La autoestima generalmente se define como la evaluación global del valor que cada individuo tiene de sí mismo, es decir, el grado de satisfacción personal.

 

Es el sentimiento valorativo de nuestro ser, de la manera de ser, el conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que configuran nuestra personalidad.

 

Esta se aprende, cambia, y se puede mejorar; a partir de los 5 o 6 años iniciamos a formarnos un concepto de cómo me ven y me tratan los demás.

 

Características de una buena autoestima:

 

* Conoce sus cualidades y trata de sobreponerse a sus defectos

* Es capaz de escuchar las críticas sin tomarlas personalmente

* Sabe qué cosas puede hacer bien y qué puede mejorar

* Se siente bien consigo mismo y lucha por alcanzar lo que quiere

* Saber identificar y expresar sus emociones a otras personas

* Tener buena opinión de uno mismo

* Tener confianza en nuestro valor como personas

* Tener una actitud positiva

* Estar satisfecho de uno mismo la mayor parte del tiempo

* Plantearse objetivos realistas

* Tiene confianza en resolver sus problemas

* No se acobarda por los fracasos y dificultades que experimenta

* No se deja manipular por los demás, aunque está dispuesta a colaborar si le parece conveniente

* Es capaz de disfrutar diversas actividades como trabajar, jugar, descansar, caminar, estar con amigos en cualquier situación.

 

Ingredientes que influyen en la formación de la autoestima:

 

Las relaciones que establecemos con otras personas, como los integrantes de la familia, los vecinos, los profesores, los amigos y los conocidos con quienes interactuamos frecuentemente.

 

Significa que la autoestima se construye de manera progresiva desde el vientre materno y que su desarrollo es el resultado de un proceso dinámico y continuo.

 

También es cierto que la autoestima se construye en un ambiente familiar y social y se ve influida por nuestras experiencias y forma de pensar, así como por la manera en que la incorporamos a nuestro modo de ser, y a la idea que tenemos del mundo que nos rodea.

 

Los antecedentes de la propia estima se remontan a un tiempo previo al nacimiento; antes de la llegada del niño al mundo, los padres y los familiares están llenos de fantasías, ideas y anhelos sobre lo que debe ser su futuro. Así se le empieza a dar un cierto número de atributos y cualidades, otorgándole por anticipado un lugar en el mundo de acuerdo con los planes familiares.

 

Herramientas cotidianas como un factor de protección en pro de la autoestima:

 

* Confianza

* Autonomía

* Intimidad

* Respeto

 

¿Por qué es tan importante la autoestima?

 

Imagina que no te gusta la banca de tu escritorio, el color de tu pantalón, tu teléfono celular, etc. Bueno, diríamos que en estos casos la cosa no es tan grave, tiene solución: la cambias y listo.

 

Pero… ¿qué pasa cuando no te gustas a ti mismo, te repruebas, no te aceptas, eres tu enemigo, te caes mal, no piensas de ti en forma agradable?

 

Si esto te sucede, no puedes escapar del malestar que permanece contigo y te acompaña restándote ganas de hacer cosas positivas, haciendo que sientas miedo, que prefieras huir… evitar todo, correr y no solucionar una dificultad que vale la pena superar.

 

Por todo ello, es importante la autoestima.

 

Es mejor ser nuestros mejores amigos, así la pasamos mucho más a gusto. Y rendimos más como personas si la seguridad y la confianza nos acompañan a dondequiera que vayamos.

 

Los campeones no huyen, prefieren aprender a resolver los problemas, aunque en ocasiones esto resulte difícil.

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