Sergio Torres -el alcalde de Culiacán, no el locutor de radio- es el cliché de cualquier plática motivacional. Producto del esfuerzo personal y de la dedicación constante, el alcalde Sergio Torres bien pudiera ser protagonista de cualquier novela, película o narración del género de las adversidades; de ser un humilde trabajador de aseo y limpia del ayuntamiento pasó a ser el alcalde de la ciudad. No hay nada mejor para contar a los niños, votantes y ciudadanos que una buena historia con deseos aspiracionales. Final feliz: ser trabajador te puede llevar a grandes alturas.

 

Por desgracia, no todos los cuentos terminan una vez que aparece el título en la pantalla: “vivieron felices por siempre”. En nuestra realidad las cosas son muy diferentes, ser buen trabajador no necesariamente es sinónimo de capacidad; y el alcalde Sergio Torres, en año y medio que tiene al mando del ayuntamiento de Culiacán, se ha visto rebasado por las adversidades. En esta ocasión combatir las adversidades con trabajo no es suficiente. Llega un momento donde es necesario la capacidad y el talento para resolver los problemas; la actual administración municipal no ha podido mostrar ninguna de las dos virtudes a la hora de responder a los ciudadanos. Culiacán no es una ciudad más limpia, más ordenada o mejor planeada; desde la que llegó la actual administración se le reconoce su trabajo constante, pero trabajar mucho no es trabajar bien.

 

En la búsqueda de seguir construyendo la leyenda del trabajador salido de la nada hasta llegar a las máximas alturas políticas, Sergio apunta a horizontes más elevados, se anota como aspirante a la gubernatura y anuncia sus intenciones por contender por esta posición. Es importante mencionar que Torres dejaría por segunda ocasión consecutiva trunca los puestos por los cuales ha sido electo -renunció a la diputación federal para convertirse en candidato a alcalde y renunciaría al ayuntamiento para buscar la gubernatura- y participaría en el bonito deporte del chapulineo extremo. La desgracia de la ciudadanía radica en que su alcalde ya no quiere ser alcalde: andar pavimentando calles y sacando basura no es suficiente para él; necesita cosas de mayor relevancia para forjar en hierro su legado. El ayuntamiento se preocupa por instalar árboles iluminados y morrines por toda la ciudad, pero a la primera lluvia de 5 minutos los semáforos se apagan y los tránsitos se esconden.

 

Los morrines entran a escena cuando Sergio necesita reflectores -obras viales y conflictivas a medio terminar no es una buena plataforma de lanzamiento para ningún aspirante- . Los monigotes descoloridos son la fiel imagen de una administración con las mismas formas- Vacíos y sin color-.La campaña #al100xculiacan es un intento desde el ayuntamiento por posicionar una imagen política, de igual forma perpetua el estereotipo regionalista que tanto daño nos hace; la oposición hace su trabajo cuando señala esta obviedad, sin embargo, Sergio se molesta, y argumenta que su campaña tiene que ver con el orgullo de ser de Culiacán. El orgullo de una ciudad va más allá de monos sin identidad. Los morrines es un intento por causar polémica, tener presencia en medios y mostrar a un Sergio Torres comprometido con la ciudad, nada más vacuo para un político que vivir de la polémica y no de sus resultados.

 

El alcalde es un tipo bien intencionado; se le reconoce iniciativas interesantes cómo el cabildo abierto, sus esfuerzos por atender directamente al ciudadano y enfrentar sin tapujos a sus adversarios, sin embargo, debe de existir un momento que entendamos nuestras limitaciones, Sergio Torres por respeto a sus gobernados debe de enfocarse en ellos, guardar los morrines y pensar que Culiacán necesita alcaldes de tiempo completo, ya es justo que alguno de ellos dure los tres años.

 

EL MEMENTO DE HOY

Twitter: @juanordorica

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