Durante generaciones hemos permitido que los números que corresponden a los años que llevamos en el planeta nos digan cómo sentirnos y cómo comportarnos. Como ocurre en cualquier otro aspecto de la vida, lo que aceptamos y creemos mentalmente se convierte en realidad. Pues bien, ya es hora de que cambiemos nuestras creencias sobre el hecho de hacernos mayores. Cuando miro a mi alrededor y veo personas mayores débiles, achacosas y asustadas, pienso: “Esto no tiene por qué ser así”. Muchos hemos aprendido que cambiando nuestros pensamientos podemos cambiar nuestra vida. Por eso sé que podemos hacer que esos años sean una experiencia positiva, vibrante y sana.

 

La sabiduría es saber lo que nos conviene, atenernos a ello y dejar marchar el resto. La sabiduría es aprender a decir que no a personas, lugares, cosas y experiencias que no nos benefician. La sabiduría es la capacidad de examinar nuestras creencias y nuestras relaciones para cerciorarnos de que lo que hacemos o aceptamos es para nuestro mayor bien.

 

Aprende a amar lo que eres y donde estás y avanzarás apreciando y valorando cada uno de los momentos de tu vida. Este es el ejemplo que necesitas dar a tus hijos para que ellos también puedan disfrutar de una vida feliz y maravillosa hasta su ultimo día.

 

Los niños que no se aprenden a gusto consigo mismos, van a buscar motivos para odiar a su cuerpo.

 

Cada cambio que se produce en nuestra cara y nuestro cuerpo lo consideramos algo que hay que despreciar. Esto es una lástima; es una manera terrible de considerarnos. Y sin embargo, solo es un pensamiento, y los pensamientos se pueden cambiar. El modo que elegimos percibir nuestro cuerpo y a nosotros mismos es un concepto aprendido. Lo que creemos sobre el envejecimiento, junto con el odio que sienten por sí mismos muchas personas, es la causa de que nuestra esperanza de vida sea inferior a los 100 años. Estamos en el proceso de descubrir los pensamientos, sentimientos, actitudes, creencias, intenciones, palabras y actos que nos permitirán tener una vida larga y sana.

 

Me gustaría ver a todo el mundo amando, cuidando y mimando a su magnífico yo, por dentro y por fuera. Si no te sientes a gusto con una parte de tu cuerpo, pregúntate por qué. ¿De dónde te vino esa idea? ¿Alguien te dijo alguna vez que no tenías la nariz lo bastante recta? ¿Quién te dijo una vez que tenías los pies demasiado grandes o el pecho demasiado pequeño? ¿De quién son los cánones de belleza que has adoptado? Al aceptar esas ideas inyectas rabia y odio a tu cuerpo. La triste realidad de todo este asunto es que las células de nuestro cuerpo no pueden realizar bien su trabajo si están rodeadas de odio.

 

Durante mucho tiempo no hemos sido conscientes de que nuestros pensamientos y actos tenían alguna relación con nuestra buena o mala salud. Actualmente, incluso los médicos comienzan a reconocer el vínculo entre cuerpo y mente.

 

Envejecer y enfermarnos solía ser la norma para la mayoría de la gente en nuestra sociedad. Pero ya no tiene por qué ser así. Vivimos en un momento en que podemos responsabilizarnos de nuestro cuerpo. Cuando aprendamos más sobre nutrición, comprenderemos que lo que comemos tiene muchísimo que ver con cómo nos sentimos y con nuestra apariencia, y con nuestra buena o mala salud.

 

Ya es hora de volver a poner a las personas mayores arriba de todo. Los mayores nos merecemos estima, respeto y honor. Pero primero hemos de desarrollar autoestima y una sensación de valía personal. Esto no es algo que tengamos que ganarnos. Es algo que desarrollamos en nuestra propia conciencia.

 

Tienes el poder de cambiar tu vida de tal manera que ni siquiera reconozcas a tu antiguo yo. Puedes pasar de la enfermedad a la salud, de la soledad al amor, de la pobreza a la seguridad y la realización. Puedes pasar de la vergüenza y la culpa a la confianza en ti y el amor por ti. Puedes pasar de sentir que no vales a sentirte una persona creativa y poderosa. ¡Puedes hacer que tus últimos años sean un tiempo maravilloso!

 

Podemos cambiar nuestras creencias. Pero para hacerlo, nosotros, las personas mayores eminentes, necesitamos abandonar la mentalidad de víctimas. Mientras nos consideremos seres desamparados e impotentes, mientras esperemos que el gobierno nos “arregle” las cosas, jamás progresaremos como grupo. Pero cuando nos unamos y demos con soluciones creativas para nuestra vejez, entonces tendremos verdadero poder y podremos hacer que nuestro país y nuestro mundo sean mejores.

 

Piensa en estas preguntas: ¿Cómo puedo servir? ¿Qué harás para contribuir a sanar tu país? ¿Qué legado deseas dejar a tus nietos? Es importante que todos nos hagamos estas preguntas a medida que pasamos de los veinte a los treinta y a los cuarenta. Después entraremos en los cincuenta y los sesenta y seguiremos teniendo un mundo de oportunidades ante nosotros. Recuerdo haber oído decir a alguien: “supe que me estaba haciendo mayor cuando la gente dejó de decirme que tenía toda la vida por delante”.

 

Bueno, si tú tienes “toda la vida por delante”, ¿para qué otra cosa te vas a preparar, para “toda la muerte”? ¡Por supuesto que no! Ahora es el momento de vivir, de reconocer tu valía, de enorgullecerte de ser una Persona mayor Eminente.

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