Han sido necesarias más de dos décadas y toda una generación para que la sociedad mazatleca entienda su nueva identidad. Mazatlán tiene hoy una vocación predominante que definirá su rumbo en los próximos 50 años; los empresarios, las universidades y el gobierno enfocan sus esfuerzos en desarrollar el turismo como principal motor de la economía del puerto, pero esto no siempre fue así.

 

Durante la segunda mitad del siglo XIX, Mazatlán se consolidó en el pacífico como un puerto de intercambio comercial entre México y oriente; el comercio era el motor exclusivo de la naciente ciudad; el ir y venir de mercancías y personas del extranjero la convertirían en el centro neurálgico del estado, incluso llego a ser considerada como capital. Ya entrado el siglo XX, después de la revolución, con la ayuda de extranjeros radicados en Mazatlán principalmente alemanes, nacen las primeras factorías de cerveza, estas desplazan al comercio como sector preponderante en la económica regional y la vocación industrial se arraiga en el colectivo. Es en estas fechas donde el Carnaval comienza a ser visto como una fiesta propia del pueblo.

 

Alrededor de 1940 Mazatlán tiene sus primeros escarceos con el turismo, se construyen los hoteles Freeman y Belmar por los rumbos de Olas Altas; personalidades de la época como John Wayne, Rock Hudson, Robert Mitchum y Walt Disney –este último obligado por un huracán- visitaban Mazatlán y sus playas, aún así el turismo era considerada una actividad marginal y una curiosidad entre los habitantes del puerto. La industria pesquera se desarrollaba rápidamente después de los años 50´s, sumado a la ya arraigada vocación Industrial, la mayoría de los trabajos eran generados por actividades muy distintas al turismo, entre pescadores y obreros, la sociedad mazatleca construía una personalidad independiente. Fue hasta principios de los años 80´s donde las grandes inversiones hoteleras se materializaron, la zona dorada adquirió su forma actual y por primera vez el turismo fue visto como alternativa real para el desarrollo económico de toda la región sur del estado, la industria pesquera inició su declive y nunca más volvió a retomar el liderazgo.

 

Mazatlán, a diferencia de otros destinos de playa (Los cabos, Cancún, Huatulco, entre otros), no nació para el turismo, su población tuvo que sufrir el cambio entre una vocación productiva que le permitía trabajar algunos meses y descansar otros tantos, como la pesca; pasar de jornadas y horarios accesibles en las factorías, a tener trabajar de noche y los fines de semana tal cual las rutinas laborales del turismo lo demandan. Los pescadores se convirtieron en meseros y botones, los capitanes de barcos en gerentes de hotel y restaurantes. El sentido de libertad se había perdido, una generación completa hoy entiende que es necesario servir a otros para tener éxito como sociedad. Mazatlán tardó un poco, pero finalmente dejó de lado la esquizofrenia, la suma de voluntades lleva a una sola meta: ser los mejores anfitriones que este país puede ofrecer a sus visitantes. La identidad ya fue encontrada, el cielo es el límite para una ciudad, que atendiendo su realidad histórica, siempre estará a la altura de los retos que le toca enfrentar. Hoy como ayer, Mazatlán demostrará al mundo que sin importar el rol que le toque desempeñar, sus habitantes saben hacer mejor que nadie la tarea que se les ha encomendado.

 

EL MEMENTO DE HOY

 

Twitter: @juanordorica

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