y eres responsable de tus elecciones. Después, si esas elecciones no funcionan bien, no te culpes a ti mismo. Sencillamente, haz una nueva elección.

 

En primer lugar tienes que saber lo que quieres. Tienes que saber exactamente cuáles son las necesidades de tu cuerpo, cuales son las necesidades de tu mente, y qué se adapta bien a ti. Esa persona no necesita ser exactamente como tú; bastará con que ambos sean como una llave en la cerradura: una unión que funciona.

 

Necesitas ser sincero contigo mismo y con todas las personas. Proyecta lo que sientes que eres verdaderamente y no finjas ser lo que no eres. Es como si estuvieras en un mercado: te vas a vender a ti mismo y también vas a comprar. Para comprar quieres ver la calidad del género. Y por lo tanto, a la hora de vender, es necesario que les muestres a los demás lo que tú eres. No se trata de ser mejor o peor que otra persona: se trata de ser lo que eres.

 

La relación es un arte. Para que los dos sean capaces de mantener la felicidad será necesario que mantengas tu mitad en perfecto estado. Cuando no somos conscientes de que estamos enfermos o de que nuestra pareja está enferma, nos volvemos egoístas. Cuando somos conscientes de que nuestra pareja tiene heridas emocionales y la amamos, indudablemente hacemos todo lo posible para no tocárselas.

 

La comunicación basada en el amor y el respeto es la clave para mantener vivo el amor y no aburrirse nunca en la relación. Lo que vas a compartir con tu pareja no es la basura, sino el amor, la relación romántica, la comprensión.

 

Sana tu mitad y serás feliz. Si eres capaz de sanar esa parte de ti, entonces estarás listo para establecer una relación sin miedo, sin necesidad. Pero recuerda, solo puedes curar tu mitad. Si mantienes una relación y trabajas en tu mitad y tu pareja trabaja en la suya, veras con qué rapidez se progresa.

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