Tu vida tiene una misión y un significado. Encuentra cuál es y tenlo muy en claro. Piensa que no estás aquí sólo para llenar un espacio o ser la escenografía de una obra de teatro. De hecho, nada sería igual si tú no existieras. Tú eres el actor principal de tu vida. Al encontrarle un sentido a tu vida, simplemente te levantas con más gusto por las mañanas y encuentras la fuerza para superar cualquier obstáculo que se te presente.

 

Con frecuencia pensamos que las personas que son felices y las que no lo son, son así porque nacieron de esa forma, tienen ciertos privilegios o mala suerte y eso las hace distintas de nosotros.

 

La diferencia radica en que la persona descontenta pasa el doble de tiempo pensando en lo que le causa infelicidad y sigue haciendo lo que le molesta. En cambio, quienes se sienten felices, se permiten serlo, valoran las pequeñas cosas y buscan apoyo en la información que las lleve a llenar su vida de colores.

 

Acepta que no siempre tienes que ganar. Quienes son altamente competitivos y siempre necesitan ganar, terminan por disfrutar menos las cosas. Ahí dejan toda su energía. Si acaso pierden, se desesperan, se auto recriminan y se frustran. Y si ganan, no lo aprecian porque finalmente era lo que esperaban que sucediera; además se enfocan inmediatamente en la siguiente meta.

 

Recuerda que el ego es una cubeta sin fondo: verá la forma de hacer un agujero y, jamás, jamás, jamás, podrás llenar la cubeta.

 

Busca la congruencia en tus metas. ¿Te imaginas que las dos llantas delanteras de un coche estén direccionadas a la derecha y las dos traseras lo estén a la izquierda? Así son las metas, si entran en conflicto no funcionan.

 

Revisa tu vida. Procura que tu hacer sea congruente con tu ser, o la incongruencia saboteará hasta el más brillante de tus planes.

 

Compárate con inteligencia. Cuando te comparas con personas que consideras tienen “algo más”—no importa qué--, te sientes mal. Cuando lo haces con las que “tienen menos”, surgen dos opciones: sentirte agradecido con la vida o caer en la trampa de cegarte por la soberbia. Así que si tu ego insiste en compararte, hazlo con quien te inspire, de tal manera que te sientas cómodo contigo mismo, con lo que eres y con lo que tienes, y que al mismo tiempo, te motive a crecer.

 

Cultiva a los amigos. Tu familia y tus amigos, más que la satisfacción personal o la visión que tengas del mundo, son el factor más importante para tu felicidad. Date el tiempo para estar con ellos, busca su compañía. La gente necesita sentir que es parte de algo más grande, que alguien se preocupa, y ve por ella, tanto como ella lo hace por los demás.

 

Ve menos televisión. Este punto quizá pueda parecerte irrelevante, sin embargo, ver demasiada televisión embota el cerebro, lo pone en pausa, lo pone en el afuera y te desconecta de tu sentir interior.

 

Atajos para ser feliz

 

Ser autentico, ser agradecido y amar. El primero de ellas se basa en que entre más congruente eres con lo que crees, con tus valores, con tu verdadero ser, más cómodo te sientes dentro de ti mismo. El segundo se basa en darnos cuenta de la cantidad de bendiciones que la vida nos ha dado, pues lamentablemente y, por lo general, sólo enfocamos nuestra atención en aquello que te falta. Y el tercero, que es amar; amar es cuestión de decidir.

 

Sentirte más pleno es asunto de transformar el corazón, te das la oportunidad de abrirte a la autenticidad, a la fe, al perdón, a la vulnerabilidad, a la sencillez, a no juzgar, a la integridad y a otros valores que tenemos que reaprender continuamente. Tu capacidad de disfrutar la vida está dentro de ti, no en el exterior. Lo feliz que puedes ser no depende de nada ajeno a ti, sino de la forma en que escojas vivir.

 

Reflexiona: ¿Qué es la felicidad para mí? ¿Por qué creo que merezco ser feliz? ¿A mí qué me hace sentir bien? ¿Cuándo fue la última vez que fui inmensamente feliz? ¿Del uno al diez qué tan feliz soy?

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