Una de las virtudes esenciales para la vida esclarecida es esta; en el último momento al margen de lo que hayas conseguido, al margen de las casas de veraneo que puedas tener, al margen de los coches que puedas acumular en tu garaje, la calidad de tu vida se reducirá a la calidad de lo que hayas aportado.

 

El antiguo proverbio chino dice: “la mano que te da unas rosas siempre conserva un poco de la fragancia”. El sentido está claro: cuando trabajas para mejorar la vida de los demás, indirectamente estás elevando la tuya. Cuando te preocupas de realizar actos bondadosos diariamente y al azar, tu propia vida se enriquece y gana en significado. Para cultivar la santidad de cada día, sirve a los demás de alguna manera.

 

Para mejorar drásticamente la calidad de tu vida, debes cultivar una nueva interpretación de por qué estás aquí en la tierra. Debes comprender que, del mismo modo que viniste al mundo sin nada, tendrás que irte de él sin nada. Por consiguiente, solo puede haber una única razón para que estés aquí.

 

Entregarte a los demás y contribuir en todo lo que puedas. No estoy diciendo que no puedas tener tus juguetes o que hayas de dejar tu trabajo y dedicarte a los desposeídos, aunque hay personas que han optado por esa línea de acción y están muy satisfechas. Nuestro mundo está en plena transformación. La gente cambia dinero por sentido.

 

Capacidad mental, energía sin límite, gran creatividad, disciplina y sosiego. Se trata de abrir todos esos tesoros y aplicarlos en un bien común.

 

Piensa que la cosa más noble que puedes hacer es dar a los otros. Los sabios de oriente lo denominan “despojare de los grilletes del yo”. Se trata de perder tu inseguridad y de centrarte en propósitos superiores.

 

Podría tomar la forma de dar más a los que te rodean, ya sea tu tiempo o tu energía: estos son en realidad tus dos recursos más valiosos. Podía ser algo tan importante como tomarte un año sabático para trabajar con los pobres o algo tan insignificante como dejar que unos cuantos coches te adelantes en mitad del tráfico. Suena a rancio, pero si una cosa he aprendido es que la vida se mueve hacia una dimensión más mágica cuando empiezas a esforzarte por hacer del mundo un lugar más habitable. Al nacer, decía, el yogui Raman, nosotros lloramos mientras el mundo se regocija. Sugería que deberíamos vivir de un modo que, en el momento de la muerte, el mundo llore mientras nosotros nos regocijamos.

 

Te contaré una historia interesante. “Érase unan vez una anciana a la que se le murió el marido. La mujer se fue a vivir con su hijo, la esposa de este y una hija. Cada día, la anciana iba perdiendo vista y oído. A veces las manos le temblaban tanto que los guisos se le caían al suelo y la sopa se le escurría del plato. A su hijo y su nuera les fastidiaba todo aquel desorden y un día dijeron basta. Dispusieron una mesita en un rincón para que la anciana comiera allí, a solas. Ella los miraba con lágrimas en los ojos desde la otra punta del comedor, pero ellos casi no le hablaban durante las comidas, salvo par regañarla porque se le caía el tenedor o la cuchara.

 

Una tarde, antes de cenar, la niña estaba sentada en el suelo jugando con unos bloques de construcción. ¿Qué estás haciendo? le preguntó su padre. Construyo una mesita para ti y mama, dijo la niña. Así cuando yo sea mayor, podrás comer solos en un rincón. El padre y la madre guardaron silencio durante un rato. Y luego se echaron a llorar. Se habían hecho conscientes de la naturaleza de sus actos y de la pena que habían causado. Aquella noche hicieron que la anciana ocupara de nuevo su sitio en la gran mesa de comedor y a partir de entonces ella siempre comió con el resto de la familia. Y cuando algo de la comida se le caía al suelo o un tenedor resbalaba de la mesa a nadie le molestaba”.

 

La vida es más plena cuando hay actos de compasión y de bondad diarios. Medita cada mañana sobre el bien que vas hacer a los demás durante la jornada. Las palabras sinceras de elogio para quienes menos lo esperan, los gestos de afecto a amigos que lo necesitan, las pequeñas muestras de cariño hacia tu familia, todo eso sumado cambia radicalmente la manera de vivir.

 

“Cada día es un día nuevo para el que vive una vida esclarecida”.

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