¿Se ha preguntado usted querido lector, qué sentido tiene su vida? ¿Por qué está aquí? ¿Para qué? ¿Con qué objetivo? ¿Qué significa para usted estar diariamente comiendo, respirando, durmiendo, trabajando, etc.?

 

Le voy a relatar un poco sobre la historia de Víctor Frankl, cuando estuvo recluido en un campo de concentración.

 

Prisionero durante mucho tiempo en los deslamados campos de concentración, él mismo sintió en su propio ser lo que significaba una existencia desnuda. Como pudo él -que todo lo había perdido, que había visto destruir todo lo que valía la pena, que padeció hambre, frío, brutalidades sin fin, que tantas veces estuvo a punto del exterminio-, como pudo aceptó que la vida era digna de vivirla.

 

En el campo de concentración todas las circunstancias conspiran para conseguir que el prisionero pierda sus asideros. Todas las metas de la vida familiar han sido arrancadas de cuajo, lo único que reta es la última de las libertades humanas, la capacidad de elegir la actitud personal ante un conjunto de circunstancias.

 

El hombre puede conservar un vestigio de la libertad espiritual, de independencia mental, incluso en las terribles circunstancias de tensión psíquica y física.

 

Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la capacidad de elegir para decidir su propio destino.

 

Es esa libertad espiritual que no se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito.

 

El modo en que un hombre acepta su destino y todo el sufrimiento que este conlleva, la forma en que carga con su cruz, le da muchas oportunidades—incluso bajo las circunstancias más difíciles—para añadir a su vida un sentido más profundo.

 

Puede conservar su valor, su dignidad, su generosidad. O bien en la dura lucha por la supervivencia puede olvidar su dignidad humana y ser poco más que un animal, tal como lo vivido por este personaje en el campo de concentración. Aquí reside la oportunidad que el hombre tiene de aprovechar o de dejar pasar las ocasiones de alcanzar los méritos que una situación difícil puede proporcionarle. Y lo que decide si es merecedor de sus sentimientos o no lo es.

 

Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos y, después, enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros.

 

Las palabras del doctor Frankl alcanzan un temple sorprendentemente esperanzador sobre la capacidad humana de ascender sus dificultades y descubrir la verdad conveniente y orientadora.

 

El doctor Víctor Frankl creador de la logoterapia (terapia en busca del sentido de vida) nos hace hincapié en la importancia de varios aspectos que nos ayudan precisamente a rescatar nuestro sentido de vida, estos son los siguientes:

 

Tener imágenes entrañables de las personas amadas

 

Un recuerdo tenaz de alguien con sentido del humor

 

Observar o vislumbrar la belleza de la naturaleza: un árbol, una puesta de sol, etc.

 

Tener un monólogo, es decir, platicar conmigo mismo de cosas hermosas; platicar con el recuerdo de una persona amada que quizá ya no está.

 

En la vida se pueden pasar momentos muy duros, pero aun ahí tengo la decisión de elegir una actitud positiva que mejore mi entorno.

 

Dicen que el destino es un regalo., ya que el modo en que se acepte su destino con todo el sufrimiento que este puede llevar le da oportunidades para añadir a su vida un sentido más profundo.

 

Lo que en realidad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida.

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