El tiempo no pasa, se detiene. Corren los días, los sucesos se repiten. La maldición del circuito eterno parece haber golpeado a Sinaloa. El año 1998 parece difuminarse con 2010. El pueblo va a dormir en 2004 y despierta en 2015. Nada nuevo en el horizonte, nada es antiguo, en el estado todo parece igual, la vida transcurre, las personas se hacen viejas y los problemas se mantienen jóvenes. 17 años de hechizo en el tiempo, 17 años de inercia y 17 años de vivir en lo mismo de lo mismo.

 

El día de la Marmota es una gran película protagonizada por el genio de la comedia, Bill Murray: un presentador de noticias del clima es obligado a hacer un reportaje, año tras año, acerca de la Marmota Phil -un roedor que al ver su sombra predice si el invierno se extenderá por algunas semanas extra-. Bill Murray queda atrapado en el día de la marmota por la eternidad, todos los días al despertarse lo hace en el mismo lugar, a la misma hora y en el mismo día.

 

Sinaloa vive su propia versión del día de la marmota. Al iniciar el día, el hechizo del tiempo parece golpear nuestras frentes con un tortazo de realidad; por unos momentos tenemos la pequeña ilusión que podemos avanzar y dejar atrás las maldiciones recurrentes de nuestra vida pública. La Universidad Autónoma de Sinaloa con su eterna búsqueda por recursos económicos para saciar su insaciable nómina, los productores de maíz luchando por precios justos para sus cosechas y el pago oportuno que parece no llegar nunca, amenazas de tomas de vías públicas por parte de pescadores, violencia maldita que se niega a desaparecer, ingenios azucareros derritiéndose en su melaza de fracasos y hoteleros luchando por conectividad son ejemplos que el tiempo se encuentra detenido ante nuestros intentos por revivir el reloj de la modernidad.

 

Bill Murray repite su vida en el mismo pueblo una y otra vez. Aprende a disfrutar de la monotonía de la comunidad más aburrida del mundo y a sacar provecho de cualquier problema insignificante. Personajes pintorescos acompañan al atribulado protagonista. El meteorólogo atribulado por la depresión de la prisión de cronos busca escapar de la maldición vía el suicidio, pero el encantamiento es absoluto, y el despertador, inalterablemente puntual, a las 6:00 hrs lo saca del dulce sueño de la muerte para regresarlo a deambular por el día eterno.

 

Nuestra vida política permanece inalterable. El congreso debatiendo en un deja vú infinito acerca de pensiones, redistritación, transporte público y auditorías fallidas. El sector salud ahogado en los mares de usuarios, hospitales carcomidos por la sobreexplotación y enfermedades que se niegan a desaparecer -al dengue ya se le pegó el chikungunya-. El reloj de Sinaloa se reinicia puntual a los 6 años, cuando parece que las cosas despuntan en nuevos amaneceres el cronómetro retorna a su origen y regresamos al inicio de la jornada.

 

El día de la marmota termina cuando Bill decide dejar atrás sus inercias y construir una nueva personalidad, se convierte en un hombre más educado, divertido y preocupado por sus semejantes. Llega, incluso, a sentir empatía por los habitantes del pueblo para sentirse en parte importante de la comunidad. El hechizo desaparece y el mundo arranca para Bill de nuevo, ya como un nuevo hombre con sus complejos en el pasado y un futuro menos sombrío por construir.

 

Sinaloa debe romper su hechizo. El futuro recurrente debe desaparecer. Cuando nuestra sociedad decida a dejar atrás sus maldiciones, olvidar sus lastres y desatornillarse de sus infamias eternas, entonces, el tiempo recordará lo que es avanzar. Nuestros políticos tienen la misión de ser los relojeros de nuevas eras; aquel que se anime a traer nuevos retos a nuestras vidas será el que nos muestre el final de un día infinito y el amanecer de un destino menos…. igual.

 

EL MEMENTO DE HOY

 

Twitter: @juanordorica

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