Los niños son los seres más valiosos, y es deplorable la manera como se trata a muchos de ellos.

 

Permitimos a nuestros hijos pasarse cientos de horas viendo violencia y crímenes en la televisión. Y después nos preguntamos por qué hay tanta violencia y tantos delitos en las escuelas y entre los jóvenes. Culpamos a los delincuentes y no nos responsabilizamos de la parte que nos toca, por haber contribuido a provocar esta situación. No es raro que haya armas en las escuelas, todo el tiempo estamos viendo armas en la televisión. Los chicos desean lo que ven. La televisión nos enseña a desear cosas.

 

Hay maneras mediante las cuales podemos contribuir a sanar nuestra sociedad. Yo creo que es esencial que dejemos inmediatamente de maltratar a los niños. Los niños que sufren malos tratos tienen una autoestima tan baja que muchas veces de mayores se convierten en agresores y delincuentes. Nuestras cárceles están llenas de personas que sufrieron malos tratos en la infancia. Y después, con hipocresía continuamos castigándolos de adultos.

 

Ningún niño nace agresor. Ninguna niña nace víctima. Son comportamientos que se aprenden. El peor de los criminales fue una vez un pequeño bebé. Es necesario que eliminemos las pautas de conducta que contribuyen a crear esa negatividad. Si pudiéramos enseñar a todos los niños que son seres humanos valiosos y merecen que se los ame, si alimentáramos sus talentos y capacidades y les enseñáramos a pensar de una manera que les creara experiencias positivas, entonces en una generación podríamos transformar la sociedad. Esos niños serían la siguiente generación de padres y nuestros nuevos dirigentes. En dos generaciones estaríamos viviendo en un mundo en el que habría respeto, cuidado y cariño entre todas las personas.

 

El niño sufre cuando está en un ambiente donde no se le permite jugar. Muchos niños se criaron teniendo que pedírselo todo a sus padres: no podían tomar ninguna decisión por su cuenta. Otros fueron educados bajo el peso de la perfección: no se les permitía cometer errores. En otras palabras, no se les dejó aprender, de modo que ahora tienen miedo de tomar decisiones. Todas esas experiencias contribuyen a transformar al niño en un adulto perturbado.

 

Quizá nuestro actual sistema escolar no ayuda a los niños a ser individuos magníficos. Es demasiado competitivo y sin embargo también espera una actitud conformista en los niños. Además, el sistema de exámenes contribuye a que los niños crezcan con la sensación de no valer lo suficiente. La infancia no es fácil. Hay demasiadas cosas que sofocan el espíritu creativo y aumentan la sensación de falta de valía personal.

 

Si tuviste una infancia difícil, entonces es posible que ahora todavía rechaces a tu niño a niña interior. Es posible que ni siquiera sepas que dentro de ti habita ese niño desgraciado que fuiste una vez, y al que todavía castigas. Ese niño necesita sanar, necesita el amor que le negaron, y tú eres la única persona que puede dárselo.

 

Un buen ejercicio para todos nosotros es hablar con nuestro niño interior con regularidad. Llevarlo con nosotros una vez por semana a todas las partes que vallamos. Hablarle en voz baja o en silencio y explicarle todo lo que estamos haciendo. Decirle lo hermoso e inteligente que es, y cuanto le amamos. Decirle todo lo que deseaste que te dijeran cuando eras pequeño.

 

Otro ejercicio consiste en buscar una foto tuya cuando eras pequeño/a, ponerla en un lugar destacado, y tal vez deseas colocar flores cerca de ella. Siempre que pases por delante por delante de la foto dile: “te quiero; estoy aquí para cuidar de ti”. Tú puedes sanar a tu niño interior. Cuando ese niño es feliz, también lo eres tú.

 

También puedes escribir con tu niño a niña interior. Toma una hoja de papel y dos bolígrafos de diferente color. Con la mano dominante, la que usas siempre, escribe una pregunta. Entonces, con el otro bolígrafo y la mano no dominante, que tu niña o niño interior escriba la respuesta. Esta es una extraordinaria manera de conectar con nuestro niño interior. Vas a obtener respuestas que te sorprenderán.

 

Cada mensaje negativo que recibiste en tu niñez puede convertirse en una afirmacion positiva. Que tú dialogo interno sea una corriente continua de afirmaciones positivas para desarrollar tu autoestima. Así plantarás las nuevas semillas que, si las riegas bien, brotaran y crecerán.

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