Lleno de hoyos, apestoso, duro, grasiento, descolorido y escondido por largos periodos de tiempo son las características que debe tener un buen queso Gruyere. Nuestro gobierno tiene todas las características de un queso delicatesen. No es sencillo vivir en una sociedad corrompida hasta la médula, los hoyos del queso son el producto de años de añejamiento en la bodega de la indiferencia y la impunidad.

 

Ratas y ratones son felices con el queso, disfrutan mucho de la producción nacional: entre más fuerte el olor a leche podrida más seductor es el encantamiento para los roedores; el queso mexicano es irresistible para las autoridades de alcantarilla. Nos convertimos en especialistas en la elaboración de quesos con hoyos, respiramos felices los vapores de la impunidad. Por unos cuantos pesos se puede comprar el mejor producto que el Estado mexicano puede producir… una vida de crimen y corrupción sin consecuencias para la salud para del cliente de paladares más exquisitos.

 

Las oquedades revientan donde uno pose la mirada. Nos encanta construir hoyos. Es como si debajo del suelo quisiéramos esconder la miseria ancestral de la corrupción, ahí nos sentimos cómodos. Entre la oscuridad y el silencio nuestro gobierno construye sus entresijos, sus complicidades, sus desgracias. La sociedad complaciente se encoge de hombros y tolera los túneles que existen bajo sus pies. Ocasionalmente el lodo de las excavaciones salpica sus traspatios, pero no hay nada que una buena manguera -de dinero preferentemente-, no pueda limpiar; algunas veces los zapadores de la corrupción hacen mal sus cálculos y dos o tres casas se derrumban por el vacío de los porosos cimientos, pero esto tampoco es problema. Se consigue un camión de volteo y trabajadores; al final del día todo queda enterrado bajo muchas capas y paladas de dinero.

 

Construimos nuestro futuro encima de los pasadizos de impunidad. Nuestro suelo es endeble. Las execrables termitas de la corrupción no cejan de cavar. Kilómetros y kilómetros de lastimeras cavernas se extienden en el subsuelo de nuestra sociedad. El país no puede seguir construyendo por encima de cuevas vacías y hoyancos tembeleques, de otra manera, muy pronoto, no estaremos hablando de derrumbes, sino de un colapso masivo de la República y sus instituciones, quedaremos de pie, contemplando lastimeramente las ruinas de lo que pudo ser civilización.

 

Los quesos son apreciados por los roedores; los hoyos, por los políticos rastreros. Mientras los criminales construyen túneles para salir a la luz, los políticos se esconden en la luminosidad del día, pero no ven la hora de regresar a la oscuridad de sus terregosas criptas. El lodo y la leche podrida son el mejor alimento para una plaga maldita que no quiere erradicarse. Cuestión cultural eso de la corrupción le llaman algunos insensibles; sinvergüenzas sin madre le llaman los ciudadanos de bien. La disyuntiva queda en el aire: seguir triturando la tierra donde estamos parados, fermentando leche llena de hoyos, o simplemente decir ya basta y fumigar con el veneno de la justicia a las plagas y bichos gordos de corrupción.

 

EL MEMENTO DE HOY

 

 

Twitter: @juanordorica

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