“El escorpión se acercó al sapo que estaba a la orilla del río. Como no sabía nadar, le pidió que lo llevara al otro lado. Desconfiado, el sapo respondió: ¿pero crees que soy tonto? Eres traicionero, si te subo me vas a picar y yo moriré.

 

Aun así, el escorpión insistió, con el argumento lógico de que si lo picase ambos morirían. Ante las promesas de que podía quedarse tranquilo, el sapo cedió, acomodó al escorpión sobre su lomo y comenzó a nadar.

 

Al fin de la travesía, el escorpión clavó su aguijón mortal en el sapo y saltó ileso a tierra firme.

 

Ya paralizado por el veneno y mientras comenzaba a hundirse, el sapo, desesperado, quiso saber el motivo de tamaña crueldad. Y el escorpión respondió con frialdad: ¡porque esa es mi naturaleza!”.

 

Para las personas desprevenidas, reconocer a los psicópatas no es una tarea tan fácil como se imagina. Los psicópatas engañan y saben actuar muy bien. Sus talentos teatrales y su poder de convicción son tan impresionantes que llegan a usar a las personas con la única intención de alcanzar sus sórdidos objetivos. Y todo eso sin aviso previo alguno, con gran estilo, sin importar a quién lastimen.

 

En casos extremos, los psicópatas matan a sangre fría, con una crueldad refinada, sin miedo y sin arrepentimiento. Sin embargo, lo que la sociedad desconoce es que los psicópatas, en su gran mayoría, no son asesinos y viven como si fuesen personas comunes.

 

Ellos pueden arruinar empresas y familias, provocar intrigas, destruir sueños, pero no matan. Y exactamente por ello permanecen durante mucho tiempo, o incluso toda una vida, sin ser descubiertos o diagnosticados. Al ser encantadores, elocuentes, “inteligentes”, persuasivos y seductores no suelen levantar la mínima sospecha de lo que en realidad son. Podemos encontrarlos disfrazados de religiosos, buenos políticos, buenos amantes, buenos amigos. Solo buscan su propio beneficio, desean tener poder y status, engordan de manera ilícita sus cuentas bancarias, son mentirosos, empedernidos, parásitos, jefes tiránicos, pedófilos, lideres natos de la maldad.

 

Es importante destacar que hay distintos niveles de gravedad entre los psicópatas: leve, moderado y grave.

 

La parte racional o cognitiva de los psicópatas es perfecta e integra, y por ello saben perfectamente qué es lo que están haciendo. No obstante, en cuanto a los sentimientos, son absolutamente deficitarios, pobres, carentes de afecto y de profundidad emocional. Los psicópatas entienden la letra de una canción, pero son incapaces de comprender la melodía. Sus víctimas predilectas son las personas más sensibles, más puras de alma y corazón.

 

Una breve exploración en la historia de la humanidad nos permite revelar dos cuestiones importantes en lo que atañe al origen de la psicopatía. La primera de ellas se refiere al hecho de que la psicopatía siempre ha existido entre nosotros. La segunda cuestión señala la presencia de la psicopatía en todos los tipos de sociedad, desde las más primitivas hasta las más modernas.

 

Y algo, poco o mucho tiene que ver la cuestión de la ideología sobre la cual se asienta la cultura de nuestros días, la cual está basada en tres principios fundamentales: el individualismo, el relativismo y el instrumentalismo.

 

El individualismo preconiza la búsqueda del mejor tipo de vida que se pueda usufructuar. Se entiende como el mejor tipo de vida aquel que comprende el autodesarrollo, la autorrealización y la autosatisfacción. De acuerdo con esta concepción, el individuo tiene la “obligación moral” de buscar su felicidad en detrimento de cualquier otro tipo de obligación respecto a los otros.

 

El relativismo postula que todas las elecciones son igualmente significativas, pues no hay un patrón de valor objetivo que nos permita establecer una jerarquía de conductas. Por consiguiente, toda acción que lleve al individuo a alcanzar la autosatisfacción es válida y no puede ser cuestionada.

 

El instrumentalismo afirma que las cosas exteriores a nosotros solo tienen un valor instrumental, es decir, el valor de las personas y de las cosas se resume a lo que ellas pueden hacer por nosotros.

 

La construcción de una sociedad más solidaria es el gran desafío de nuestros tiempos. Y para tal empresa tenemos que armonizar el desarrollo tecnológico con una conciencia que no haga concesión alguna al estilo psicopático de ser o de vivir. La lucha contra la psicopatía es la lucha por lo que hay de más humano en cada uno de nosotros. Es la lucha por un mundo más ético y menos violento, poblado de “gente educada, correcta y sincera”.

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