A principios de este año, como uno de los múltiples propósitos auto impuestos y luego olvidados, tomé la determinación de publicar una columna en cualquiera de los medios de comunicación con presencia en el estado. Mi experiencia previa consistía en un blog de opinión en el lejano año del 2007, en otras palabras… ninguna. Hice un rápido recuento mental de las opciones que tenía a la mano para encontrar un lugar dónde plasmar mis opiniones. Debido a mi falta de experiencia previa o por ser un personaje desconocido descarté los diarios impresos, seguramente las puertas de la oportunidad estarían cerradas con triple llave. Luego entonces vi una ventana que podía abrir en los portales digitales -para esas fechas yo era un asiduo lector a la columna de Luis Enrique Ramírez-. Tras coincidir en un par de tuits con Luis Enrique nos pusimos de acuerdo, y muy amablemente aceptó mi invitación a un café.

 

El hincapié que hizo Luis Enrique acerca de la puntualidad de la reunión me pareció un buen síntoma. Llegó a la hora pactada; sin conocernos previamente entablamos una buena charla. Le platiqué de mis intenciones, conté mi historia y antecedentes, coincidimos en algunas amistades en común, me pidió que le mostrara uno de mis escritos y listo… el trato estaba sellado. Ahí mismo bautizamos la columna con el nombre “Ideas en Extinción”. Asumí el compromiso de enviar una columna los días lunes, miércoles y viernes -cosa que puntualmente ha sido así, salvo un par de descuidos técnicos- . Desde ese día he transitado en las páginas digitales de Fuentes Fidedignas con muchos temas: políticos, tecnológicos, empresariales, historia, relatos (mis favoritos), analogías y algo de humor. Considero a Fuentes Fidedignas una rutina que enriquece mi personalidad, complementa mi actividad mental y me permite conocer personajes variopintos que ayudan a construir en mí un criterio más profundo acerca de los temas donde emito una opinión.

 

A seis meses de esa charla de café no me queda más que agradecer a Luis Enrique por su generosidad en brindarme este espacio. Todo tiene un ciclo, y este, aunque muy corto, se ha completado. Sin duda para mí es un periodo de tiempo que va marcar un parteaguas en mi vida formativa. Luis Enrique es un buen maestro, pero una mejor persona. Su talento sigue sorprendiendo y disfruto enormemente de las buenas columnas que periódicamente nos entrega. Igualmente el mayor de mis reconocimientos para la editora del portal, Paola Palos, una profesional en toda la extensión de la palabra; su dedicación al portal mantiene funcionando como reloj suizo los contenidos publicados.

 

A los personajes que dedicamos alguna columna les agradezco sus comentarios algunos fueron positivos, otros medio violentos, pero todos ellos son buenas personas que les importa su comunidad o conglomerado que representa. Es importante saber reírse de uno mismo y aceptar las críticas, después de todo nadie se hace fuerte si solo recibe porras y alabanzas. Quien entiende a sus opositores y puede ver en las opiniones contrarias algo de razón, es aquel que trasciende las barreras de los colores políticos para emerger como Estadista.

 

Nuevos proyectos van a aparecer en mi carrera, pero siempre voy a recordar entrañablemente este portal y a su director, Luis Enrique, quien sin conocerme me dio la oportunidad de cumplir un propósito personal. Este tipo de acciones son impagables. Deseo a Fuentes Fidedignas el mayor de los éxitos en todas las ideas que puedan emprender en el futuro. Sinaloa necesita más medios libres y profesionales, enhorabuena por la labor que ustedes realizan aquí. El mayor de mis reconocimientos va para usted, amable lector, por tomarse el tiempo de leerme y dejar compartir con usted la opinión -a veces absurda- de los temas que me apasionan, un abrazo para todos ustedes, y espero verlos muy pronto en otro ciclo de opinador u opinólogo.

 

EL MEMENTO DE HOY

 

Twitter: @juanordorica

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