Ni un día podemos tomar vacaciones del control de nuestra vida. Sin duda alguna, habrás escuchado las siguientes expresiones:

 

“Juanita es muy inteligente, saca 10 en su examen de matemáticas”.

 

“Lucero ganó el concurso de ortografía; aprendió todas las palabras porque es muy inteligente”.

 

“Carlos ayuda a sus compañeros cuando no entienden un problema; es muy listo y sabe mucho”.

 

“Cuquita hace muy bien los cálculos; es una persona que tiene una gran agilidad mental”.

 

Ejemplos como estos hay muchos y los niños desde pequeños estudian y trabajan usando y desarrollando su inteligencia.

 

La inteligencia te ayuda, entre otras muchas cosas a pensar qué quieres, resolver una situación difícil, memorizar las lecciones, distinguir entre una cosa y otra, escoger lo que más te conviene, inventar, etc.

 

Pero hay otro tipo de inteligencia que necesitamos aprender a usar, para ver cuál es, leamos el episodio siguiente:

 

Juan y José juegan. José se tropieza y le cae encima de Juan. Juan se enoja y quiere desquitarse: ¡idiota, me las vas a pagar! Se da cuenta de su enojo y piensa: pobre, él también se cayó, mejor lo ayudo. Lo ayuda a levantarse y siguen siendo amigos. Se siente más tranquilo y dice: No te preocupes, fue un accidente.

 

Para poder vencer el coraje y ayudar a José, Juan tuvo que usar su Inteligencia Emocional.

 

Esta inteligencia te ayuda a controlar las emociones que tratan de hacerte daño y no te dejan disfrutar lo hermoso de la vida, y te enseña a cambiarlas por emociones positivas que te impulsan a salir adelante.

 

Hay personas muy inteligentes para el estudio pero no saben salir adelante en un pleito, cuando se sienten tristes, cuando tienen coraje o miedo.

 

Entonces, para usar la inteligencia emocional es necesario darte cuenta de cuando tienes pensamientos negativos, decidirte a cambiarlos por pensamientos positivos, y empezar a hacerlo ¡YA!

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